miércoles, 18 de noviembre de 2009

capitulo 8º "Desafio" uno de los mejores

Nota 8: Queridas lectoras, asiduas a mi fic, el día de hoy la señorita Victoria, alias la musa rockera, trae para Uds la recomendación de Enjoy the silencecon Lacuna Coil como plato fuerte y como postre Don´t speakcon The String quartet. La recomendación de la casa es Side effectsde mis deliciosos: Zoé. ¡Adelante! y que disfruten la narración.


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8. Desafío

Bella POV

Oh por favor, no… --pensé con angustia--. Esto no me puede pasar.

--¡No te muevas! –exclamó y ya estaba a mi lado, ayudándome a incorporarme--. ¿Te has hecho daño?

No respondí y ni siquiera me moví un milímetro. Mi sangre se parecía a la tormenta, mi pulso a las gotas, nada más que éstas golpeaban en mi cuerpo y aquel a mi corazón.

-- ¿Puedes hablar? Dime algo –dijo con un tono de sincera preocupación.

No hice esfuerzo alguno por hablar, no podía, no quería y no lo iba hacer. ¿Quién era este personaje? ¿Y qué intentaba hacerme? De repente acercó su cara nívea para observar mis pupilas con detenimiento.

—Creo que entró en shock –dijo en voz alta aunque no había nadie más--. No te vayas a mover.

Me bajó suavemente al suelo y comenzó a tocar con delicados apretones mis piernas, creo que intentaba inspeccionar si sufría algún daño que no fuera aparente. Examinó meticulosamente mis piernas y después mi pecho y mis brazos. En el momento en que hizo la auscultación en mi muñeca izquierda, sin remedio alguno entrecerré los ojos por el dolor, mas no emití sonido alguno.

--Esto no está pasando –pensé nuevamente, con la esperanza de regresar a la realidad.

Cuando retorné a la normalidad, su mirada ya era otra, algo me decía que se había dado cuenta de mi reacción.

--Ok, tranquila, sólo tienes un esguince en la muñeca y te lastimaste el cuello, no son tan graves –su voz se había vuelto fría como las gotas de lluvia que le escurrían de su piel.

En realidad no estaba en shock, simplemente no quería hablar. A lo mejor mi imagen reflejaba ese estado, sin embargo no era así. Estaba atónita por esta aparición, sólo eso. Tampoco quería cerrar mis ojos, a pesar de lo molesto que era tenerlos abiertos con la lluvia incesante en su caída. Cualquier movimiento en falso podía costarme la vida y eso sí estaba mal. La idea de verme desprotegida de esta emboscada me aterró.

--Te voy a levantar, no te asustes, vas a estar bien. Te llevaré a Kalaloch a que te atiendan el esguince –dijo sin menoscabo.

Vi como se alejaba en dirección a donde debía estar la carretera, de reojo pude visualizar mi moto, no había quedado tan mal, deseé que su motor estuviera intacto, por si necesitaba huir. Era mi única opción viable y cabal.

El tirano viento sopló y me recordó lo húmeda que se encontraba mi ropa; ahora sí comenzaba a tener frío, mucho en realidad, lo que en mala hora agudizaba los dolores provenientes de mi cuerpo. Mi corazón por el contrario sufría de una caída más difícil. Y en mi mente redundaba la pregunta, casi inconscientemente: ¿podrás superar ésta? Por ello prefería pensar en el clima, en mi moto, en lo que fuera, todo menos en mi futuro inmediato.

El sonido del motor de un carro me despertó del trance, se oía tan cercano. De repente el Porsche amarillo se estacionó a unos metros de donde me hallaba tirada. Sentí como el conductor bajó del vehículo y se acuclilló a un lado mío.

--¿Sigues en shock? –Dijo al verme tumbada y con la mirada perdida en el cielo, yo no volteé, aún no me convencía del todo lo que pasaba.

Sacó del automóvil una manta y con su inhumana rapidez, se acercó para cubrirme con ella y acto seguido cargarme tal y como se carga a un bebé. No lo entendía pero tenía miedo. Una sensación diferente, una emoción de inseguridad se apoderó de mí, sin embargo deduje que no era temor hacia el monstruo sino a las repercusiones que los vampiros causaban en mi vida. En cuanto me acomodó en el asiento del copiloto –previamente posicionado el respaldo en forma vertical-- sentí el calor del aire acondicionado acariciar mi cuerpo, calmando los espasmos originados por la gélida tormenta. Mi cuello involuntariamente se movió hacía el lado contrario a donde podría ver al conductor, supongo que en parte eran las molestias físicas y por otra... era una grosera, lo sabía, pues tantas atenciones no debían de pagarse con el silencio y la indiferencia; sin embrago el pensamiento que reforzaba mi actitud sonó fuertemente: Esto es lo peor, sí, lo peor, que me pudo suceder en este día.

