miércoles, 2 de diciembre de 2009

capitulo 12º "veneno"

Nota 12: Las magnificas recomendaciones de la musa rockera son The truth de Good Charlotte,To live is to die de Lacuna Coil, Lux Aeternade Clint Mansell, The swan song --instrumental--de Whitin Temptation.
Otras más de mi cosecha: Gravity de Sara Bareiles, Always y Make a memory de Bon Jovi y Don´t jump de Tokio Hotel.

GRACIAS POR EL APOYO!!!
AHORA SÍ----que comience la magia...



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Kristen Stewart and Robert Pattinson Pictures, Images and Photos
12. Veneno

“Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!

Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hiciste el agua, la flor y la estrella;
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!”

J. A. Buesa . La Culpa.

Edward POV

La luz de la luna, que se colaba de la ventana principal, se extendía a lo largo de la habitación, embelleciendo cada rincón. A través de mis ojos los objetos, las formas y los detalles eran más nítidos en la negrura.

La carita de Mi Vida lucía con más esplendor gracias al baño de plata que le concedía la diosa de la noche. Sus preciosos ojos chocolate, que danzaban en busca de casos incompletos, se transformaban en guías que serenaban a la parte oscura de mi ser; la engañaban o tal vez la hipnotizaban. Lo cierto era que fue posible permanecer inmóvil enfrente de ella, sin ese enloquecedor deseo que le causaba tanto para el vampiro, como para el hombre.

Escogí “verdad” y por eso ella estaba callada y dubitativa. Se debatía en su fuero interno por atacarme con la pregunta más apropiada.

Me parecía divertido el “reto”, pero ¿para qué empezar por lo mejor? Además tenía una curiosidad morbosa por averiguar qué le intrigaba saber de mí.

--Ok, ya sé—dijo decidida y me clavó su insinuante mirada—. No te vayas a reír—advirtió—. Te aviso que nunca he salido más allá de las fronteras de E. U. A. –hizo un pausa breve y continúo— Intuyo que el peculiar acento con el que hablas proviene de una larga estancia en algún lugar del extranjero; deduzco que es… ¿italiano? –caviló y dio pauta para mi respuesta.

¡Era tan notorio! No es que sobreestimara la inteligencia, ni la agudeza de los sentidos humanos de Mi Vida, pero juraría que en su caso no lo detectaría por el shock del accidente. Me había dejado perplejo ante su pregunta. Era fascinante que alguien tuviera esa habilidad. Me encantaba más estar enamorado de ella. Era la humana perfecta para mí.

--Así es señorita Swan –dije alegre y ensanché mi sonrisa—, estoy en plena batalla por deshacerme de él, al menos en lo que resta de mi estancia en América. ¿Sabes? –Me torné serio—. Me parece extraño que lo hayas notado, porque “se supone”—enfaticé—que estabas en shock. ¿O no era así señorita Swan? –tenía que recriminárselo de alguna manera.

Su expresión valía oro, esa vergüenza y ese desconcierto en sus ojos dentro de sus facciones eran tremendamente adorables. Cada movimiento humano en ella se semejaba a la gracia con que una flor extendía sus pétalos ante el calor del astro rey.

--Olvídalo –expresé después de saciarme visualmente de sus gestos— ¿Verdad o reto?

Se aclaró la voz y parpadeó dos veces para recomponer su estado, luego, tras un escrutinio de ideas y de sus posibilidades enunció su veredicto.

--Veamos que tan malo eres ahora Edward –comentario sin el mayor esfuerzo de reflexión—Pido “reto”.

--Esto va a ser muy interesante –dije malévolo.

Extendí mi pierna derecha, afuera del plano de la cama, y metí mi mano en la bolsa del pantalón. Bella observaba mis acciones con suma expectativa. Encontré rápido el objeto que causaría revuelo y lo envolví en mi mano para que ella no lo viera hasta el instante en que su cara quedara enfrente de mí.

--El reto consiste en que traigas puesto esto –sostuve con mi dedo pulgar e índice el anillo, exponiendo a la luz de la luna el pequeño diamante—Sé que por tradición no va en la mano derecha, pero es un reto.

Tragó saliva y sus ojos se abrieron como platos. El ritmo de sus latidos era como una orquesta en pleno clímax. Le tomé la mano derecha y le acomodé el anillo en el anular. Me afligí mientras realizaba la acción. Mi Vida iba a casarse.

--No es lo que parece –susurró apenada y vio la argolla con tristeza—Ni me acordaba de ella… Soy peor de lo que pensé –dijo con remordimiento e intentó sonreír, pero fue un fracaso.

--Lo siento... Recuerda que no puedo leer tu mente y, pues, creí que te causaría alegría tenerla otra vez contigo --aguardé un minuto--. Lo siento.

Levanté su rostro y le sonreí para ver si eso la animaba.

--No importa—dije amable y revisé su mirada—. Que no te afecte esto. Sea por quién estés así, o te cause sentirte así Bella, no permitas que te dañe –supliqué y extendí mis manos a lo largo de su cara. Si era por él no se lo merecía, y si era por mí… bueno, yo no valía la pena—. Sigamos mejor ¿de acuerdo? Todavía tienes un cuento que relatarme, ¿recuerdas? –dije pícaro y le guiñé un ojo.

Respiró hondo y movió pobremente la cabeza en representación de un “sí”. La luz de luna volvió a cubrir su piel estelar.

--¿Verdad o reto Edward? –musitó.

--Desquítate: “reto”.

Se entusiasmó con mi declaración. Viró los ojos hacía la salida del cuarto. Ya podía imaginar su “reto” y sí que era astuta y maligna.

--Quedo bastante comida de la que pediste, ¿lo sabes?

--Mjummm –sonoricé en afirmación a su cuestionamiento.

--No esperaras que yo me acabe sola todo eso, ¿verdad?—dijo juguetona.

--En realidad pequeña humana era para que tuvieras de donde escoger –dije con tono agrio.

