jueves, 24 de diciembre de 2009

capitulo 19 "desbaratandome"

**Los personajes e historia son obra y creación única de Stephenie Meyer -ya lo sabemos, gracias, continúen leyendo- la fuente mágica de los deseos es la única culpable de que yo reconstruya una historia alterna. FIN**

Nota 19: Las canciones para este capítulo son,Can I play with madness -The piano tribue to Iron Maiden-de Scott Lavender, All Nightmare longde Metallica(por la musa rockera) yRing of deathde X-Ray Dog, y pues está genial la melodía de Michael NielsenUp from the ashes.

¡QUÉ COMIENCE LA MAGIA!


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19. Desbaratándome

"Has que enloquezca, pero te lo ruego: no me abandones en este abismo donde no puedo encontrarte" E. Brönte (Cumbres Borrascosas).

Edward POV

Encontré a Tanya sentada en el pasto, a la deriva de sus pretéritos pensamientos, con la melancolía en sus ojos y la perspicacia en el gesto de su cara.

En cuanto la observé con mayor detenimiento, percibí con certeza esa expresión de desconcierto y acusación. Probablemente es que la conversación estuviera guardado un tono de reproche.

Tanya no era nada tonta, por el contrario, rallaba en lo astuta; le gustaba dar la apariencia de frívola para distraer a los vampiros que la rodeaban y lograr sus objetivos de forma discreta; había que aplaudirle varias de sus estrategias, aunque sus medios y algunos de sus fines me parecieran poco apropiados para una dama… Era indiscutible otorgarle el crédito a esa inteligencia innata con la cual se manejaba en el mar de los egoístas. Quizá por tal razón, por ese apreciable motivo, de saber que no me haría perder mi tiempo, es que me hallaba caminando en dirección a ella; aún con la asombrosa desesperación que me causaba Bella.

Luché con mis placeres, era sin cabida alguna un debate muy fuerte dentro de mi cabeza: escuchar las razones por las que necesitaba hablarme con tremenda urgencia o el constante alucinar por encontrarme en otro espacio, con otra mujer. ¿Deber o placer? ¿Educación o convicción? He ahí el dilema.

Inhalé hondo antes de saludarla, con el único motivo de buscar en el ambiente el aroma de Mi Vida, así fuera un leve atisbo de éste, alguna esencia por vana que fuera, pero necesitaba darle un poco de incentivo a mi paciencia. Intenté regodearme con pequeños y suaves efluvios que mantenía la brisa del lugar y afortunadamente pasó el milagro, mi demonio se encontró gratamente tranquilo una vez percibiéndola cerca, la podía sentir mucho más indefensa, mucho más dulce: placenteramente mía.

Diecinueve años, sólo diecinueve años y era capaz de mandar encima del mismo infierno… Ilógico.

A lo lejos, escuché el dulce latido de su corazón, más quieto y acompasado; Mi Vida había conciliado el sueño, ¡qué alegría! Respiré entusiasmado.

Sonreí instintivamente, mas lo que no esperaba es que fuera decodificado de forma errónea; Tanya, presta a cualquier demostración de afecto masculino, me distrajo con su pensamiento.

Me complace esa sonrisa.

Vanidosa y presuntuosa.

No me había fijado en qué vestía o cómo se encontraba hasta que obligó a observarla; llevaba un atuendo sugerente, desatinado para la mente de los humanos debido al clima por el que atravesábamos. Reafirmé mi teoría: Finalizar raudo su asunto.

Unos metros antes de alcanzarla, inició su despliegue de coquetería; primero irguió su espalda para que la curva natural de su torso luciera estética y después, a tres metros de ella, tomó el bubble blower, lo remojó en el jabón y creo un camino de burbujas para mí.

Bienvenido; aunque no creas que estoy totalmente contenta contigo.

¿Cómo si yo lo pudiera estar cuando me forzaba a permanecer en un lugar que no deseaba? Cortesia Edward, cortesía, me remarqué.

--Cuánto lo siento Tanya, y me apena más porque debo de preguntar ¿cuál es la razón? Honestamente desconozco de dónde provenga tu molestia.

Disparó una mirada incrédula y se levantó del suelo cual si fuera un pavorreal en pleno cortejo.

--No tendrías por qué conocerla –dijo con cierto tono de dolor—, ni siquiera te percataste de mí… Nunca he sido merecedora de tu atención. No te sientas culpable –terminó con un poco de arrogancia en su voz.

Me inmuté a sus comentarios, lo prudente en estos casos era permanecer insensible.

Edward… quisieras quitar esa barrera por un momento. Si antes veía necesario hablar contigo, no te imaginas cuán importante es ahora. Tendrás que disculpar mi atrevimiento y mi indiscreción, pero he escuchado casi toda la conversación que sostuviste con tus hermanos y ciertamente estoy desconcertada y muy enojada. Sé que no era de mi incumbencia, sin embargo las cosas pasan por algo. Y te advierto: ni te atrevas a mencionar en voz alta algo de lo que te diga, porque te tengo en mis manos… y sabes que no amenazo a medias tintas. ¿¡De acuerdo!?

Su pensamiento venía cargado de rencor y sus palabras estaban siendo enunciadas con verdadera seriedad.