Escuché como atascaba la moto en alguna parte del carro, sinceramente no me importaba dónde lo hubiera hecho, pero seguro le iba a ocasionar algún daño a este automóvil de lujo. ¡Vaha! Al fin y al cabo eran enormemente adinerados estos personajes como para alterarse por un rasguño o una abolladura a sus preciosos carros.

Se metió al coche. El agua que escurría de sus ropas iba a traerle más problemas con las vestiduras. ¡Cómo sea!, yo tenía una manta aminorando ese daño. Con un movimiento casi imperceptible se apartó el cabello que le caía en la frente y entonces volteó a verme, no es que yo observará sino que sentí su mirada penetrante, me ocasionaba nerviosismo, por eso fue más fácil saber que lo estaba haciendo.

--No nos tardaremos en llegar, mientras por qué no intentas dormir un poco, eso calmará tus nervios –dijo amablemente--. Si me estás oyendo, te pido de favor que no trates de moverte en el trayecto, puedes lastimarte más el cuello –hubo un momento de silencio--. Espero que el calor te esté siendo grato.

Arrancó y durante un lapso del camino me dejé llevar por las imágenes de las gotas chocando con el vidrio. El aguacero seguía incontenible. No deseaba pensar, a lo mejor y sí estaba en shock puesto que no podía concebir lo que pasaba con mis cinco sentidos, era como si me hallara anestesiada o adormilada, muy a pesar de la diferencia con mi corazón que no paraba de latir locamente, que por cierto era envergonzante, sobre todo por el ser sobrenatural que iba a mi lado, a quien esas cosas no le pasaban inadvertidas.

¿Qué debía de hacer ahora?, o ¿cuál debía de ser mi reacción en cuanto llegara a Kalaloch? Lo más seguro es que no necesitara pensar en eso, tal vez dejándome en la clínica de aquel pueblo desaparecería y no volvería a ver a ningún vampiro, aunque siendo sincera no anhelaría con tanta vehemencia ver a otro que no fuera... Eso me aterraba aún más, mi corazón se encogió y pude sentir como tenía la intención de dejar de latir. Mi compañía vampírica sintió el cambio de mi ritmo cardiaco y al parecer mis emociones también.

--Bella… no pasa nada. Tranquilízate, no fuerces a tu corazón en estos momentos –dijo aún con ese singular acento.

Lo más extraño fue que su preocupación me gustó, y su declaración de que no pasaba nada terminó por liberarme de la tención y mi cansancio derrotó a mi mente. Así el calor del aire acondicionado, el paisaje y la música calmada, que traía como fondo en el automóvil, me terminaron arrullando hasta perderme en la inconsciencia del sueño.

--Señorita, bienvenida al mundo –dijo una mujer.

Terminé de abrir mis ojos y esperé a que la visión se aclarara por sí sola tras cada parpadeo. Las imágenes iban tomando consistencia poco a poco. Vi a la mujer que me hablaba, era como de unos treinta años, cabellos oscuros y vestía toda de blanco. La habitación de igual forma era blanca, así que me parecía irónico que no me diera cuenta desde el primer momento dónde me hallaba. No fue si no segundos después, cuando intenté incorporarme, que percaté el rígido objeto que envolvía mi cuello y con ello la epifanía: estaba postrada en la cama de la clínica de Kalaloch.

Genial, un collarín –pensé desanimadamente.

--No, no –la mujer me detuvo con sus cálidas manos—No lo intenté sola se puede lastimar.

En ese justo momento apoyaba mi peso en mis manos, y sí, me lastime. La muñeca izquierda me dolió sobremanera. Perdí el equilibrio que me sostenía, sino hubiera sido por la enfermera que estaba a mi lado queriéndome ayudar me habría ido de espaldas.

--Tiene un esguince de primer grado en la muñeca. Sanará en ocho días si mantiene los cuidados que le indicará la doctora.

