viernes, 22 de enero de 2010

capitulo 29 "juicio final"

**Los personajes e historia son obra y creación única de Stephenie Meyer -ya lo sabemos, gracias, continuen leyendo- la fuente mágica de los deseos es la única culpable de que yo reconstruya una historia alterna. FIN**

Nota 29: La musa rockera recomienda Lacrymosa de Evanescense pero con String Quartet, para la primera parte. Y para el Bella’s POV, Dreamcatcher del Score de New Moon.

¡Qué comience la magia!


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EDWARD Pictures, Images and Photos

29. Juicio Final.

“A veces toda tu vida se reduce a un acto de locura”

James Cameron.

Edward’s POV

Hay que deshacernos de la evidencia. ¡Este lugar apesta!

Y por supuesto que apestaba. Todo el lugar se convirtió, en un santiamén, en un río de sangre, de putrefacta y asquerosa sangre de perro. El aroma era peor de lo que la simple palabra “insoportable” podía referir, mucho peor. Sin embargo, durante el encanto cegador de la venganza esas pequeñeces… realmente no importaron.

Pero, Demetri tuvo razón, era necesario acabar con el desorden antes de abandonar este infierno.

--Prendamos la chimenea y dejemos que arda el resto de… —miré despectivamente al inerte Jacob— esto.

--Pues hagámoslo ¡ya! ¡Huele horrendo!, parece como si hubieras matado a toda la jauría… en vez de uno.

¿Sería cierta su afirmación?

A simple lógica me parecía bastante exagerado. Aún no había tenido la necesidad de respirar, mis pulmones resguardaban un poco del elemento para poder hablar otro tanto, pero mi curiosidad fue más e inhalé.

Pésima elección.

--¡Demonios! –vociferé y comprimí con mis dedos la nariz mientras hacia un sinfín de gestos.

Demetri se carcajeó.

--¡Maldito! ¡No estabas respirando!

Tuve que hacerme de mucho temple para no retorcerme por las nauseas inmensas que ese hediondo olor ocasionó.

--¿¡¡Qué estás esperando!!? –Grité embravecido por la incomodidad del aroma— ¡¡Quemémoslo!!

Me agaché al piso para levantar el cuerpo y desmembrarlo cuando un grito interrumpió el regocijo de Demetri.

--¡¡¡Edward!!!

Era Carlisle… ¡Carlisle!

Mis ojos se abrieron como si mirase una explosión y mi anatomía se colapsó con el estallido de la voz y es que no había otra razón para que regresara más que… Bella.

Edward es urgente –pensó con el mismo tono en que me había hablado.

Y no necesité más para salir disparado.

A unos metros de la puerta de la cabaña se hallaba Carlisle con Bella en brazos.

--¡DETENTE! –Exclamó ipso facto al verme y después se retiró unos metros atrás.

Evidentemente mi aspecto lo espantó; no esperaba menos, ahora seguro que sí era un monstruo. Las manos y la ropa se cubrían de manchas y los ojos… no podían estar peor.

--¡¿Qué pasa Carlisle?! –reclamé un tanto grosero.

El que no estuviera respirando me ayudaba a controlarme, no del todo, pero podía estar a esta distancia y sin el impulso; lo malo es que él no lo sabía.

--No aguantará llegar a British. El clima de aquí la está matando. La ropa que trae no la protege de las inclemencias y su corazón palpita cada vez más lento.

--¡¡Y por qué regresaste!!

--¡Por ti! ¡No es obvio! –Contestó tan mal como yo, con un sarcasmo irreconocible en su voz; me lo merecía—Hazme el favor de contrólate Edward.

No tengo muy claro cómo sucedió, pero le gruñí; quizá la desesperación comenzaba a atacarme por todos lados.

--¡¡Es la última vez Edward, contrólate!! –gritó enojado y se alejó otros metros.

Demetri al escuchar la pelea, salió de la cabaña y se posó al lado mío; jamás intervendría a favor de nadie, lo sabía, pero el hecho de que se colara como oyente en la discusión me terminó de sacar de mis cabales; me volteé en su dirección y también le gruñí, sólo con el enfurecimiento corriendo a mil por hora por mi cuerpo.

--¡¡Qué demonios haces aquí!! ¡¡Te dije que no te quería cerca de ella!! ¡¡Ve a quemar esa maldita cabaña!!