Torpe, como era su costumbre conmigo, se le ocurrió la idea de amenázame, en el peor momento para mi tolerancia; la simpleza de que una vampiresa de su calibre me subordinara, me causó una tremenda indignación y mi prepotencia se hizo visible en cada músculo de mi cuerpo.

La cortesía se había acabado con ella en el momento exacto en que escuché de su mente el pensamiento: “te tengo en mis manos”. Chantaje puro e indignante.

Gruñí feroz y a continuación me acomodé en posición de ataque y presurosa Tanya imitó mi reacción.

Eres un tonto. ¿Crees que pelearías conmigo? o ¿que yo lo permitiría? Te recomiendo que te relajes. Esto apenas comienza—dijo burlándose y se incorporó.

--No era de tu incumbencia, si algo te molesto arréglatelas sola, a mí no me vuelvas a tratar de manipular. Y si me permites me retiró, esto se ha salido de control –musité intentado mediar mi tono de voz y me di la media vuelta.

Caminaba en dirección a la casa, con el coraje contenido y con cierto margen de vergüenza por mis acciones, cuando volvió a llamarme:

¡Detente en este preciso segundo! O seré la causante de que tu amada Bella se convierta todavía más rápido en una vampiresa... Claro… si antes no la mato en el intento –giré y la alcancé a la velocidad de un rallo para atenazarle el cuello entre mis manos. Ella sonrió con ironía y yo le gruñí como si fuera mi peor enemigo— ¿Qué te parecería un adversario más?

¿Cómo se atrevía a ser tan sucia? Mi ira se expandió en cada poro y desató violentos movimientos que nos dejaron en el suelo, con mis brazos apretando su yugular y pecho.

--Deja de jugar conmigo Tanya. Por si no lo notaste –susurré enfatizando mi tono de asesino—estuve a punto de agredirte y si persistes en provocarme, no me detendré para la siguiente ocasión, no te vuelvas a meter con Bella –concluí advirtiéndole iracundo.

Su cara mostró el espanto y el terror que causaba a mis victimas. Tanya me había buscado y desgraciadamente encontró al Edward en el que me había convertido al lado de los Vulturi: cruel, sanguinario y desalmado.

Estúpido—su rostro se transformó en una tranquilidad irreconocible. Levantó una ceja y continuó su argumento—, a mí puedes hacerme lo que quieras, no me importa si en esta madrugada finalizas con mi existencia. Idiota… a fin de cuentas… eso es justamente lo que estoy buscando de ti.

¿¡Qué demonios había dicho!?

La solté inmediatamente al oír semejante declaración: ¿¡Quería que la matara!? ¡Tanya buscaba sacarme de mis casillas para ocasionar su muerte! Ella lo sabía… provocándome con Bella lo lograría… Vampiresa inmunda, ¡Me estaba utilizando! Maldita astuta.

Caí sobre mis rodillas y quedé estupefacto.

No hagas tanto drama, Edward, compórtate como hace un instante, ¡mátame! –pensó retándome, para después cambiar a su tono a uno sarcástico, muy parecido al mío— Como sea, todos nos vamos a morir… Tarde o temprano Aro leerá tu mente; ¡Por Lucifer!, ¡si yo fui capaz de engañarte! ¡Yo, Edward! ¿¡Crees que podrás lidiar con Aro!?… Imposible. I M P O S I B L E.



Me congelé en el tiempo, Tanya me ocasionaba una inseguridad jamás percibida en mi fuero interno. No sólo no iba a tener que dejar de pensar completamente en Bella durante mi estancia en Italia, lo cual se me hacía una tarea en demasía complicada, si no que mi propio cuerpo tenía las emociones unidas a sus sensaciones y desconocía con exactitud si la distancia iba a desgarrar mi fortaleza. ¿Cómo dejar de pensar en la mujer que ocupaba mi mente todos los segundos del día? Aro sabía que pensaba en ella, pero de una manera lejana, inalcanzable y rotundamente melancólica, pero ¿ahora? Si mi incontrolable enamoramiento me traicionaba… ¡NO! Definitivamente no pasaría aquello; tenía cinco días para adiestrar a mi mente, lo lograría.

Alcé el rostro y vi a Tanya enfrente de mí, a escasos centímetros, con esos ojos gatunos que emanaban malicia.

No te ciegues, quita esa expresión de sufrimiento Edward, ¡actúa! O esto se lo va a comer el infierno.

--Hablascómo si no me conocieras Tanya; estoy seguro que lograré burlarlos.

Bufó y tomó entre sus manos mi cara para que pudiera clavar su mirada en mis ojos.

Ok, sólo te pido que reflexiones: que con la misma brutalidad con que me trataste, los Vulturis tratarán a nuestras familias y eso que en mi visión ni siquiera inmiscuyo lo que le harán a Bella.

Me reflejó las acciones que tuve para con ella, todas tan bestiales como las mismas que me dibujó de los Vulturis una vez informados de mi rebeldía.

--¿Por qué me torturas? –pregunté con agonía mientras apretaba con las manos mi cabeza.

Las imágenes se volvían cada vez más siniestras.

