miércoles, 4 de noviembre de 2009

4º capitulo "epifania"

Nota 4: Las sugerencias para escuchar con este capitulo según la gran conocedora del arte acústico, Ana Victoria, son: Sad memoryyMemories in my eyesde Yurima yTears of ragede Primal Fear.

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Epifanía

Bella POV

Me dolía la entrepierna. Después de ir en el lomo de Jake, subir las escaleras de la casa fue una proeza, sin embargo soportar un poco de dolor en el cuerpo por ese lapso de locura no figuraba tanto como mi turbación interna. Mi mente era un revoltijo de ideas. Me sentía confundida, mis sentimientos dieron un giro de ciento ochenta grados.

En orden de aparición esto aquejaba mi tranquilidad: Primero, ¿Cómo fui capaz de hacer todo aquello? No es que me arrepintiera, era fenomenal haber pasado por esa experiencia con un hombre como Jacob. Cuando escuchaba a otras de mis amigas describir su primera vez, me parecía algo con lo cual no deseaba lidiar: desplacer, sufrimiento y vergüenza. Nada de lo anterior era parte de mi realidad, sin embargo la razón por la que me arrojé a los brazos de mi novio no ilustraba precisamente el motivo ideal para esta iniciación. ¿Podría ser capaz de reprimir ese recuerdo hasta nunca acordarme de él? ¿Borrar ese impulso maldito de mi memoria? La nueva Bella nació en los brazos de Jacob Black, pero la semilla germinadora venía de las tinieblas del pasado. ¡¿Lograría olvidarme algún día de Ed… --NO TE ATREVAS A NOMBRARLO-- de él?! Rogaba a Dios que fuera así, no sólo lo pedía egoístamente, sino también por Jake. Lo quería tanto.

Por último, esa sensación de cariño inconmensurable me tenía alarmada. ¿Lo amaba… amaba?, o ¿sólo fue un momento de debilidad combinada de apasionamiento? Lo quería de una forma inhumana e irreal. Había llegado al punto de no sentirme cómoda si no estaba él a mi lado. Me favorecía su buen humor. Su presencia me daba fuerza. ¡¿Qué más le pediría a la vida que no tuviera Jake?! Entonces, ¿por qué algo en mí me hacía titubear ahora? Esto era una ironía y más porque durante un año todo fluyó benéficamente. El presentimiento de que me había curado me parecía un mal chiste contado una y otra vez.

El desorden de mi cabeza no se solucionaría en dos horas, exactamente el tiempo en que Charlie se levantaría y comenzaría un nuevo día en Forks –o al menos para mí--. Me recosté en busca del sagrado sueño. Cerré los ojos y me dejé llevar por el cansancio.

Cuando desperté, la mañana se veía con buen clima, eso me agrado, los días soleados eran perfectos en La Push, y como hoy era el día de mi descanso, darme una escapada para allá remataría perfecto nuestro aniversario. Tal vez unos cuantos saltos del acantilado no caerían mal. Eso probablemente me despejaría la mente de tanta tontería que había contaminado mi felicidad.

Me paré deprisa con el propósito de tomar una ducha lo antes posible. Por descuido, tiré el bote de basura. Maldición. Recogí el tiradero, sin embargo el envoltorio negro me privó por unos minutos de mi plan. No aguanté la curiosidad, lo abrí, retiré el atadijo de fotos. Lo observé, con las fotos boca abajo, para no suspenderme en visiones hipnotizadoras, el listón color rojo era lo único que mantenía mi atención. ¡¿Qué diablos pasaba conmigo?! La enigmática energía de él se hallaba en ese listón. Mi imaginación recreó dinámicamente toda la escena, paso a paso, las había acomodado, atado y escondido. Ese listón era lo último que permanecía en mi casa con su esencia. La sensación de estar tocando sus dedos me alucinó.

Volteé el paquete de fotos para encontrarme con el nudo. ¡Por Dios… POR DIOS! Acto seguido, un mar de lágrimas. La primera imagen me reflejaba la inmortalidad de mi sentimiento; una de las tantas interrogantes de la madrugada se esclarecía: nunca lo iba a poder olvidar. Siempre, eternamente, lo amaría.

Vi cada una de las fotografías, deteniéndome en los rasgos de Edward. Cuando pude satisfacer mi hambre de él, las até con el mismo cordón y las escondí debajo de la tarima. No las iba a tirar y en mi cuarto corrían peligro, ni siquiera quería divagar en la posibilidad de que Charlie o Jacob llegaran a verlas, eso me acarrearía muchos problemas, y por primera ocasión mi instinto me ayudaba a esquivarlos. Las resguardé y me metí a ducharme.