--Ey, bájale a tu humor, porque si quieres encontrar pelea...

--¡Tranquilícense los dos! –gritó nuevamente Carlisle.

Demetri y yo ya estábamos mostrando los dientes y en posición de ataque en el momento que mi creador demandó que nos sosegáramos. Cierto era que me había extralimitado con mis actitudes, y sabía justamente por qué. Beber sangre de humano y estar en constante lucha despertaba los instintos de mi demonio mucho más de lo que me imaginaba, me hacía temblar a mí mismo, me ponía vulnerable a cualquier provocación, sin embargo el frenesí era muy poderoso e incontrolable.

--Edward, ¡ves a lo que me refiero! Tú no eres así; cálmate. Bella te necesita ahora mismo.

Apreté las manos y me incorporé, dándole la razón a Carlisle y Demetri indudablemente puso gesto de victoria, situación que no me agradó para nada, mas tuve que hacerme el desentendido. Si por mi culpa le pasaba algo a Bella no me lo perdonaría nunca.

--Demetri, será mejor que vayas a dentro –declaró Carlisle y el interpelado se retiró con dejo de arrogancia, golpeando mi hombro al pasar.

Ignoré por completo su provocación y giré mi rostro en dirección opuesta. No podía respirar y por primera vez lo requería para lograr el cometido de tranquilizarme; así que cerré los ojos para poner en su lugar al monstruo de mi interior, no hallaba otra salida.

--Edward, Bella se está congelando. ¿Entiendes lo que te digo? No puedo moverla más o será perjudicial para su integridad física. Es indispensable que tomemos una decisión.

Abrí de sopetón los ojos y miré asustado a Carlisle.

--Sí, es necesario transformarla o morirá. Sus heridas, ella misma se las está curando, pero su corazón es el que no creo que soporte, el clima reduce aún más las posibilidades; por mucho que el veneno la haya hecho resistente, todavía es humana; depende de una temperatura específica.

--Pero Carlisle… yo, yo no puedo… ¡mírame! –Reclamé y casi enseguida reflexioné la causa por la que él estaba aquí— ¡¿Qué intentas que haga?! ¿Para qué la trajiste?, yo te dije tú…

--Lo sé, Edward, sin embargo esto ya no implica salvarla de la forma en como tú me lo pediste; es tiempo de hacernos responsables de nuestros actos y yo no voy a entrometerme en algo tan sagrado para ti.

--¡No te entiendo Carlisle! El que tú o yo la envenenemos no está en consideración ¡¡¿Por qué me torturas así?!! ¡¿Acaso no sabes cuánto la deseo, cuánto deseo la sangre que corre por sus venas?!

“No –dije rotundo—, estoy seguro que no me contendré; hazlo tú.

--Limpié algunos rastros de su sangre para hacértelo más fácil.

--¿Más fácil? –pronuncié irónico.

--Sí, sé que corremos un alto riesgo con dejarte este reto en tus manos, mas confío que el amor que le tienes, no en vano la regresé Edward. El punto aquí es que tú estés convencido de esa realidad.

--No. ¡Yo no puedo! ¡No quiero! ¡No es justo Carlisle! Detesto esto; es tan difícil.

--¿Difícil? Estas equivocándote. A ver, respóndeme lo siguiente de una manera que me convenzas y entonces me iré a transformar a Bella, lejos de ti: ¿Para qué te acercaste a ella de nueva cuenta si no pensabas llegar a esto? ¿Ibas a esperar a que muriera?

--Por supuesto que no.

--¿Entonces? Respóndeme qué hace la diferencia, ¿qué bebiste sangre humana? ¿qué estás irreconocible?

--Sí.

--¿Qué no la amas?

--Con todo mi ser, sin embargo no soy capaz. Tú me conoces mejor que nadie…

--Por eso la he traído, sé que si yo la transformo ni ella ni tú estarán contentos. ¿Podrás con eso… eternamente?