--Muchas gracias Edward, pero ¡quién sería yo sino comparto el pan y el vino! Es de mala educación –ironizó, pero mi demonio reaccionó ante el vino; tragué el veneno—. Por tal, te reto a que te comas completo alguno de los platillos que quedaron… Enfrente de mí –rescató antes de que me parara y fuera a la otra estancia.

Chiquilla mala, bien sabía que no me afectaba comer los alimentos humanos, sin embargo conocía que no era algo placentero para mi cuerpo y aún así me retaba.

Los vampiros, por muchas cosas, éramos una raza superior a la de los hombres. Sus necesidades naturales –por dar un ejemplo— eran un obstáculo para alcanzar su perfección. Nosotros sólo reaccionábamos a la del hambre, cierto es, pero la sangre que consumíamos se absorbía por completo y por ende nada de ella se eliminaba del cuerpo humano con el que caminamos entre los hombres.

La sangre en sí, era caloría, proteína y mineral al mismo tiempo para nosotros. Por así decirlo, si llegásemos a consumir cosas de humanos, el mismo cuerpo comenzaba el proceso de metabolismo, pero no servía de nada... era como consumir chatarra para un hombre. La molestia de desechar la materia orgánica excesiva no era un problema para los humanos, pero para los vampiros se convertía en un momento desagradable.

Seguramente tendría que vomitar cada pedazo que ingiriera de ese plato en cuanto se quedará dormida y ¡eso sí era asqueroso! Pero más repugnante sería sentir el proceso de metabolismo en mis órganos si dejaba dentro todos esos sólidos.

Ya quisiera observar su reacción si le pusiera este reto con mi actual dieta.

Llevé el platillo que me pareció menos fuerte de alimentos: contenía una ensalada verde, salmón frito y una guarnición pequeña.

--Aquí está señorita Swan—le mostré el plato con la comida—. Espero disfrute el espectáculo –dije elocuente y me volví a acomodar en la cama con las piernas entrecruzadas.

Mastiqué cada bocado como un humano. Tragué con repugnancia ciertos pedazos de comida, ésos que vomitaría con más premura. Su cara me definía lo sorprendida que estuvo cuando por fin me vio devorar la última migaja de ese alimento.

--Wow, creí que no podías ingerir tanto alimento. ¿Eso no te va hacer daño?—sonó realmente preocupada.

--No, para nada –moví mi cabeza en negación. No me dañarían, pero eran innecesarios.

--¿Tu cuerpo va a digerir la comida como nosotros? –levantó una ceja.

--No, son diferentes nuestros metabolismos –no le iba a explicar que para mí su comida era chatarra y que necesitaba vomitar en cualquier rato libre cierta porción de lo ingerido o estaría molesto— ¿Verdad o reto señorita?

--Probemos con: “verdad” –dijo cautelosa.

Tenía un millón de preguntas para ella.

--¿Qué hacías conduciendo una motocicleta… bajo una tormenta… con dirección al sur… en lunes… en horario escolar… y con una velocidad imperdonable por el jefe Swan?

--¡Vaya, parece que no se te escapo nada! Yo no hubiera podido decir tantos significados en una misma pregunta. Sólo por eso te mereces una buena respuesta –puse mis ojos en blanco, ella bufó y observó el plato que ahora estaba acomodado a un lado de nosotros, le daba pena enfrentar mis ojos.

“Huyo de mi casa. La pickup es muy lenta y en la mañana me urgía salir de los límites de seguridad de Charlie. Como escuchaste hace unas horas atrás, me enojé con él y por eso no me importaba el límite de velocidad. En mis pensamientos sólo escuchaba: “más rápido, no te detengas” y cosas así. No tenía un rumbo fijo a donde dirigirme, pero si me iba a Port Angeles, a Seattle o a Olympic me encontrarían en un santiamén.

“Por otra parte, sé que es día de escuela, y el que fuera justamente hoy el día de mi rebeldía juro que es mera coincidencia. Tú conoces lo responsable que soy y jamás faltaría si tuviera algo pendiente. Sin embargo con tu amplía experiencia has de recordar que en esta temporada del año, los de último grado ya estamos casi liberados. Una semana sin mí, no va a afectarle a Forks ja ja –se rió de nervios.

“La tormenta me tomó por sorpresa, me aterré tanto –se sacudió por el recuerdo—La llevaba bien librada, hasta que pasaste a centímetros de mí con tu escandaloso Porsche amarillo. Cuando menos me di cuenta la mano izquierda –la levantó—se me resbaló del manubrio. Entonces sí que llegó mi perdición: apreté muy fuerte el freno y bueno… lo demás son vueltas, esguinces, torceduras y un vampiro cortés que por alguna razón extraña me ha ayudado mucho –bajó su carita después de sonrojarse. Era muy adorable.

--Eso explica sólo una parte. Pero está bien. Respeto el esfuerzo por darme una visión amplia del por qué te volviste a cruzar en mi camino.

--¡Oye no! –Reclamó—Tú te cruzaste en mi camino.

--¿Yo? ¿Quién debió estar en la escuela?, ¿a quién se supone que no le gustaba la velocidad como para nunca conducir una motocicleta? –Demandé—Todo estaba fríamente calculado. Tú te cruzaste en mi camino. Fin de la discusión. Elijo “verdad”.

--Ah –contuvó el grito y prosiguió– ¿De dónde venías antes de toparte conmigo?—retó con su tono de voz.

--De Oregón.

Respondía sólo con la verdad. No podía acusarme; que no fuera elocuente mi argumento era sólo porque sus preguntas habían sido muy escazas de cuestionamientos. Si quería que explicara sobre mis acciones durante esta ausencia debía ser más astuta y precisa, de otra manera evadir su curiosidad me resultaría juego de niños.

--Edward, ¿eso es lo único que vas a decir? Ni siquiera un chico de doce años responde tan mal.

--Te estoy diciendo la verdad. Que tú no te estés esforzando por formular tus preguntas… —me interrumpió.

--No seas grosero –dijo con certeza; ese comentario había sido nefasto—yo no pienso tan rápido como tú, ni tengo años de experiencia lidiando con las emociones. Te pido que me comprendas un poco. Soy una torpe humana y este día ha sido muy difícil para mí. Prometo mejorar mis preguntas ¿ok? Ahora responde bien, por favor –rogó.