***

Veníamos en las motos de regreso de La Push, Jake y yo. El día había sido genial. El acantilado me disperso, efectivamente, mis pensamientos negativos, desde la experiencia de la madrugada hasta la revelación de esa mañana. La dirección de mi vida era palpable y apasionadamente real. En el momento preciso que volví a ver a Jacob una oleada de euforia corrió por mi espina dorsal. Después de ese instante dejé de preocuparme; lucharía, ese sería mi tarea, luchar contra viento y marea por mi salud emocional. Aceptar que Edward era parte importante de mi pasado y posiblemente el único ser al que amara con esa estúpida ceguera, me hacía bien.

Disfrutaba de la libertad que me daba dejarme de engañar. Con el viento soplando por todo mi cuerpo y con mi novio corriendo a un lado de mí, la vida se veía equilibrada, nuevamente. Sí lo amaba, el amor no tenía porque ser el mismo siempre, podía mutar, y este cariño que vivía simple y sencillamente era diferente al de mi primer amor, por lo cual lo hacía más maduro –y a la vez más atrevido--, en definitiva: amaba a Jacob Black.

Llegamos a mi casa, me ayudó a descargar mi cofre y otras cosas que tenía rezagadas en su hogar. Las subimos a mi cuarto, claro con el debido permiso de Charlie, quien ya estaba en su sofá, instalado, mirando el canal de deportes. Sólo podíamos estar ahí, oficialmente menos de diez minutos, porque pasado un poco más de tiempo mi padre comenzaría a vociferar. Abrí mi recamara, pasando a oscuras, hasta tocar el interruptor de la luz. Iluminado el lugar le di entrada a Jake. Algo extraño sucedía, su expresión cambió instantáneamente, tuve que preguntar alarmada, no era normal la expresión de su rostro.

-- Jacob, ¿sucede algo?, dime, ¿qué pasa? Me estás asustando.

Acomodo las cosas en la cama y recorrió con la vista toda la habitación.

--No estoy seguro. Es muy disperso, casi difuso, pero este olor es… --olisqueó nuevamente-- de un vampiro.

Tragué saliva, ¿cómo alcanzaba a ser posible?, ¡sólo había sido un listón, unas fotos! No lo creía suficiente, sin embargo era lo que Jake olía. Mientras él buscaba de dónde provenía el aroma, tuve que escudriñar una escusa, a la velocidad de la luz, sino quería que me descubriera las fotos. Supliqué a Dios porque la mentira me saliera bien.

--Jacob… ¿creo que el hedor que buscas proviene de esta bolsa? –le mostré la bolsa negra donde antes habían estado las fotos. Rezando porque el olor se hubiese impregnado. Le acerqué el objeto.

--Es cierto –lo olfateó--. Supongo que tiene una bella historia… que obviamente no deseo escuchar, ni tú contar –refunfuñó--. Desásete de eso que apesta a tomates podridos –la aventó encolerizado a la cama.

Salió del cuarto dando zancadas, retumbando con sus pasos, al parecer le había fastidiado la noche, pero más valía una insignificante bolsa a mi tesoro. Apagué la luz y fui en busca de la reconciliación o lo que pretendiera con esa salida dramática.

Bajé las escaleras. Jacob no estaba dentro de mi casa. Charlie se limitó a señalar la puerta de entrada.

--Gracias papá.

--No te vayas a tardar, ya es muy noche Isabella –señaló con su dedo índice izquierdo la muñeca de su mano derecha.

Descendí las escaleras de mi entrada volteando a ver para todos los lugares posibles. No alcanzaba a reconocer nada con la estructura de Jake. Las motos aún estaban aparcadas, eso me decía que no se había ido lejos. Opté por ir a la parte trasera de la casa y llamarle de entre los árboles. Tal vez el coraje lo orilló a entrar en fase y estaba por ahí. Me arriesgaría, el sentimiento de culpa inundaba a borbotones mi razón, no importaba que me pasara. Necesitaba recuperarlo.

--Jacob, Jacob –dije, tratando de no subir la voz, mi padre oiría donde andaba y me regresaría a la casa por estar cerca del bosque a esas horas.

De entre la espesura de la noche y la maleza lo oí.

--¡¿Qué Bella?! –Denotaba ira-- ¿Pretendes seguir con el teatrito de la insignificante bolsa? Porque no mejor me dices la verdad…

--¡¿Así?!, y según tú ¿cuál es la verdad? –hablé con el tono más irónico que pude, no iba a permitirle hablarme así.