Quería llorar, por tercera vez en mi larga vida de vampiro ansiaba llorar, porque no era aquel que mi padre imaginaba en sus pensamientos, ¡no!, sus expectativas me hacían sentir que estaba en un ínfimo sitio de éstas. Imagen, tras imagen, su cabeza traslucía pensamientos benévolos de mí y por más que insistía yo jamás me identificaba con ellas. ¡¿Cómo le decía que no era ése ser?! Que al contrario, era un vampiro sanguinario y desalmado que había matado a más personas inocentes de las que se podía hacer una idea con sus tres siglos de existencia… y sobre todo en los últimos meses. Mis errores me habían conducido a un callejón sin salida: la “vida” eterna de Bella condicionada por mi autocontrol… ¡vaya broma de mal gusto!

Moví mi cabeza en signo de negación. Si yo iba allá, cerca de Bella, lo único que ocasionaría sería su muerte. ¿A quién engañaba? Su sangre era como una droga para mí, más en estos momentos de indisciplina. Antes, cuando la volví a ver, de menos llevaba una semana de “dieta”, mas hoy… hoy había matado, torturado y masacrado a una tribu completa, sin el menor dolor, sin el menor atisbo de humanidad, ¿cómo iba a pretender convertir a Bella? ¡Cómo!

--Hijo, no queda mucho tiempo –musitó Carlisle acercándose peligrosamente a mí con mi más preciado tesoro en sus brazos.

De reojo, observé aquella carita de ángel en pleno letargo, con la expresión un poco turbada y cansada. Quién sabe por qué, de momento no lo comprendí, pero recordé masoquistamente su precioso y aniñado rostro, bajo la luz de la luna, en aquel jardín del mediocre baile de graduación.

“Estás dispuesta a abandonar todo –musité desalentado por la respuesta que obtendría.

--No es el final, sino el comienzo –me contradijo, como lo esperaba, con un poco de voz.

--No lo merezco –contesté con tristeza.

--¿Recuerdas cuándo me dijiste que no me percibía a mí misma de forma realista? –preguntó astuta, utilizando mi argumento para derrocarme—Obviamente tú padeces de la misma ceguera…” (MEYER 2005: 501).

Tras la epifanía el recuerdo se desvaneció. Quizá hay cuestiones en el mundo que uno no cree hasta que otra persona te las demuestra, la mente siempre está dispuesta a comprobar la autenticidad de las cosas; sin embargo, hay situaciones tan subjetivas y tan poco razonables que sólo la persona a la que amas puede hacerte creerlas, había descubierto por fin la magia del amor… las quimeras.

Si Bella quería ser transformada por mí ¿no era este el momento que se merecía después de tanto sufrimiento? ¿Acaso era tan débil cómo para no otorgarle lo único que me había pedido desde que nos conocíamos? Carlisle tenía razón sólo en una cosa: Ella deseaba que yo fuera quien la convirtiera y yo… no pedía otra cosa que existir enteramente dentro de ella… ¿por qué negarme ahora? ¡¡¿Por qué acobardarme en el último momento?!!

Lo haría, lograría convertirla.

--De acuerdo, yo lo hago, pero no te vayas muy lejos, puede que te necesitemos.

--Buena elección Edward.

Carlisle se terminó de acercar a mí y fue lentamente pasando a Bella a mis brazos, no sin antes verificar cada uno de mis gestos y actitudes y cuando terminó me sonrió con satisfacción y orgullo. Definitivamente, nunca terminaría de agradecerle toda su confianza en mí.

Al sentir a Mi Vida respirando y viviendo, mi muerto corazón se estremeció de tristeza ya que ésta sería la última vez que disfrutaría de esos pequeños detalles, la última vez que su corazoncito palpitaría entre mis brazos, la última vez que mis oídos escucharían este dulce sonido… y también la última vez en que sus mejillas no se pintarían de rosa pastel al verme.

--Nadie eligió este camino –Carlisle interrumpió mi melancolía, pensando quizá que me debatía entre el bien y el mal—. Algunas veces los actos que parecen ser los más ruines terminan siendo los actos más puros de amor, todo consiste en saber hacer las cosas. No vayas a olvidarlo nunca hijo.

Con un poco de nostalgia emanando de mis adentros lo miré rápidamente para que notara mi convicción, mas mi necesidad de observar la grandeza del efímero soplo de vida de Bella me atrajo con mucha más fuerza por lo cual retiré los ojos de mi padre en cuestión de segundos.

--Gracias, Carlisle, no lo olvidaré –musité y después me acerqué al oído de Bella para despedirme de ella de la manera más intima que hallé.