--Discúlpame, tienes razón, mis modales no fueron los adecuados. Perdón –dije solemnemente y sus latidos se igualaron a los de un ratón—. Estaba en Oregón porque tuve que matar a un vampiro –dije desinteresado para que no la alarmara tanto.

Oí como tragaba saliva y sentí su presión descender.

--¿Matar? –susurró.

--Sí Bella, matar. Era un vampiro que tenía el don de hipnotizar a los humanos y a los vampiros más débiles. Su nombre era Riley –su respiración se entrecortó.

--Riley… ¿un vampiro güero como de unos dieciocho años?

--Supongo que pudo haber tenido esa edad cuando lo transformaron. No lo sé. ¿Por qué tanto interés? No me digas que era tu amigo, porque ese vampiro estaba loco.

--¡No! –Dijo asustada—A Riley lo transformó Victoria –se estremeció.

--¿Y tú como sabes eso? –dije incrédulo.

--Hace como diez meses Victoria trajo a Forks un ejército de vampiros neófitos en busca de mí. ¡Sabes lo aterrante que fue eso! Han de haber sido como diecinueve vampiros en total. Venían en busca de mí.

“Victoria quería venganza… una venganza bastante fuera de contexto, pues tú ya no estabas conmigo. Y según Laurent ella quería cobrarse mi vida a cambio de la que tú le habías arrebatado” –dijo con ansiedad en la voz.

--Bella tranquiliza a tu corazón. Ya paso todo eso y estás aquí –le extendí una mano para tocar su pecho, a la altura del corazón— ¿Por qué volviste a ver a Laurent?

Bella vaciló, pensándolo antes de contestar.

--Te extrañaba mucho Edward –me destrozó escuchar como lo decía, su sufrimiento lo transmitía a leguas—. Un día fui en busca de aquel prado donde solíamos estar, ahí lo encontré… Hambriento. Casi me mata –mi cara se llenó de odio y ella agilizó el relato—, pero la manada llegó a tiempo y lo mató a él. Esa fue la primera ocasión que los lobos salvaron mi vida. La segunda fue exactamente cuando Victoria nos atacó con su sequito de vampiros recién creados.

“De los diecinueve que venían con ella, Riley sobresalía porque era la cabecilla, pero al ver que perdían y que Victoria peleaba para su propia sobrevivencia, Riley se escapó. Jacob trató de alcanzarlo, sin embargo hubo un inconveniente que lo distrajo: Leah, una chica – lobo.

“Un neófito se le había abalanzado ferozmente y Jacob reaccionó con rapidez, mas no previno que aún estaban dos vampiro alrededor. En conclusión… hubo que ayudarle a Jacob y Riley se quedó como un temor constante durante cuatro meses. Hasta que se perdió por completo su pista”.

Comprendía la reacción de Mi Vida ahora. Toda la angustia que vivió y los obstáculos por los que a travesó, gracias a que le abrí las puertas de este inframundo, eran como para haber vuelto loco a cualquier humano, pero ella estaba cuerda y lo peor es que se arriesgaba a caer en las sombras al estar conmigo. Me odié como nunca.

--Bella, discúlpame por tantas y tantas malas experiencias que le deje a tu vida –escondí mi rostro entre mis manos—. Ves porque no te convenía, ¡tenía razón! –dije mortificado—. Te aseguro que desde ese enfrentamiento con Victoria no has vuelto a ver a un vampiro. Hasta el día de hoy –me corregí al instante.

Tocó con su mano tibia mi barbilla e intentó levantar mi rostro. Suspiré y la miré arrepentido.

--A veces deseé que regresaras conmigo, otras deseé jamás haberte conocido –dijo tierna—. Pero el deseo que siempre perduró y desfalcó a cualquier otro fue: Volverte a ver –su corazón se desbocó y si el mío latiera hubiera sufrido un paro por la emoción que despertó Bella en mí—Imagina lo que es escuchar tu voz de la nada ¡y sólo porque tu falta le dañaba tanto a mi cuerpo! Pensar y pensar en ti llevó a mi cerebro a enloquecer, te revivía de una manera tan real. Sí, fue lo más chiflado que he pasado. Pero no me arrepiento de la esquizofrenia que me hizo sentirte cerca cuando te necesitaba. Así que no insinúes lo de la conveniencia como algo a tu favor –se inclinó hacia mí—. Porque anhelaba cada noche, hasta la de ayer mismo, que pudiera verte otra vez. Yo te llamé con mis pensamientos. Y no quiero darte un perdón por algo de lo cual no eres culpable.

Te amo Mi Vida, ¡te amo! Que ganas de abrazarla y de cambiar el rumbo del destino, mandar al diablo a los Vulturi y de fugarme al rincón más inhóspito del mundo con ella.

Pero no…

--Creo que tus palabras trascienden demasiado en mí, y eso está mal –hice una pausa para sosegar mi locura de gritarle que la amaba—. Alice me dijo que pensara en por qué nos volvimos a encontrar –aprisioné su mano en las mías—y no quiero, no pretendo destruir tu vida una vez más. Ahora estás tranquila con alguien que te ama y aunque no me parezca su condición, tan si quiera él no te pone en riesgo tan mortuoriamente.

Los dos nos quedamos callados, nos miramos melancólicos por un largo rato, descifrando los pensamientos del otro, hasta podría decir que disfrutando de los únicos momentos que nos permitiría el tiempo estar unidos.

La tensión se convirtió en paz y el cuarto en nuestro refugió de lo que Dios nos había propuesto ser. Fuéramos por natura el depredador y la presa, aquí esas leyes se desvanecían para mostrar sólo las almas eternamente enamoradas. Aunque tal vez yo no tuviera una, Mi Vida me la creaba.

Cuando el corazón de Bella dejó de estar turbado por las emociones, me aventuré a continuar el rumbo de la conversación, de la cual jamás debimos desviarnos.

--¿Verdad o reto? –murmuré.

--Ay Edward –se quejó y suspiró—. “Verdad”.