--Porque esa es nuestra naturaleza: torturar a nuestra víctima –musitó con la sensualidad de la muerte dentro de su boca.

Tus hermanos fueron muy positivos, pero en mí está lanzarte la realidad. A ver, respóndeme: ¿A cuántos seres queridos has perdido desde que eres inmortal?

No sé a qué venía ese cuestionamiento; mis pensamientos estaban siendo seriamente turbados con los suyos y se le ocurría trastornarme con preguntas vanas. Preferí que el silencio le diera la oportunidad de contestarse. Con su inteligencia en plena clarividencia en cualquier minuto se respondería.

Cero, Edward, a nadie has perdido. Y si no mal recuerdo… antes de Bella aborrecías a los humanos, los veías como seres inferiores, así que no sabes, ni percibes lo que es estar en mi lugar.

--Cállate, silencia tu mente de una vez –le exigí cuando no puede soportar una imagen más.

La realidad duele, ¿no? Y te diré algo que desconoces: ¡Yo perdí a mi madre!, a mi creadora; y lo peor es qué fue… a manos de ellos, ¡de los Vulturis! ¡Nos torturaron a sangre fría a Irina, Kate y a mí! No les importa quién seas, ni si eres culpable. Si alguien viola una regla esa es la condena. Éramos inocentes y sin embargo nos martirizaron, para después forzarnos a ver cómo mataban a nuestra madre. ¿Quieres eso para los Cullen, para nosotras?… o ¿para Bella?

La maldita sabía dónde pegarme y cómo estremecerme hasta quedar rendido a sus pies. Imágenes crudas, muy parecidas a lo que hacía en la actualidad con el clan italiano atascaron mi cabeza. Observé, como un plus, aquella época, de la cual desconocía por completo de la existencia de Tanya; fueron tan vívidos sus recuerdos que parecían haber sucedido ayer.

--Tanya, te lo suplico, termina con esto –musité y apreté mis parpados para limpiar mi mente de sus oscuros pronósticos.

--De acuerdo… –susurró en mi oído y después continuó el hilo de su idea en mi cabeza.

¡Conviértela antes de irte! Por una vez no seas egoísta, protege a quienes te ofrecen protegerla. Los licántropos no son los enemigos poderosos, como tú lo ves, son los Vulturis. ¡Vamos! Tienes los días suficientes para que ella renazca…

--No, aún no es el momento adecuado. Ella tiene una vida que necesita arreglar antes de convertirse.

¿Una vida? ¿Desconoces el significado de eso?, o ¿te haces tonto? Esa vida es efímera. Issac tenía una vida y se murió; sin licántropos, sin vampiros al asecho, ¿¡qué no ves claramente!? ¡Conviértela! No desperdicies esta oportunidad, los humanos son asquerosamente frágiles… Te vas arrepentir. No tienes idea del vacío que te dejan. Si ella ya sabe lo que somos, no dudo que anhele ser como nosotros. Edward no desperdicies tu suerte, te lo ruego. Te quiero mucho como para verte en mis zapatos.

--Tanya te apreció a pesar de todo los disgustos que me has hecho pasar y valoro tu preocupación, he tomado muy en cuenta tu experiencia, sin embargo… no es el momento.

--NO SEAS TERCO.

Analiza tus posibilidades: Si la tal boda no se puede llevar a cabo, si regresas y ha muerto o si la capturaron los Vulturis. ¿¡Cuál va a ser el plan!?

--¡No le va a pasar nada! –mascullé con desesperación.

Sus argumentos estaban siendo reveladores, sí, y mientras asimilaba la información mi fuero interno enloquecía con tanta frustración. ¿Qué debía de hacer?

A lo lejos escuché la dulce vocecita de Bella nombrarme entre sus sueños; me lastimó darme cuenta de que ella no tenía idea de la terrible pareja con la que estaba en estos instantes; su inocencia, su pureza, su idealismo era lo que me atraía a ella y quizá lo que de igual forma la nublaba a verme con los ojos que tendría una vez siendo uno de nosotros. ¡Demonios, no quería que pereciera! ¡No quería enlodar su alma!

El movimiento de Tanya, al cambiar de postura, me distrajo momentáneamente, ella por su parte puso un gesto de recelo que sin esperar a que le preguntase el ¿por qué?; externó:

--Edward ¿cuántas veces has tenido relaciones con Bella?

--¿Disculpa?, ¿qué pregunta de mal gusto es ésa, Tanya?

--No Edward, de ninguna manera, no lo tomes a mal.

--Explícate.

Bella te está llamando, desde tu cuarto… y recordé que Emmett dijo algo respecto de que Bella fue la afortunada de tenerte entre sus brazos.

--Ajá, ¿y? sigo sin ver el por qué tendría que contarte algo tan intimo.

Bella es humana, un ser con todas las capacidades de concebir.

--Sí, creo saber eso… la carrera de Medicina en Harvard pudo haber tocado ese tema alguna vez –contesté sarcástico a su escueto argumento.

--¿Y en Harvard te enseñaron lo qué es un incubo, sabelotodo? –me reí de su respuesta, qué absurda y mítica me pareció su defensa.

Jamás en mis más de cien años había oído de casos reales, que pudieran dar soporte a ese mito.