Toqué con mi mano derecha el collarín.

--En lo que respecta a su cuello, se podrá deshacer del collarín en cuatro días. En realidad no fue nada grave.

La enfermera me ayudó a sentarme. Me sentía tan atontada, mi cerebro no revolucionaba toda la información que mis sentidos mandaban. La enfermera se percató rápidamente de mi estado y comenzó a sondear mis conocimientos y mis sensaciones.

--¿Le duele la muñeca? Podemos darle, si gusta, un calmante.

Negué con un leve movimiento de cabeza. Esa droga empeoraría mi actual aletargamiento, mejor sería soportar un poco el malestar.

--Su ropa original al igual que sus pertenencias las tienen en la recepción, allá debe de pasar y firmar un documento antes de salir, donde se acredite que le fueron devueltas todas y cada una de ellas –miré mis brazos e hice un gesto de desconcierto--. La ropa que trae puesta nos las dio su acompañante así que no tiene porque desconfiar de su procedencia –se encaminó a la puerta--. Y de verdad que fue un alivió pues usted venía empapada de pies a cabeza. Le pudo haber ocasionado una neumonía tal condición. Permítame un segundo, voy a traer a la doctora para que la revise y pueda irse – dijo y salió de la habitación.

¡Dios Santo!, ¿qué pasó en mi ausencia? Estaba en Kalaloch, eso era seguro. La ropa, en especial el pantalón de mezclilla, me quedaba tal cual y si yo lo hubiera escogido, las botas impermeables eran de un tono totalmente diferentes a las mías, éstas eran café, y se sentían aun más calientes y acolchonadas que mis tradicionales botas negras. Eran bonitas, no lo niego. Me vi nuevamente las muñecas y revisé de entrada qué tipo de prenda llevaba arriba; al parecer era un sweater ligero de tono azul claro. De repente, entre pensamiento y pensamiento, una idea me angustió.

¡NO. La pulsera de Jake, el anillo de… Jake! Tonta Bella –pensé.

Lo sabía desde que me la dio. Se lo había dicho. Algo me iba a ocurrir y en esa mano exactamente. Rogaba como nunca antes a que la pulsera estuviera en mis pertenencias y no en una carretera.

Bien hecho Bella –pensé con verdadero desgano.

El sonido de la puerta me distrajo y detrás de ella salió la que parecía ser la doctora junto con la enfermera.

--Siento la tardanza señorita. ¿Se siente bien? –preguntó fríamente la doctora.

Asentí sólo con los pobres movimientos de mi cabeza. No iba a hablar, no había necesidad. Así que me llevé todo el interrogatorio de la doctora de la misma manera como había empezado. En mi interior la única preocupación que tenía era de otra índole, y si me ponía a responderle como se debería el interrogatorio duraría mucho tiempo. Al final me dio las indicaciones para el cuidado del esguince y el cuello.

Salí del cuarto acompañada de la enfermera que me indicaría dónde recoger mis cosas. ¡Qué alivió! por fin iba a saber el paradero del objeto de mi desazón. Caminamos por un pequeño pasillo hasta llegar a un mostrador donde una joven secretaria atendía.

--Hola Jeniffer, puedes darme las pertenencias de la señorita… –reviso en seguida los papeles de mi expediente— Isabella Marie Swan, por favor –dijo amablemente mientras tomaba un bolígrafo.

--Claro, en un momento se las entrego señorita Swan – dijo viéndome a los ojos, se dio la vuelta y se metió a un cuarto contiguo, saliendo casi inmediatamente con una bolsa blanca—. Aquí tiene. Ábrala, por favor, para hacer el recuento junto con usted de lo que le entregamos.

--Señorita Swan, cuídese mucho. Me retiró. La recepcionista le indicará dónde debe firmar –interrumpió la enfermera—. Le entrego su chamarra.

En ese momento me dio una prenda que llevaba en sus brazos desde que salimos del cuarto, era una chamarra color café, que combinaba a la perfección con las botas. Le hice un ademán de “gracias” a la enfermera y se retiró. Miré a la tal Jeniffer en busca de continuar nuestro asunto. Quería acabar lo antes posible con mi martirio.

--Veamos… es un jeans, una camiseta azul, chamarra negra, botas impermeables negras –a cada cosa que iba nombrando le asentía—, prendas interiores, un celular y una pulsera de plata. ¿Está todo? –preguntó ingenua.