Quería saber a qué se refería con lo de “la voz”, sin embargo retrocederíamos a temas dolorosos y lo más propio sería evadir por el momento aquello.

--¿A qué Universidad irás?

--Uy… este… bueno, si te refieres por “ir” en este próximo año escolar… no voy a ir a ninguna –se mordió el labio, esa era una de los gestos que más extrañaba de ella.

--¿Disculpa? ¿No vas a ir a la Universidad? Te has vuelto loca, no puedes perder el tiempo –dije molesto—Si es porque te vas a casar me opondré a tu boda desde este preciso instante. Y mira que no me desagradaría pelearme con tu licántropo.

--Ja ja ja –se rió e iluminó aquel lúgubre ambiente—No tonto, ja ja ja, primero muerta antes que dejar mis estudios por casarme. ¡Vaya ocurrencia Edward Cullen!

--Entonces ¿por qué truncas tus estudios? –dije irritado—No me parece nada coherente que teniendo tan poco tiempo para vivir quieras desperdiciarlo en banalidades.

--Edward, no todos somos inmensamente millonarios, ni procedemos de una familia acomodada. Tengo que trabajar durante este año para completar mi colegiatura. No me pienso meter en una universidad cualquiera, ni mucho menos estudiar algo que no sueño, sólo por la falta de dinero.

--Muy razonables tus argumentos –dije más tranquilo—Permíteme pagar tus estudios. Cuando has vivido tanto y no tienes hijos, el dinero no es un problema. Y nada me daría más gusto que ser el medio para que alcances uno de tus sueños. Digamos que te adoptaría como la hija rebelde que nunca tendré –ironicé.

--Eso sí es un chiste de mal gusto Edward –aseveró—De ser tu ex novia ahora ¡voy a ser tu hija! Jamás, ¡qué asco! Además el único sueño que toda chica tiene ya lo hiciste realidad –dijo temerosa—. Confórmate con eso.

--¿Así? Podrías ser más clara, no te comprendo.

--Ash Edward, qué no es obvio –dijo burlonamente—. Toda chica sueña con vestir Donna Karan –dijo sarcásticamente y señaló su ropa.

--¡Ah! Pues en ese caso, yo no he sido el causante de la realización de tu sueño, sino Alice –afirmé con mofa.

-- ¡Alice! Debí de haberlo supuesto ¿Dónde anda?—preguntó entusiasmada.

--Mmmm… por la hora que es, ha de estar rumbo a Alaska.

--¿Alaska?, y ¿dónde estaba antes?

--Ves como siempre sientes curiosidad –la miré con agrado—Vive en New York con Jasper. Alice ha decidido invertir su dinero y su tiempo en lo que mejor sabe hacer: Moda. Es dueña de una cuarta parte de la marca con la que te vistió hoy. Por cierto, me comentó que era un regalo de reconciliación –sonreí de la manera en como le gustaba más a Mi Vida.

--Edward… me aturdes.

--Lo sé –dije orgulloso.

--Arrogante.

--Inteligente, diría yo –dije con tono vanidoso y después volví a sonreírle—. Y van para Alaska porque quedamos de vernos allá… reunión… familiar. Ya sabes –levanté mis hombros y cerré mis ojos instantáneamente.

--Ok, salúdame a todos, si no es molestia –dijo inocente, después estiró sus piernas—. Espero no estar retrasando tus planes.

--No –respondí seco. ¿Cómo explicarle que prefería su compañía?

--De acuerdo –respiró hondo—Y regresando: Amar. Ese es el sueño que toda chica desea.

Evadí su comentario con movimientos. Recogí mis piernas y las abracé, entremetiendo mi cabeza en el hueco estas dos. Tuve miedo de meterme en terrenos que nos llevaran de nueva cuenta a mi inevitable rendición. Ya había firmado mi sentencia de muerte con los Vulturi y atraerla a mi mundo sólo le destrozaría más el corazón cuando llegara el tiempo de despedirme de este plano. Ella notó mi desconcierto y mi falta de elocuencia así que prosiguió.

--¿Verdad o reto? –interrogó con alegría. Era un ángel mi preciosa Bella.

--Ha ido bien la plática, así que “verdad” –expresé y extendí mi brazo derecho para pasarle el dedo índice por el contorno de su nariz, Bella cerró los ojos y sonrió.

--¡Claro! –Abrió estrepitosamente sus ojos chocolate-- ¿Cuánto tiempo llevas sin respirar? Porque según yo son más o menos unas ocho horas y me sorprende que no te haya fastidiado estar sin ese sentido.

Bella había cambiado mucho desde que me alejé de ella. Para empezar, notaba que su percepción se agudizó y que su temperamento no era tan temeroso como antes porque si se podía enfrentar a su padre, salir en motocicleta a una velocidad audaz y retar a un vampiro ya era dueña de una tenacidad admirable, para sus dieciocho años, aunque también esos mismos motivos denotaba rebeldía. Lo cierto era que había madurado.

--Muy observadora señorita Swan. Veamos –reflexioné y ella imitó la postura con la cual estaba sentado—, te encontré a las nueve veinte de la mañana, son las dos con ocho minutos de la madrugada, eso da un total de diecisiete horas. Menos una hora por los minutos en los que fui por tu moto y me fugué por alimento. Dejemos la aproximación a unas dieciséis horas sin aire.

--¡Eso es muchísimo tiempo! Yo imaginaba que te habías privado del aire sólo lo que llevábamos hospedados. ¿Temes que mi aroma te agarre desprevenido?

--Sí, temo que tu aroma me guste tanto como cuando que te conocí. Y no hay que tentar a tu suerte –dictaminé.

--Oh—agregó temerosa—. Pero debe de haber otra explicación… Algo que estás ocultándome –dijo curiosa y buscó mi mirada entre las sombras—, porque antes sí respirabas en mi presencia y, si no mal recuerdo, hasta decías haber superado la tentación de mi sangre… y ahora ¿no? – dijo cautiva y halló la respuesta en mis ojos.