Me reí y moví mi cabeza en representación de una negativa. ¿¡Cómo era posible que Tanya creyera esas cosas!?

Anda ríete. Tonto vampiro iniciado, tu falta de experiencia en el tema te hace vulnerable a mis burlas. Siento acabar con tu mundo rosa, pero NO ES UN MITO. Si no te cuidas como cualquier mortal, Bella estará altamente capacitada para engendrar un hijo tuyo y adivina qué será…

Por la seriedad con que lo pensaba pudo, casi, convencerme de que era cierto; sin embargo su astucia de esta noche me hacía desconfiar de ella, así que no dejé que me sugestionara su idea.

--Eso es absurdo –le respondí por fin.

--¿Absurdo? Lo verdaderamente paradójico es que no lo sepas—musitó con gran elocuencia y se sentó en el pasto húmedo entrecruzando sus piernas—Edward somos hijos del pecado, del que tú quieras: de la lujuria, porque somos perfectos exponentes de ésta; de la avaricia, porque codiciamos cuanto brilla en este mundo; de la gula, porque jamás estamos realmente satisfechos, nuestra sed es eterna; de la pereza –soltó una risita irónica—, pues porque sólo es cuestión de saber hipnotizar al humano adecuado y lo que queramos está a nuestra merced; la ira, la envidia y la soberbia, son características muy bien arraigadas en nosotros dos querido, no creo prudente hacer evidente esas ¿o si?…

Entonces, ¿por qué no habríamos de tener el poder de concebir a uno de nosotros fuera del ‘sagrado matrimonio’? Es un doble pecado, después de todo seduces a una de las criaturitas del Señor—su risa salió de entre sus labios y sus ojos; por mi parte me estaba asustando la posible veracidad de esta idea—. Te metes entre las piernas de una humana, que tiene más cara de virgen que la misma a la que ella venera y ¿todavía piensas que estoy siendo absurda?

--Yo que tú, me cuidaría. O a lo mejor ya está…

--No –declaré inmediatamente para cortarle sus ilusiones.

--Con que seguridad lo dices. ¿Puedo saber cuántas veces te has acostado con ella?

--Siento ser tan grosero, pero: No te importa.

Hizo un puchero y resopló.

-- Allá tú… –aguardó un minuto para que pudiéramos escuchar con claridad la voz de Bella que continuaba llamándome entre sueños— Edward quisiera pedirte algo, ¿te parece?

--Sí, y yo quisiera pedirte que fueras breve porque… –iba a terminar mi explicación, pero me interrumpió.

--Te envidio tanto—tomó mis manos entre las suyas—. Realmente es tu alma gemela; se me hace un nudo en la garganta… –quería seguir hablando, mas Issac cubrió sus pensamientos y la enmudeció.

Ojalá y no vayas a errar en tus decisiones.

Esperé a que se recompusiera, dejándola tranquila, sin pronunciar una sola palabra.

De repente percibí como Bella empezó a moverse de un lado a otro en el colchón, lo oía y lo apreciaba, sin embargo no se había despertado. Su voz, aunque sonaba normal para ser un sueño, me comenzaba a preocupar, porque su corazón mantenía un ritmo inconstante como si estuviera teniendo una pesadilla.

--Edward, perdón, sé que te tienes que ir…

Es importante lo que te voy a pedir –terminó con tenacidad.

--Dime, Tanya, y de eso dependerá –musité presuroso.

No deseo ver más amaneceres sin Issac a mi lado. ¿Me ayudarás?

Ya había declarado su petición anteriormente, así que no me sorprendió que la reiterara sin manipulación de por medio… La miréexactamente lo necesario para darme cuenta, y verme reflejado en ella hacia unos meses atrás, yo, con los Vulturis. La soledad, el desamor, el descontento ante nuestra maldita eternidad junto con la angustia de verte completamente solo se materializaban en sus pupilas. Su requerimiento era sincero. Quién mejor que yo conocía su sentimiento.

Si eso es lo que deseaba, como un amigo agradecido por las ocasiones en que me salvó de mis demonios: le ayudaría.

Una eternidad sin la persona que te hace vibrar puede convertirse en la peor de las bromas que la vida te pueda jugar.

--Tanya –musité con frialdad—, te ayudaré.

--Gracias.

Asentí una sola vez y me puse en pie, le extendí mi mano para ayudarla a levantarse y estábamos arreglando nuestras vestimentas cuando empezamos a escuchar estruendosamente a Bella llamarme, desde mi habitación, con un tono desgarrador.

Emprendí la carrera rumbo a la casa, sin importarme nada; ¿qué le pasaba? ¿¡Qué le había ocurrido!?

Tan pronto abrí la puerta Alice gritó desde mi habitación.

--Edward, apresúrate… ¡Bella, despierta!, ¡Bella, reacciona! –gritaba desesperanzada mi hermana desde aquella habitación.

Las escaleras se convirtieron en montañas y el pasillo en un inmenso sendero por cruzar. Corrí y en segundos me encontré a centímetros de mi habitación; percibí un frío singular emanándose. Al traspasar el umbral, el cuarto se convirtió en un congelador de medias exageradas.

--¿¡Qué está pasando aquí!? –Reclamé con tremendo pánico.