De la impresión de observar nuevamente la pulsera en mi poder, hice un gesto de alivio el cual la joven debió de haber tomado como una respuesta afirmativa. La guardé inmediatamente en la bolsa del jeans.

La recepcionista me acercó los papeles y me indicó donde poner mi firma y me despidió casi cordialmente, sino hubiera sido porque a ambas nos impactó –aunque de diferente manera—la persona que se acercó a nombrarme. Sentí como se detenía el bombeo de la sangre en mi corazón, palidecí seguramente. No volteé en su dirección y menos con el inconveniente de tener el cuello inmovilizado y, por necesidad, tener que mover todo mi cuerpo. Mis ojos se abrieron enormemente y mis gestos se petrificaron.

--Bella…

La estúpida recepcionista no pudo articular ya su discurso de despedida. Quedó embelesada de aquel a quien yo temía. Tomé mis cosas y le resbalé el documento a Jeniffer. Mis dedos me temblaban.

--Permíteme que te ayude con tus cosas –dijo y en sincronización acercó sus manos para retirar la bolsa de entre mis brazos—el esguince no te va a permitir sostener por mucho tiempo tal peso –se volteó a ver a Jeniffer y con la diplomacia que sólo los vampiros saben usar, en estas circunstancias, se despidió por los dos—Gracias señorita, fueron muy amables. Con su permiso.

Con la otra mano que tenía libre me tocó la espalda indicándome que también yo saliera del trance y avanzara. Me tomó tres segundos responder adecuadamente. Varios recuerdos atacaron mi mente. Los antecedentes que me había formado de los vampiros desde hace un año no eran absolutamente gratos: la partida de los Cullen (para empezar), Laurent, Victoria, el ejército de neófitos y las ideas subliminales que me mandaban día tras día los de la manada eran suficiente razón para cuidarme las espaldas, sin importar si el vampiro fuera o no civilizado… todos hacían daños irreversibles.

Salimos de la clínica y seguía lloviendo, mas era una lluvia normal. El Porsche estaba en el estacionamiento al aire libre que tenía la clínica. ¿Dónde estaba mi moto? No la veía por ningún lado.

Maldición ¿y ahora?

--Tu moto estará a las cuatro de la tarde. La llevé a un taller. Le van a arreglar unos cuantos averíos que tuvo con la caída –dijo y señaló con su mano al Porsche—. ¿Subimos?

¿A caso tengo otra opción?... –pensé mientras me encaminaba a la puerta del automóvil.

***

El camino no fue muy largo. Durante el tiempo que estuvimos en ese carro no cruzamos palabra alguna. Mis sentimientos querían una cosa y mis pensamientos otra. Decidí por no darle importancia a alguno de los dos. Simplemente reaccionaría a impulsos reales y no subjetivos.

Me llevó a un restaurante que se hallaba en la planta baja de un hotel tipo colonial. Era bello, acogedor, emanaba tranquilidad. Esos tonos cálidos hacían olvidar el clima de allá afuera.

Cuando estuvimos en la mesa, no alcé para nada mi rostro. Tenía vergüenza de enfrentar por fin a mi salvador. Además después de tanto tiempo y tras lo acontecido, la última vez que nos vimos así, ¿quién se supondría que debería de iniciar la conversación?

Un mesero se acercó y nos dio la bienvenida y la carta. Ambas las tomó él, no sé si por ahorrarse ver mis ojos o por precavido y pensar en mi mano izquierda. El mesero se retiró sigilosamente.

--No sé si es por el shock del accidente o si en realidad no quieres que nadie te moleste –hubo un silencio—, pero tienes que volver hablar… Sé que no soy precisamente a quien deseabas encontrarte en tu camino, pero ya estamos en esto y me veo obligado a ayudarte hasta el final –musitó con esa voz enigmática y ese tono extraño que me ponía los sentimientos a flor de piel.

Quería seguir manteniéndome a salvo. Conseguir soportar más tiempo mi silencio premeditado, privarlo de mi voz y de la entrada a mis pensamientos –pues sabía que era el único castigo que le podía infligir—, sin embargo la última declaración derribó por completo el desafío de las horas anteriores.

--Pues no deberías sentirte obligado –dije con un soplo de voz y levanté la mirada para que se crúcese con la de él—, he sobrevivido a peores cosas y sin ti… Edward Cullen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

esta super..gracias por seguirlos subiendo..

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