Su reacción fue apartarse; poner la distancia debida entre nosotros. Después de mover de un lado para otro su mirada regresó a verme. Estaba contrariada pero su instinto, como siempre, no era muy perspicaz cuando de evadir la muerte se trataba.

Inclinó su torso para acercarse a mí. Con el dedo índice rozó mis pómulos y el contorno de mis ojos. La sensación fue en extremo agradable, como caricia de viento en un día de verano. Disfruté su tacto cálido con mayor placer del que me habría imaginado jamás. Olvidé por dos minutos el motivo por el que se había suscitado dicha expresión. Dentro de mi cabeza se debatían las ideas. ¿Decirle la realidad o maquillarla? La única abominación sería mentirle.

--Cuéntame –pidió—. Confía en mí, no hay nada en tu mundo que me asuste –aseveró—Tiene que ver con el tono de tus ojos ¿o no? –Recorrió mi ojo izquierdo con su dedo—Ya no son dorados como antes. Son como… cobres.

--Muy observadora, demasiado para ser una humana –musité y giré mi rostro a la ventana; miré el cielo nocturno—. Bella, ¿recuerdas por qué nos autonombrábamos vegetarianos?

--Sí.

--Pues digamos que mi dieta ahora es balanceada –dije serio y la miré por rabillo del ojo su expresión— ¿Comprendes lo que eso significa?

--Pero… tú no matarías gente inocente. ¡Ni lo has hecho! –declaró muy segura de sí.

--¿Qué te hace pensar y defender ese criterio? –discrepé.

--Tú nunca lo harías. Lo sé –enfatizó—. Por mucha sangre humana que te hayas bebido en este tiempo, estoy segura que nunca les hiciste daño a personas inocentes.

Eso era muy cierto, continué matando sólo hombres ruines que no debían vivir en la sociedad como seres libres. Mi remordimiento ya era muy grande como para sumarle un alma sin pecado. Mi Vida lo sabía, eso me llenaba de orgullo, pues aún siendo el peor de todos los seres, ella seguía creyendo en mí.

--Me dejas anonadado. Parece que estás aprendiendo a leer la mente –ironicé—. Efectivamente, no he matado a alguien que no se lo merezca.

--Y te juro que no me matarás—agregó—. Porque de haberlo querido así, ya me tuviste bastante expuesta a ti durante el accidente. Esta hora misma frente a ti he sido presa fácil y sin embargo estás jugando conmigo… No tengas miedo –persuadió—. No vas a matarme, lo sé –alentó con voz dulce.

--¿Ahora ves el futuro?

--No –dijo molesta—, pero veo tus acciones. No quieres hacerme daño y tu mente le gana a la materia ¿recuerdas? Tú me lo dijiste.

Medité en esa frase, mi mente retrocedió el tiempo: el cuarto de Bella, el primer beso, nuestra cita en el prado. Todo parecía un hermoso sueño ahora.

--Sí, tienes razón. Fue hace tanto… ¿cómo es posible que te acuerdes?

--Todo lo que respecta a… ti, lo guardo en mi mente con sumo cuidado –dijo avergonzada.

--Yo también… —la ternura fluyó en mi voz—y por eso sé que eres peligrosa… para mis sentidos.

--Deberías intentarlo.

--Tal vez después. ¿Verdad o reto?

--“Verdad”.

--Relátame cómo fue la bella historia de la Caperucita Swan.

Bufó y rodo los ojos.

--Erase una vez en un pueblecillo llamado Forks, cuyo cielo casi siempre era gris; ahí vivía Caperucita. Al principio no era feliz, le disgustaba el clima húmedo y su escuela. Pero conoció a su primer amor y todo cambio para ella. Los días ya no fueron insoportables, ni se volvió a sentir sola, porque su increíble novio siempre estaba ahí.

“Un día, dando un “paseo” por el bosque, él le dijo que ya no quería estar con ella, que no le convenía, y que se iba –cerró sus ojos y su mano derecha aprisionó su pecho—. La abandonó...

Durante cuatro largos meses la Caperucita se extravió en el bosque oscuro de la desesperanza. El sol no salía ahí, el aire era escaso y los días parecían no pasar. Siempre era de noche.

Entonces, inesperadamente el lobo cobrizo apareció. La cargó en su lomo y la sacó de ese atolladero.

A lo largo de tres meses se dedicó a cuidarla y a procurar que sanara. Varias veces la salvó de perderse nuevamente en aquel lúgubre bosque. La entretenía y le otorgaba cariño sin recibir nada a cambio –unas lágrimas se le escurrieron al recordar esta parte, yo estaba tremendamente afectado por el relato—Después de rescatarla del océano, pues “Caperucita Idiota” había saltado de un acantilado sin prever las consecuencias”.

--¡Qué estás diciendo! ¿Un acantilado?, ¿te volviste loca o qué? –dije irritado.

--Cálmate, ¿si? Ya te dije que me volví esquizofrénica. Quería volver a escuchar tu voz y cada que me ponía en peligro eso pasaba; además no era una osadía, todos los chicos de La Push lo llevan acabo por diversión. Hasta yo lo hago… bueno, ahora sé que hay que hacerlo sin mal tiempo.

--¿¡En cuántas malditas situaciones de riesgo más te ha puesto ser novia de ese perro!? –grité.

--¡Ey cuidado con tus expresiones! –Advirtió enfadada—. Por esa misma razón me estoy escapando de mi casa, y no me importaría irme con todo y collarín y esguince en este preciso momento. Así que bájale dos rayitas a tu mal humor –me señaló con el dedo y su expresión se turbó en molestia—. Para Charlie y para ti les es tan fácil criticar mis conductas, porque desconocen que Jake jamás me pondría en riesgo.

“Jacob, ¡NO, PERRO! –Seguía enojada—, me ha protegido durante todo este año sin importarle cuán peligrosa sea la situación ¡Ha expuesto su propia vida por mí seguridad! Y por si eso se te hiciera poco, yo estoy inmensamente agradecida con Jacob Black, porque no ha parado de luchar ni un segundo por mi equilibrio emocional.