Alice se hizo a un lado, sin quitar sus manos de los hombros de Bella, pero con eso fue suficiente para que me permitiera observarla. De la impresión desgarradora, tuve que sostenerme en la pared. Era la expresión más impactante que jamás haya visto en un humano, parecía estar en un estado de posesión infernal: sus ojos fijos, pero fuera de sí, el tono natural de su piel mucho más pálido y sus labios casi purpuras.

--¿¡Que diablos..!? ¿En qué momento…? –cuestioné a Alice con la poca coherencia que le quedaba a mi mente después de ver semejante espectáculo.

--Edward: ¡has algo! –Chilló Alice, haciendo caso omiso a mis preguntas, su incontrolable angustia me penetró aún más mis oídos que cualquier otro sonido— ¡No puedo ver su futuro! Y Jasper ni siquiera pudo acercarse a ella –gritó aquello y se trató de separar de Bella para que ocupara su lugar, pero al instante Mi Vida comenzó a convulsionarse ferozmente y ella no pudo hacer otra cosa que sostenerla.

Mi maldita compostura se mermó cuando miré como se contorsionaba y entendí cómo se tejerían, en realidades escabrosas, todos los malignos supuestos de Tanya: “¿Una vida? ¿Desconoces el significado de eso?, o ¿te haces tonto? Esa vida es efímera… los humanos son asquerosamente frágiles… Te vas arrepentir”.

Empujé descortésmente –pero sin dolo— a Alice, reaccionando a impulsos inconscientes. Tomé entre mis brazos a Bella, percibiendo en ella el olor a muerte que se colaba entre el gélido halo. Sus ojos estaba enormemente abiertos… tan perdidos que ni siquiera era concebible decir que observaba algo. Tiritaba mucho, mas descubrí que su cuerpo, sorpresivamente, era el que emanaba las ondas colosales de frío, siendo –por deducción—el causante central de que mi cuarto fuera una nevera.

La sacudí tres veces, llamándola desesperadamente, sin embargo sólo se retorcía y su corazón demostró que se encontraba entre aceleraciones y compases muy lentos, era una arritmia frenética y sin constantes.

--Su temperatura está descendiendo Edward. ¡Cómo si no fuera suficiente la gran muralla que la separa de nosotros! –masculló abatida Alice.

--Edward acabó de llamar a Carlisle, dice que viene en camino, traerá consigo un sedante –dijo Emmett totalmente serio.

--¡NO! – articulo Bella y nos dejó perplejos.

Me entumecí de pies a cabeza, su voz parecía gravemente espantada: ¿Qué infierno la estaría tragando? El significado real de la palabra “impotencia”: era esto y nada más.

--Sal de ahí Bella –la zarandeé con más desesperación— ¡Regresa!

Las manos de Emmett zafaron mi abrazo y me aventó al otro lado de la cama.

--¡La vas a lastimar imbécil! Tranquilízate. Así no arreglas nada –arremetió violento Emmett—Entiéndelo, BELLA NO TE ESCUCHA; ¡hay que atraer su atención, carajo! –vociferó mi hermano, endureciendo el gesto.

Pero, indirectamente, dándome una salida… una posible solución… lo único que se me ocurría para lograr eso: Tanya.

Me paré de la cama torpemente, porque las emociones de Bella me alcanzaron. Era como si me pudiera controlar aún desde su inconsciencia con el enorme miedo; sin embargo con ineptitud o sin ella, di grandes zancadas para salir del cuarto. Necesitaba rescatarla de su propia mente… ¡YA!

--¡¿Edward a dónde vas?!—reclamó Alice, consiguiendo asir mi brazo con su mano.

--¡Tanya!—grité cuanto pude. No sabía si eso funcionaría, pero intentaría todo con tal de no matar a Bella— ¡Tanya, ven! –grité desesperado, por última ocasión, antes de ser interrumpido por Alice.

--¿Te has vuelto loco? Bella está en peligro y tú le llamas ¡a Tanya!…—se posó enfrente de mí Alice, con expresión iracunda.

La iba a quitar de mi camino, con un leve empujón cuando un sonido nos hizo voltear repentinamente en otra dirección.

--¡Noooooooooooooooooooooooo!

Era Bella quien irrumpía el silencio de la casa y sin lugar ni tiempo para reaccionar: sus impulsos naturales se desmoronaron.

Mi corazón se detuvo, no lo oía, no lo sentía… no resistiría más la prueba. Definitivamente me habían vencido las circunstancias: esta madrugada acabaría con Mi Vida… con la vida de Bella.

Los latidos regresaron a cubrir la estancia, pero seguían siendo débiles, tan débiles.

Mi boca comenzó a segregar y acumular el veneno exacto para transformarla; el demonio se regocijo, pues por fin volvería a ser suyo el elixir sagrado… y no sólo sería simple sangre humana, sino el líquido que tanto deseaba.

Vamos… vamos… tómala, vamos –sugería con inquietud el monstruo, hasta que capturó los movimientos de mi cuerpo y me incitó a caminar.

Di la media vuelta, quitándome de encima a Alice.

--¡Qué vas hacer! No Edward, espera, NO… –suplicó Alice, mas no le hice caso.