“Gracias Mi Vida, ¡porque ni te imaginas cuán humano me hiciste sentir! Gracias”.

En seguida, mi boca percibió la escaza calidez de su cuello y con el dolor más profundo que jamás haya experimentado hinqué mis dientes en su piel y desgarré el músculo… luego, el éxtasis.

Bella’s POV

Detente, corazón, detente.

Déjame rogar al cielo o al infierno que éste sea el momento.

¿Qué más te debo, vida? ¿Por qué sufrimiento todavía no he pagado? ¿A caso mi ofensa fue tal?

Si lo único que quise siempre fue amarlo.

Es un demonio, lo sé mejor que tú, pero mi amor por él es irremediable al punto que aquí estoy pidiéndote clemencia por ese pecado… que ni siquiera concibo como pecado, pues si el amor fuese tal, ¿por qué naturalmente amamos? ¿A caso me quieres decir que es pecado enamorarse?

Tu silencio me aterra.

Si mi destino era pecar, ¿¡para qué me mandaste entonces a la tierra!?

Engañé, estoy de acuerdo contigo, pero también me engañé a mí misma con un amor que no sentía. Y en consecuencia perdí a dos seres importantes en mi vida. ¿No es suficiente condena?

Amé, mucho, demasiado, ¡jamás podrás imaginarte cuánto!, mas dejé que me amaran de la misma manera para equilibrar la balanza que tú ponderas.

Codicié, es cierto, y aún sigo deseándolo y deseando ser para él.

… pero por más que me esforcé… no podrá ser.

¡Ya te escuché!

***

--¡Ey Jake, cuidado con las mariposas! –oí una dulce vocecita.

Abrí mis ojos con extraño entusiasmo no obstante el sol me deslumbró… ¡el sol!

Me quejé mientras me giraba sobre mí misma, el sol me había dañado de momento mi visión y me causo un dolorcito en mi cabeza, así que cubrí con una de mis manos su brillo que reposaba todavía sobre mi cara.

¿Dónde estaba? ¿En el prado?

¡Sí!, era el prado… mi prado.

Me senté enseguida que recobré por completo la visión. Estaba sola.

--Es hermosa. La amo, Bella.

--Jacob…

Exclamé con apenas un soplo de voz, a mi lado estaba él, ¿cómo? No lo sé, si apenas hace un momento estaba sola, pero no quise reflexionarlo, el saber que era él me causó más conmoción. Mi cuerpo se tensó.

Estaba a punto de analizar la situación, sin embargo lo que sentí después, cuando un pequeño bultito se me vino encima, por la espalda, me espantó pues me abrazó el cuello. ¿Qué sucedía?

--¡Mami!, ¡mami! Jake es un tontito –la voz dulce penetró en mis oídos. No tuve más miedo.

Ni más rencor.

--Renesmee…

Respiré con alivió y alegría, ¿cada cuánto le pasa esto a las personas comunes? ¡Mi hija! ¡Mi pedacito de cielo! ¡La chispita de amor!

Las lágrimas y los sollozos no me esperaron, salieron cual si fueran cohetes en plena feria, estallando con todo lo que traen dentro.

--¡Renesmee! –exclamé y, por fin, la abracé completamente.

¡Estaba abrazando a mi hija!

Ese momento fue tan especialmente mágico, era como sentir a Edward, su ternura, su entrega, su amor eterno, su particular calidez. Nuestra hija era aún más hermosa que en mi último sueño. Su alma resplandecía como el sol que me había cegado.

--Mami, ya vas a estar bien –afirmó con singular inocencia.

Esperen…

¿¿¿Qué???

La separé un poco y vi sus lindos ojos verdes, tan esmeraldas que me cautivaron cual si fueran hipnóticos e inmensamente enigmáticos. Su carita estaba llena de esperanza y tranquilidad… Algo andaba mal, es decir, ¿por qué me dijo eso?, ¿y Jacob qué estaba haciendo aquí… en mi sueño? Sé que Jacob no importaba en este instante, pero…

Las lágrimas que corrían de mis ojos a mis mejillas cesaron. La magnificencia del prado era incomparable, era completamente… idílico.