Y eso es lo que más me duele, porque yo estoy aquí, disfrutando de tu compañía, mientras él… –sollozó—sufre porque de alguna forma intuye con quién estoy, y eso le ha de estar desgarrando el corazón porque… porque… –disminuyó su tono de voz y apretó los parpados con fuerza para no llorar— ¡porque sabe que nunca te he podido arrancar de mi corazón!” –gritó y abrió sus torturados ojos de ángel.

Volteé mi rostro a un costado y miré el edredón blanco que cubría la cama. Me avergonzaba haberla puesto colérica. Mis modales estaban siendo afectados tremendamente por su presencia. Tenía que ser más cauteloso si no quería explotar o ser impulsivo frente de ella.

--Perdón –dije y aguardé a que se le pasara el sentimiento.

Por otra parte, no pretendía obtener tanta información de su perro sarnoso, pero tampoco iba a engañarme: me alegraba infinitamente. Si para mí este año él había sido un fastidio, lo mínimo que podía esperar es que él sintiera la misma animadversión por mí. Ahora me regodeaba de felicidad ante el descubrimiento: Ese perro sufría.

Mi lado perverso deseó que esta misma noche lo corroyera el dolor, los celos y la angustia por imaginar a su prometida –MI VIDA— en mis brazos.

Las sensaciones de venganza comenzaron a atraer toda clase de memorias a mi cabeza. Entre todas ellas el insipiente junio por el cual quería cobrar cada sufrimiento de mis adentros.

Junio… Después de hundirme en la peor de las depresiones por añorarla tanto, regresé a Forks. No importaba cuánto tuviera que implorar, rogar y suplicar, lo haría con gustó y a toda hora hasta que ella me volviera a permitir entrar a su vida.

Era de noche cuando llegué. Trepé hasta su ventana. No había nadie en su habitación. Ella estaba en algún lugar de la casa, la alcanzaba a oler. Vacilé entre quedarme fuera o esperarla adentro.

Estaba a punto de introducirme a su cuarto, para pedirle perdón hasta la eternidad por haberme ido, por haber sido el ser más cobarde de la faz de la tierra… y en eso, las luces se encendieron. Me hice a un costado de la ventana para no ser descubierto y me quedé quieto ante la expectativa. Eché un vistazo –error garrafal—. Ella pasó, detrás él. El aroma de la nueva mascota de Bella golpeó mi nariz; fue ahí cuando supe exactamente que su “amigo Jacob” se había convertido en un licántropo.

Mi instinto me causó verlo con recelo. Los pensamientos de ese perro empezaron a bombardear mi mente: deseo, necesidad, pasión. Nada nuevo en los pretendientes de Bella. Entonces ella se volteó rápido a mirarlo y él le tomó la mano. Bella lo abrazó por el torso con fuerza. Sentí ganas de arrancarle la cabeza al maloliente licántropo, por aquellos insinuantes pensamientos, llenos de lujuria, que ostentaba para mi amada Bella.

Casi no podía contener la rabia y… el holocausto sucedió frente a mis ojos: se inclinó el maldito rumbo a su cara y ella lo besó sin esperar. Quedé perplejo. Acto seguido, las manos de los dos continuaron, preservando la oleada de lujuria que el insignificante humano emanaba. Ella no se resistió, al contrario. Corrió la ira por todo mi cuerpo.

¡Y lo supe! El perro lo gritó a través de sus pensamientos: Se deseaban y... eran novios.

Di un rápido salto al suelo. No requería presenciar aquello. Los celos me consumían, quemaban y dolían como un millón de alfileres clavándose en mi abdomen. Rasgaban, arañaban y sangraban a mi muerto corazón.

A partir de ese instante mi odio a los hombres – lobo se intensificó a grandes escalas. No volví ver a un licántropo de la misma forma.

Gracias a Caius y su fijación por deshacerse de todos los licántropos de Europa, fue que vengué mis rencores. Pronto me convertí en el líder de aquella encomienda de los Vulturi, sobrepasando incluso a Demetri y su don de rastreo.

Por cada lobo que mataba a sangre fría lo veía a él. Los ojos de todos los perros que asesiné eran los de Jacob Black. Las noches pasaban mejor cuando torturaba algún lobo con mis propias manos.

Con ciertos licántropos disfruté más que con otros, pero al final Europa quedó limpia de hombres – lobo. Y todo gracias a mi insano resentimiento.

Respiré sin reflexión alguna, estaba tan metido en mis recuerdos que cuando percibí a Bella y su exquisito aroma, me levanté de golpe, rumbo a la ventana y la abrí estrepitosamente –a velocidad vampírica—. Saqué todo mi rostro al exterior, necesitaba llenar mi nariz de un olor fuerte y constante en el ambiente. El del océano creí más prudente. Respiré y respiré. El demonio se enfureció y destiló mucho veneno. Tragué con dolor hasta la última gota.

--¡Edward no me evadas! –Dijo enfadada desde la cama. Estaba salvándole la vida y a ella se ponía impertinente ¡qué costumbre la de nosotros!— ¿Perdón? Eso es todo lo que vas a decir… ahahah… me exasperas Edward Cullen –gritó y se levantó; vino a la ventana.

Me miró y eso le bastó.

--Wow… --pronunció asustada, pero no se movió

--Y eso es quedarse corto –susurré.

--¿Respiraste?

--Sí, y casi te cuesta la vida.

Se estremeció y levantó el rostro para ver el cielo.

--¡Mira! –Dijo y señaló a la Luna para distraerme—Está preciosa.

--Sí, pero no basta. Su luz en tu piel es aún mejor –había logrado distraerme.

Se rió y su corazoncito se aceleró por décimo segunda ocasión en la noche.

--Gracias, que comentario tan lindo… y bien, ¿has quedado satisfecho del relato?

--No, ¿cuánto tiempo llevan? –mi curiosidad era basada en mi morboso deseo de saber qué hubiera pasado si hubiese llegado antes de junio.

--Mmmm… un año. Hace dos días fue nuestro aniversario… –musitó.

--Abril –declaré y conté los dos insignificantes meses por los cuales mi existencia se hallaba al borde del final.