Nunca nadie me había importado tanto como Bella, así que no la perdería. Si su vida era el costo de una eterna condena para mí, la sobrellevarías sin menospreciar ninguna penitencia. Bella no dejaría de existir en este mundo, NO LO HARÍA.

Con los pasos que ejercí para llegar a ella me despedí de su adorable calor, de su fragilidad encantadora, de la preciosa luz que despedían sus ojos, del hechizo de su aroma… de mi pequeña y humana Bella.

Entré de nueva cuenta al lecho y mi expresión se cubrió por las tinieblas del pecado.

--Detente ahí, si no quieres que te suelte un puñetazo –advirtió Emmett –Carlisle no tarda en llegar, ¡hazte para atrás estúpido!

--Edward ¿qué sucede? –como una fuerza inconmensurable atrajo mi atención la voz de Tanya. La única salvación que tenía Bella.

--Tanya, háblale a Bella, llámala, ¡tócala si es necesario! –exigí vehementemente a la vampiresa sin darle explicaciones; era mi última salida.

Ninguno de los tres vampiros que se hallaban presentes cuestionó mi mandato. Emmett soltó a Bella, concluyendo en su mente mi plan, y me permitió acercarme a ella para que la sostuviera mientras Tanya se aproximaba cautelosa –y bastante atónita por lo que veía en Bella—. Movió su cabeza de un lado a otro para evadir el exquisito olor, intentaba no percibir lo que pasaba, pero le fue rotundamente imposible.

¡¿Qué diablos es tu novia?!, se pasmó e ignoré indiscutiblemente su comentario.

¡QUÉ NO ERA TAN VISIBLE MI DESESPERACIÓN! ¿Todavía se le ocurría seguirme sacando de mis casillas con su ineficiencia?

¡Mi Vida pendía de un hilo!

Para mi desgracia –e infortunio de todos—, el halo gélido comenzó a sentirse muy pesado, como si hubiera hielos a nuestro alrededor. No soportaba ni un minuto más la lentitud de Tanya, por lo cual comencé a intentar llamar a Bella nuevamente, deseando no sobrepasarme con mi angustia.

--¡Bella!, ¡Isabella! –le grité muy cerca de su cara.

No respondió y sí por el contrario me percaté de sus labios ennegrecidos; cada vez faltaba menos. La abracé con fuerza para después retirarle, con una de mis manos, el cabello de su cuello. Expuesto, total y completamente a la vista se halló su yugular, enviando la sangre a su corazón, lista para que le mordiera en ese preciso segundo.

El vampiro, yo, Edward Cullen iba a matar a Bella.

Mis hermanos se quedaron donde estaban, inmóviles, estupefactos, como congelados por el invierno del ambiente. Sus pensamientos no atiborraron mi mente, estaban tan espantados para siquiera respirar.

Abrí mi boca dejando a la vista mis afilados dientes, prestos para la embestida, mas antes del siguiente movimiento respiré para darle un incentivo al demonio y que se apoderara de mí en los siguientes minutos, pues yo no sería capaz de controlar todo el asesinato sin los ojos del vampiro acaparando mi percepción. Discúlpame Bella, pensé. El momento había llegado: incliné mi cabeza lo suficiente y entonces…

¡ALTO!

Sé que después te sentirás fatal por convertirla.

Era Tanya… una vez más… Interrumpió mi concentración y a punto de que de verdad le costara la vida a Bella.

--Edward, déjame intentarlo –exigió con voz audible y retiró mi mandíbula con su mano.

Gruñí ante su lentitud, mi demonio no estaba para aguantarla, si lo iba a pretender: ¡¿qué esperaba?!

--Edward…–renegó, pero con una pronunciación sumamente sensual e irrespetuosa para lo que le pedía.

Sin esperarlo tan rápido –sinceramente—, Bella giró su cabeza en dirección a Tanya, como si la estuviera viendo solamente a ella, en ese espacio desconocido e impenetrable. Su mirada despidió el odio mas intenso que pude haberle visto. Tal cual lo pensé: la única que la atraería a la realidad sería ella… por alguna extraña razón.

Este día me había dejado anonadado la habilidad de Tanya, era astuta y con palabras mayúsculas; no había más que decir.

Su atrevimiento al nombrarme de tal forma tenía cargada su intensión, y yo volvía a estar cegado a sus argucias.

Dejé de pensar en esa situación para no desperdiciar el tiempo valioso, la única oportunidad que nos estaba otorgando Bella de jalarla de su posesión, mi garganta resonó las primeras palabras que pude, con la esperanza de verla nuevamente conmigo:

--Bella ¿puedes verme? ¡Despierta! –exigí al ritmo que apretaba su cara con mis manos y trataba de que dejara de ver a Tanya con esa mirada asesina.

De verdad me aborrece… pensó la aludida con algo de nerviosismo, pues estaba siendo seguida por los ojos de Bella, quien sólo enfocaba en su dirección.

Como si Tanya lo hubiera presentido, apretó con sus uñas una de mis piernas, utilizando bastante fuerza, y en eso y sin haberlo imaginado: Bella la introdujo en su mundo, figuradamente se estaba tragado a la dimensión en que vagaba.