No… no podía estar pasando que…

Ella estaba muerta, no podía perder eso de vista, aunque mi mente estuviera recreando este momento en mis inconsciente; por otra parte, Jacob también debía estarlo, es decir, yo…

¡Oh por todos los cielos!

No… no, no. Edward…

Esto es sólo un sueño. ¡Puedo despertar!

Me angustié al percatarme de las enormes posibilidades de mi hipótesis. ¿Debería de sentirme tranquila, no es así? Entonces, por qué no me parecía estar en… este lugar. Yo no pertenecía aquí. No. Si Edward no estaba a mi lado no era posible que yo…

--No puedo quedarme aquí… Renesmee, yo tengo que…

Mi hija pareció que conocía mis pensamientos, así que sonrió un poco, casi con decepción, y se separó de mí para irse a instalar a los brazos de Jacob.

--Ya no nos veremos, mami –dijo con melancolía la tierna niña y quise decirle que me quedaría, al fin, ilusión o experiencia paranormal, ¿era mi hija, no? Tenía que consolarla…

Sin embargo, verla a ella, al observar cada detalle de sus sorprendentes facciones, me recordó un sentimiento mucho más fuerte: mi deseo de volver a ver a Edward.

Edward sí existía y ella quizá… no.

--Te amo Renesmee –musité y me compungí de forma inevitable.

Con esas tres simples palabras le estaba diciendo al angelito que había venido por mí que rechazaba la entrada al cielo, que regresaba mi boleto por defecto, porque el paquete venía incompleto. Si ella había sido creada a partir de dos seres, aquí faltaba un pasajero.

Pecaba… sí.

O tal vez… Amor, ¡estás pecando!

Desorientada como me encontraba me paré y comencé a buscar la salida.

Si mi hija había dicho que ya no la vería más, es porque existía una posibilidad de regresar a mi mundo y… convertirme en aquello que no podía volver a soñar y que por ende no sería bienvenido en este paraíso… Sí, transformarme en un vampiro.

--Perdóname, Renesmee. Perdóname –supliqué quedo mientras nuestras miradas se cruzaban llenas de nostalgia.

Ella asintió, con su cabecita llena de rulitos café moviéndose al ritmo de su afirmación, mas al final una enorme sonrisa iluminó y calentó mi corazón, haciéndolo correr. Lo sentía… ¡palpitaba estrepitoso!

--La cuidaré –dijo decidido Jacob a la par que la protegía con un abrazo—. ¡Rayos Bella! ¡Cómo nos fuimos a equivocar! —Exclamó apenado y se rió con singular alegría, con esa impactante sonrisa que me regalaba día tras día cuando habíamos sido mejores amigos—Ahora todo en el universo se alineó. Yo estoy al lado de quien siempre pertenecí. La amo.

--Jacob… no tengo idea que haces en mi sueño, pero más te vale cuidarla porque si no…

--Espera Bella, ¡¡¿quién te dijo que esto es un sueño?!! –declaró con la más asombrosa sorpresa que su rostro me había mostrado alguna vez.

¡¡¡Qué Diablos!!!

El paraíso se comenzó a succionar como la mugre con el aire de la aspiradora. Ahora sí estaba asustada, todo a mi alrededor se empezó a llenar de tinieblas, completa y escalofriante oscuridad.

De repente un sol cegador volvió a aparecer pero éste sólo fue una visión de momento, mis ojos se habían abierto por segundos, ya que el dolor agónico que atenazaba mi cuerpo me había “resucitado”; me había sacado de aquella dimensión.

--¡Aaaaaaaaah! –grité al percibir unas fuertes punzadas.

Sentí los latidos de mi corazón detenerse y con ellos el más horroroso miedo que se pueda experimentar; la inseguridad terminó por aterrarme.

¿Me estaba transformando o me estaba muriendo? ¡Qué alguien me dijera!

A una inmensidad de distancia, o al menos yo así lo percibía, entre el dolor y la oscuridad, la respuesta se escuchó:

--Basta Edward, es suficiente con el cuello y las muñecas. Además, ya está sucediendo.

Ése era… ¡Carlisle! Sí, era él y Edward, ambos estaban allá afuera. ¡No me moría! ¡Me estaba convirtiendo en una de ellos!