--Sí…

--Listo, no tengo más preguntas. He sido informado de la verdadera historia de la Caperucita, o lo que soy capaz de escuchar. Creo que esta versión no es apta para niños, no deja ninguna moraleja para los pequeños. Es más, es un cuento de terror –dije con tono alegre.

--Por veces Edward. No ha sido tan mala –seguía viendo la luna— ¿Verdad o reto?

--Verdad, ¿qué más da? Creo que también tienes inquietudes.

-- Sí, desde luego. Entonces… ¡Italia, eh! Vaya que se fueron lejos. Te ha de gustar más allá que aquí… va más con tu estilo. Cuéntame ¿cómo les va a los Cullen en el viejo continente?

Esa cuestión me tomó inadvertido, creía que sus dudas se encaminarían a por qué la dejé o por qué la ayudaba. Fruncí el ceño. ¿Qué le respondía? ¿Lo de mi nueva familia –los Vulturi— o el paradero de por quienes me preguntaba?

Ni modo, con la pena, una vez más su interrogante no estaba bien planteada. Si me cuestionaba por los Cullen… le respondería acerca de los Cullen.

--Los Cullen no se fueron a vivir a Italia. Bueno –repuse—, Alice y Jasper fueron por una semana, pero fue hace diez meses. Así que no cuenta” –puse un gesto de victoria por haber salido del atolladero enunciando toda la verdad y sin que ella supiera mucho.

--Oh—musitó con nostalgia y descendió su mirada.

Se mordió el labio inferior, con tal fuerza que temí que se lastimara, hasta el grado de desgarrarse y provocar que brotara su sangre de éste. Comencé a sentir pánico, primero, por esa posibilidad y exaltándola por lo que acababa de ocurrir con su aroma, pero mi lado humano le ganó al demonio inmediatamente, pues me angustiaba desconocer qué la hacía comportarse de esa forma.

¿La había ofendido con mi respuesta?, ¿fui demasiado soberbio?, ¿qué había dicho mal?, ¿la asusté?, ¿la mención de los Cullen la puso así?, ¿o recordó algo?

Sus ojos comenzaron a llenársele peligrosamente de lágrimas, que contenía con toda su fuerza, sin embargo para mí eran apreciables a la distancia a la que estábamos y con la luz de la luna relumbraban.

Bella POV

No llores, no llores, no llores, no llores…

Me repetía sin parar mientras mordía penetrantemente mi labio. El calor se acumuló intensamente en mis mejillas, cuello, pecho y corazón. Mis ojos se nublaban, por el fino manto de agua que los cubrían.

La razón por la que había hecho caso omiso a mis sentimientos durante esta charla; por la que me evadía cuando le hablaba del amor que sentía todavía por él; por la que enfatizaba en mi relación con Jacob era… que tenía a alguien más… El único Cullen viviendo en Italia era Edward…

Mi mente inició el rodaje de una visión en donde el amor de mi vida estaba en Italia –sin su familia— con una joven impresionantemente preciosa, digna de su persona. Despampanante como él mismo.

Crepúsculos hermosos acompañaban sus abrazos y sus besos. Luego, a Alice y Jasper conviviendo con la perfecta pareja. Un año totalmente inigualable.

Edward se alejó de su familia, para irse a vivir a Italia con su alma gemela.

¿Debía alegrarme por él? A pesar del año siete meses en el que seguí despertándome por las noches en busca de él; del amor imposible de erradicar que me dejó; de la insipiente vida que llevé cuando me abandonó; del tatuaje en mi alma que no he podido borrar; de los sueños que jamás podré alcanzar. NO… NO ME ALEGRABA EN ABSOLUTO.

Sinceramente, Edward no sintió nada por mí, y por eso no regresó a Forks… Porque estaba en Italia.

Me faltó el aire para continuar el hilo de mis pensamientos. Sollocé sin querer y las lágrimas brotaron agresivamente.

Rugió como un león el vacio que existía en mi pecho. Había cobrado vida. Me llevé mi mano derecha al pecho para que lo sujetase.

Intenté respirar para no ahogarme. No funcionó, ¡no podía respirar! Una terrible desesperación me invadió. Quise moverme y mi cuerpo estaba entumido, mi cerebro no reaccionaba a mis mandatos. Entonces, todo lo que había delante de mí desapareció. La habitación se oscureció por completo. Ya no podía ver nada, ni siquiera a… a…

Bramó otra vez el vació con más fuerza y experimenté en carne propia como las tinieblas me tragaban, masticándome con sus afilados dientes y arrancándome el alma de un tirón. Mi cabeza punzaba dolorosamente, los giros que hubo adentro de esa oscuridad extrajeron las últimas energías de mis ser. Hice un esfuerzo para permanecer allí, en el limbo, tan sólo para pensar que hubiese querido contemplar, como último deseo, un paisaje que fuera desapareciendo a aquel amor, pero era tan difícil, más después de ver a Edward en brazos de otra mujer, o quizá vampiresa –no importaba en realidad—. Anhelé con más ganas entregarme de lleno a la muerte… La deseé y ella se manifestó. Dejé de respirar.

La soledad no es más que el vacio, muy parecido a la muerte pero en vida duele. Las sensaciones comienzan a desprenderse del cuerpo. Y entonces la gota del veneno de los labios del ángel de la muerte entra milagrosamente… se escucha a lo lejos su canto y el mundo vuelve.

--Bella ven a mí –rogaba sin cesar desde un lugar remoto—. Por favor Bella. ¡Respira! No te rindas ¡RESPIRA!

Dos… uno… cero. El aire entró a mis pulmones ferozmente. Volví a inhalar el elemento sagrado, con la misma necesidad que si me ahogara en una piscina: agresivamente y por la boca. Jalé y jalé aire, mientras veía aclararse mi visión.

Edward POV

Lo peor estaba por venir y no pude percatarme a tiempo.

Sentí casi como si helara, era una sensación muy parecida al vértigo. Podía percibir un halo de confusión y de desesperanza. Este campo magnético que se desprendía de ella invadió todo el cuarto.