Alice soltó un grito al ver como la vampiresa se le perdían los ojos al igual que a Bella. Emmett sostuvo en un abrir y cerrar de ojos a Alice para que no cayera ante el impacto. La voz de Tanya comenzó a vibrar en mis oídos con subliminal fuerza:

--¡Oh, por todos los malditos infiernos! –Exclamó horrorizada— ¡Los Vulturi!

¡Edward haz algo y RÁPIDO! ESTO ES DEMASIADO… no pudo terminar, hubo más pensamiento.

Bella la había amurallado, la había absorbido por completo.

Bella POV

Los cinco vampiros temerarios se escabulleron entre el juego de sombras que creaba la penumbra de la habitación, no tendríamos oportunidad de salir. Nos encontrábamos rodeados y Edward lo sabía mejor que yo.

--Edward –lo llamé con una vez y comprendí que debía bajar la voz, así que me acerqué a él—están por todos lados.

Actuó de repente y sin medir su fuerza, empujándome agresivamente al otro lado del santuario.

--¡Edward!—reclamé asustada mientras volaba.

El impacto que recibí al estrellarme con la columna de mármol expulsó mis peores miedos, de inmediato tuve la sensación circunstancial de una parálisis, en mis extremidades inferiores; el golpe siguiente que recibí fue directo a mi cara, cuando me fui de bruces contra el suelo. La adrenalina y el vértigo que corrían por mis venas increíblemente anestesiaron cualquier motivo de dolencia en mis débiles músculos, sin embargo el contacto violento con el piso acrecentó mis temores: Edward y yo moriríamos.

El lúgubre ambiente acarició mis nervios con maestría. El escalofriante lugar tomó vida e invadió cada hueso de mi esqueleto.

Gruñeron al unísono los vampiros.

Cuando levante la mirada en busca de Edward sentí como todo se perdería; los cinco demonios se dejaron ver y caminaron en direcciones estratégicas para lograr la ilusión de tenerlo acorralado, en seguida grité miles de veces para que se moviera, pero no me escuchaba, no me veía, ¡lo iban a matar!

El terror proyectó constantes convulsiones en mi cuerpo, quise controlarlas para intentar levantarme, mas todo fue en vano. No reaccionaba y yo no podía acercarme a él.

--¡Edward! ¡Edward! Muévete, ¡corre! –grité sin tregua.

Uno de los vampiros me localizó y se traslado felinamente; cuando percaté su acercamiento fue demasiado tarde, uno de sus brazos rodeó mi cintura y me levantó cual si fuera pluma, encarcelando mi humanidad por completo con ese abrazo e inmovilizando cualquier reacción de mi cuerpo; el otro brazo se alzó a la altura de mi cabeza, su mano cogió mi nuca y mi cabello hasta inclinarla noventa grados, mi cuello le quedó descubierto sin ninguna obstrucción… el momento previó a la muerte… mi muerte… sólo segundos, pequeñas fracciones del mismo segundo… la mordida del vampiro se clavó cual daga en mi yugular, intensa y desgarradoramente.

Las sensaciones no volvieron a ser participes de mi cuerpo cuando mi mirada observó a lo lejos el horror, el pánico, el terror, el espanto de la masacre que tenía vida ahí. Un estremecimiento agudo permeó mis emociones a tal grado que sentí enormes ganas de vomitar; aquello que veía no podía ser real, no, no, no.

--¡NO! –Externé con el único aliento que me quedaba en los pulmones.

Las cuatro bestialidades encarnadas en cuerpo de hombre voltearon a verme por un instante y después continuaron con el desmembramiento. Sí, los cuatro vampiros estaban desmembrando a Edward con tremenda facilidad. Las imágenes que a continuación miré fueron amorfas, los sonidos parecieron estallidos. El vampiro que bebía de mi cuello se desató del encanto y comenzó a reí. Los estruendos se hicieron menos audibles, pero los pedazos de aquello a lo que tanto amaba se vieron regados por toda la habitación.

En los laberintos de mi mente sólo hallaba caminos cerrados, paredes y paredes que no dejaban que me saliera de mí misma, supongo que esto era la agonía más horripilante que se podía experimentar, la reacción que llevó acabo mi cuerpo fue congelarse hasta ya no sentir a mi corazón latir.

¿Para qué vivir en un mundo donde Edward no está?

Algo rodó y el vampiro asió mi cabellera bruscamente, de un instante otro, con el sólo objetivo de inclinar mi cuerpo para que pudiera observar aquello a centímetros de mi cara…

--No… –susurré en principió y la amargura final desató todo el poder de mi mente y grité como nunca antes-- ¡!

La cabeza deformada de Edward se acomodó a milímetros de mis ojos, en las cuencas de donde deberían haber estado sus incomparables ojos, sólo estaba el vació y con ello un hilo de manchas purpureas que denotaba la agresividad con que habían sido arrancados. Mi estómago se desencajó de su lugar.

El miedo tenía sabor a podredumbre.

El trastorno por el pánico abrió lentamente aquella puerta entrecerrada en mi inconsciente, el camino correcto del laberinto, el cerrojo con nombre: evasión. Detrás de ella perfilaron mis alucinaciones, la esquizofrenia pretérita y la paranoia actual.