--Edward, ¡ya! Déjala –la voz de Carlisle daba la impresión de estar lidiando con Edward, entonces él sí…–. Hay que conseguir un lugar seguro. Dámela.

Me hubiera gustado seguir escuchando el dialogo o hasta la pelea, lo que sea, pero fue literalmente imposible cuando la ponzoña llegó a mi corazón y lo hizo acelerarse como nunca antes. Oh, oh –canturreé en negación—, presentía que se avecinaba lo peor.

Y sí, el dolor fue igual de grande que las mayúsculas en un texto, igual de lento que decirlas separadas a través de sílabas: IN – SO – POR – TA - BLE. En cuanto mi venas condujeron el veneno a cada extremidad de mi ser la palabra dolor adquirió un significado de sumo respeto. Cualquier estupidez que haya vivido y nombrado como dolor durante mis diecinueve años, era una mala ironía comparado con esto. La sensación de que mi cuerpo se prendía en una hoguera al igual que habían hecho con las brujas en el siglo pasado, no podía ser más real para mí. El fuego me carcomió todo dejo de razón, era desquiciante, a tal grado que pensé y requerí ansiosamente arrancarme toda la piel, músculos y hasta el alma, si era posible, con tal de cesar el martirio; no obstante y para mi mala suerte, como siempre, mis brazos no respondían, nada de mi cuerpo me obedecía; sólo estaba yo y la oscuridad abrasadora.

Quise gritar, sin importarme cuánta angustia y remordimiento le causaría a Edward, incluso deseé chillar más fuerte que cuando Jacob me torturó. La ponzoña se había convertido en ácido, en uno muy potente, por cierto, capaz de ir destruyendo mis adentros con su roce.

Si hasta ahora no me había vuelto loca… este inacabable momento de dolor seguro lo lograría.

Pues lo peor de la oscura soledad, es que no había nada que pudiera distraer la mente o los sentidos más que la agonía que se vivía allí… en el verdadero infierno.


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Un detalle que puede causar duda: Cierto es que Bella tiene el don de la locura, pero no por eso está loca; lo que le pasó con Reneesme fue meramente en intento de transmtirles el estado de cuasimuerte, y tanto Jake como ella eran almas... digo... ¡qué cursi soy! lo sé... pero los junté al fin y al cabo. El amor traspasa barreras, ¿no? Además se me hizo un buen debate interno para Bella decirle a su hija que tomaba la decisión "equivocada". Sí, yo soy la loca, mas si en esta vida no nos atrevemos a llevar a cabo nuestras locuras siento qeu nos perdemos de mucho.

"A veces toda tu vida se reduce a un acto de locura" James Cameron.


NOTA: BUENO CHICOS SOY CLUB CREPUSCULO Y TENGO UNA BUENA Y UNA MALA NOTICIA LA MALA ES QUE HASTA AQUI TENGO CAPITULOS Y NUETRA AUTORA FAVORITA NO A PUBLICADO NUEVO ASI QUE ESPEREMOS QUE LA PROXIMA SEMANA PUBLIQUE Y ASI EN CUANTO LO PUBLIQUE YO LO SUBO ASI QUE UNA DISCULPOTA CREO QUE PONDRE ESA HISTORIA HASTA EL VIERNES Y SI NO YO LES IRE COMENTANDO LAS ULTIMAS NOTICIAS SOBRE QUE PASA Y BUENO LA NOTI BUENA ES QUE YA TENEMOS NUEVO FIC PARA PUBLICR ASI QUE EN CUANTO TERMINE ESTA HISTORIA EMPEZAREMOS UNA NUEVA ASI QUE ESTEN ATENTOS OK OK CHICOS M TENGO UE IR NOS VEMOS BYE BESITOS VAMPIRESCOS!!!!

2 comentarios:

Jéssica Vampire dijo...

Hola!

estos capitulos los publica Meyer? donde? yo no lo sabia?

por lo que he leido corresponden a Amanecer verdad? son geniales

por favor te pido que si puedes responderme a esta duda me avises en mi blog http://vampiresontv.blogspot.com tambien es de l saga!

muchisimas gracias y soy SEGUIDORA desde ya

Mieli dijo...

jajajaja

oK PUES trataré de publicar el viernes mi chicas crepúsculas. Lo siento...

MUCHAS gracias por todo el apoyo, Muchas gracias.

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