Estaba ida en sus pensamientos. La toqué en el hombro para despertarla, para que reaccionara de una vez por todas, pero su concentración era como una barrera de la cual nadie podía flanquear.

Un escalofriante miedo recorrió mi espina dorsal, porque recordé su premuroso diagnostico de locura y su esquizofrenia. No podía estar peor la situación: Mi Vida se hallaba cayendo a las tinieblas de la locura enfrente de mí y ¡no la podía salvar!

Jamás sentí la angustia de esta manera; mis músculos se tensaron tanto que parecían ser rocas moviéndose toscamente en dirección a ella.

Bella se empezó a tambalear de un lado a otro, parecía que perdería el equilibrio en cualquier momento. De la nada se desvaneció y fue cuando vi la cara del peligro por primera vez.

Estaba perdiéndose en las oscuridades de su mente, ¡enfrente de mí!, y de esa forma tan repentina.

Tenía que hacer algo rápido, Mi Vida corría un riesgo inmenso si no la sacaba de su trance pronto.

La abracé para que no cayera y comencé a escuchar a su corazón latir lenta y pausadamente. Mi tiempo se agotaba a velocidad vampírica y su barrera se iba haciendo muralla con cada segundo que transcurría, ¡Mi Vida se me estaba yendo!

Intenté sacudirla pero tuve miedo de lastimarla más. Y entonces, la catástrofe se me vino encima: su presión descendió vertiginosamente.

¡CÓMO TE ATREVES HACERME ESTO, NO ME DEJES SOLO BELLA!, pensé con todo el dolor del universo.

Bella dejaba la vida sin importarle y yo no podía atraerla a la realidad. Su mirada se iba perdiendo hasta que cerró por completo los senderos de mi existencia.

Comenzó a jadear, le faltaba el aire. Rápidamente, y sin perder más el tiempo en lamentaciones, la acomodé en suelo e hice el último intento por regresarla al mundo, revivirla antes de… No, no, no, no. Bella había dejado de respirar…

Velozmente pensé en aplicarle la técnica de reanimación cardiopulmonar (RCP),

Maldita sea Bella, ¡tenías que hacerlo tan difícil!

Me percaté que su labio tenía una herida, tal cual me lo había imaginado. El reto iba a ser doble… y esto SÍ era un reto –qué ironía—: respirar su aroma y parte estar tan cerca de su exquisita sangre.

Perdóname Señor por lo que estoy a punto de hacer… que el cielo te proteja ángel mío, pensé con ferviente fe y cerré mis ojos para no ver lo que iba a hacer.

La fuerza del infierno me empujó para que me abalanzare sobre ella y la de los cielos, quizá, a enmendar el camino que había llevado a Mi Vida a suicidarse.

Toqué su boca y juro que fue la experiencia más dura que jamás me imaginé. Ardía toda mi garganta, era muy difícil contener todo ese veneno para que no entorpeciera mi acción. Mis músculos obedecieron a mi mente y contuvieron al demonio, mientras el hombre salvaba al ángel.

Le otorgué el aire que le hacia falta, abriendo con urgencia los conductos de sus pulmones. Y aunque su aroma fue la daga que laceró mi nariz y mis demás sentidos que quedaban avivados, lo continué.

¡Vamos Isabella!, no me dejes, no ahora, ¡¡¡RESPIRA CON UN DEMONIO!!!

No me importaba quedar insensible para la eternidad si podía traer de vuelta a Mi Vida.

Comencé a sentir desesperación y no sólo por el hombre que luchaba sin cesar sino porque la estaba perdiendo. El tiempo se agotaba… y así con el mar embravecido de sentimientos en mi cabeza y con todos los recuerdos de Mi Vida en mi corazón, le iba a dar la última insuflación.

--Bella ven a mí –rogué con vehemencia mientras tapaba su nariz—. Por favor Bella. ¡Respira! No te rindas ¡RESPIRA!



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Jalé el aire suficiente y el aroma de mi ángel lo acompañó. Cuando le aplique el RCP la fragancia de Bella descontroló por fin a mi demonio enclaustrado, por una millonésima fracción de segundo el veneno escurrió de mi boca e intentó traspasar a la suya. Me aventé lo más lejos posible de ella. Cuando topé con la pared, la melancolía me invadió y mis ojos, secos por un siglo, comenzaron a derramar una lágrima.

Todo estaba perdido… mis esperanzas, mi cordura y mi Amor. Ya nada valía la pena…

El cuarto era el infierno mismo.

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Pum… pum… pum…

Retiré mis manos de la cara y empecé a escuchar con más detenimiento. El momento del milagro… con la espesa noche y el brillo de la luna cayendo sobre su cara, comencé a escuchar al corazoncito de Bella dar latidos. No me pude dominar y me acerqué desaforadamente a gatas a mi ángel.

--Mi Vida, jala aire, ¡respira! —la abracé y comencé a tomar su pulso, el cual estaba volviendo a la normalidad— Mi Amor, ya estás en el mundo otra vez –dije muy emocionado y ella sonrió.

1 comentario:

Mary dijo...

Hola me llamo María!!! entre de casoalidad al blog porque estaba buscando información sobre esta maravillosa saga!!!...
La pagina esta barbara...lei cosas que desconocia como el articulo que publicaron sobre los caminos que recorrieron los escritos de la Autora antes de convertirse en exitos!!!
Devo confesar que por culpa de mi pc que esta muy lenta el día de hoy... no puede visitarla más a fondo... por lo que queria hacerles una pregunta leí los capitulos que colgaron... muy interesantes por cierto... lastima que los lei de manera desoradena pero igualmente ate las partes y uni la continuidad de los hechos... mi pregunta es... si esos capitulos son ineditos???... porque no puede ingresar a las paginas anteriores sin que se cuelgue mi máquina... si bien leí todos los libros incluso los 12 primeros capitulos y no espero que sean los unicos de sol de medianoche... no recuerdo haber leido algunos hechos que se sucedieron en estos capitulos!!! por favor si me pueden responder por mail o por aquí se los voy a agradecer... les dejo mi dire de e-mail es mary_dc19@hotmail.com!!! muchas gracias!!!

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