--Ja ja –se rió sarcásticamente—. Te encanta búrlate de mí –salió de su escondite para darme una mirada furiosa--. Las piezas encajan con la actitud extraña que presentaste en la tarde. Sólo respóndeme ¿por qué hoy?

--Fue una coincidencia. No hubo dolo. Mero azar. ¡De acuerdo!

Estaba furiosa, cómo se atrevía a pensar que lo había buscado. No se daba cuenta con quién estaba desde hace un año.

--¡De acuerdo! Dime, ¿gozaste regodeándote con sus recuerdos?, ¿sigue siendo igual de bueno como cuando te abandonó?

--Más vale que cierres la boca Jacob, me estás lastimando.

--Claro que te lastimo, es evidente.

--En serio, deja de hacer eso. ¿Qué es exactamente lo que te molesta? Estoy contigo, te amo y ¡una maldita bolsa no perjudica nada mi sentir!

--¡Mentirosa! ¿No te percatas de lo mucho que te conozco? –Su cuerpo temblaba de los espasmos ocasionados por el coraje contenido-- Para mí tus pensamientos están escritos en tu frente. Tatuados. No necesito de ningún don para conocerlos.

--Jacob cálmate, estás temblando.

--¿Cómo quieres que me calme? ¡Ayer hicimos por primera vez el amor, cumplimos un año y por si fuera poco te entregué mi espíritu! Y tú… –se retorció con un movimiento lo bastante agresivo como para que me ocasionara miedo—tú sigues añorándolo.

Me hice para atrás a manera de reflejo frente al peligro que estaba a punto de someterme. Debía de reaccionar rápido, evitar la cólera de un hombre lobo. Para salvar a Charlie, también, corrí hacia el bosque, allá no estaba más segura pero al menos mi padre sí. Fue el plan más brillante que se me ocurrió.

Jacob me persiguió, su instinto animal lo hacia ir tras de la presa. En cuanto más me iba adentrando se me dificultaba el camino. La angustia resonaba en mis oídos, escuchar a mi corazón debilitó mi fuerza interior. Fuera lo que fuera e hiciera lo que hiciera Jacob me alcanzaría, era inútil y estúpido seguir con este plan, pero lo intentaría a favor de lograr calmar a la bestia.

Desgraciadamente resbalé, me rasguñé las manos con las piedras, las ramas y raíces que había en el suelo del bosque, me giré, de vista al cielo, al no responder rápido y levantarme para seguir en la huida. Me aterré al escuchar las pisadas de lo que venía corriendo detrás de mí, Jacob sí había entrado en fase, mis movimientos se petrificaron. El lobo me saltó encima, en mi mente vi a Emily. Sus marcas, la deformidad de sus facciones y entendí… el andar con un hombre lobo podía ser dolorosísimo; Jacob jamás hubiera deseado herirme, sin embargo su otra personalidad sí. Comencé a llorar. Las fauces del lobo estaban en mi cara. Cerré mis ojos, esperando la primera zarpada o mordida.

Lo que han de haber sido segundos para mí fueron horas. Algo se desplomó en mi cuerpo, algo tremendamente pesado. Pero no sufría de laceraciones o cortadas profundas. Abrí mis ojos. Jacob, el hombre, me aplastaba. No estaba dormido, más bien escondía su cabeza entre mi cuello y mi hombro. Mi corazón latía como loco, sin tregua. Mi cara estaba bañada en lágrimas. Respiré hondamente y exhalé con alivio, el peligro ya no me asechaba. Jacob subió sus manos a la altura de mis costillas me tomó con fuerza encarcelándome en ese espacio.

--¿J-Jake? –me temblaba la voz.

Una de sus manos se fue directa a quitarme el jeans. Eso me distrajo. Sus labios se agolparon en mi boca en ese descuido, robándome el poco aliento que guardaba con un beso intenso y desgarrador. Sus caricias comenzaron a ser desenfrenadas y toscas, tenía el recelo por cómo me estaba tratando, aunque esta vez la conveniencia fuera mi aliada infalible, pues no lo detendría si ésa era la manera de tranquilizarlo. Esta noche el lado primitivo y salvaje de Jacob se apoderaba de él y de mí. La epifanía terminaba.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaa el mejor capitulo muy fuerte a!!!!!!!!

diana dijo...

Gracias por seguir publicando estos escritos...cuando publicas el siguient?

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