Como si de sus labios pudieran salir palabras, su voz principió a gritarme, desde otro plano muy difuso.

--¡Bella!, ¡Isabella!

--Edward, déjame intentarlo –una voz femenina irrumpió—Edward… –rezongó irritablemente insaciable y entonces la reconocí.

El vampiro volvió a alzar mi cabeza del suelo y sorpresivamente apareció… era ella… Tanya.

Mi rencor renació desde las ráfagas candentes del infierno y, aún sintiéndome fallecer por el incendio dentro de mí, debido a la expansión del veneno, la miré con el odio necesario.

¿Qué hacía ella aquí? ¡Llamándolo!

--Bella ¿puedes verme? ¡Despierta! –exigió la voz de Edward.

No retiré la atención de mi animadversión convertida en mujer. Era inaceptable, enfurecedor verla ahí y escucharla tan cerca.

--¡Oh, por todos los malditos infiernos! —Exclamó pavorosa mientras las cuatro figuras se acercaban a nosotras— ¡Los Vulturi!

En cuanto terminó Tanya de hablar, fue como si un huracán arrancara todo el santuario y las lúgubres imágenes que había estado observando. El espacio se desarticulo, lo que mis ojos veían no existió, me absorbió la nada y la angustia al verme en un limbo me descontroló, haciendome olvidar a Tanya y en sí… a todo. ¿Esto era la muerte?

El desasosiego me hizo sentir mi corazón acelerado y también un vacío en mi pecho con el cual no lograba lidiar. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué si estaba muerta sentía mi corazón? ¿Dónde me hallaba? ¿A dónde iba? ¿En qué realidad vivía?

--Bella estoy aquí –oí la melodiosa y aterciopelada voz de Edward a un lado mío— ¡Despierta!

¿Qué despertara? ¿Cómo hacía eso? ¿Estaba soñando? ¿No me había muerto?

¿O la realidad era que ahora sí iba a soñar? ¿Así era la muerte: un sueño…?

Porque sólo con esa razón Edward podía estar llamándome. ¿Ya iba a cruzar el limbo?

¡Qué demonios pasaba conmigo!

Si soñaba… o estaba muerta ¿entonces qué hacía la firme sensación de sus abrazos, en estos momentos, recorriendo mi piel?

Recordé lo último que había vivido. La pelea con Edward, mi llanto descontrolado y… el santuario.

Esperen… ¡Sí!, todo había sido una atemorizante pesadilla.

Eso irrefutablemente me llenaba de tranquilidad: Edward me cobijaba con sus brazos.

¡!

¡Había estado soñando! ¡Maldita imaginación! Mi mente había tocado fondo y mi descontrolada realidad no parecía quererse estabilizar de una vez por todas.

Un inmenso mar de lágrimas comenzó a salir de mis ojos: ¡Edward seguía vivo! ¡Había sido sólo una pesadilla! ¡Yo estaba con vida!

Tal cual si hubiera tenido una venda en los ojos, la luz comenzó a penetrar mis pupilas y vi poco a poco la realidad: las paredes, las cobijas, la cama, la ventana… el cuarto de Edward. Suspiré agradecida de haber estado soñando.

--¿Bella? ¿Estás aquí? –preguntó alarmado Edward con su inigualable cara de ángel.

El sólo hecho de escucharlo y verlo existiendo me colmó de alegría y mi llanto se hizo todavía más intenso.

--¡Oh Edward! Te mataban, los Vulturi te mataban –dije y con movimientos bruscos me instalé en la curva de su cuello.

Edward me abrazó con especial efusividad y sobó mi espalda cual si fuera un bebé asustado.

--Ya todo está bien –susurró—Ya regresaste.

Tirité casi a reacción de sus palabras. Diablos, hacía tanto frío aquí.

--Edward, por favor, por lo que más ames en el mundo: No regreses a Italia. Los Vulturi… yo los vi… –mi caótico pensamiento no permitía la salida coherente de mis argumentos—ellos…

Posó una de sus manos en mi cabeza, acurrucándome todavía más en su cuello.

--Bella deja que tu mente se relaje, de verdad lo necesitamos, no pienses en ello. Tranquilízate –suplicaba con especial deseo.

Cómo pretendía que con tremenda pesadilla me sosegara tan rápido.

--Edward ¿sucede algo?... ¿por qué hace tanto frío? –pregunté y levanté mi rostro para ver la habitación.

¡Oh Dios! ¡Qué horror! Me sobresalté y abracé con más fuerza a Edward.

--Bella, por favor, cálmate.

--¿Qué tiene ella? –cuestioné con pánico a los aludidos.

Emmett y Alice sostenían a Tanya por los brazos en el momento justo en que miré a Tanya retorcerse en el piso. ¿Qué le ocurría? Su cara… sus ojos…

--Ahí viene Carlisle –enunció Emmett –; justo a tiempo.

--Bella, escúchame –pidió Edward—, pon atención: Carlisle te va a suministrar un calmante –lo interrumpí inmediatamente.

--¡No! Edward no, no seas cruel. Si me amas no lo permitas –me traté de soltar de sus brazos la sola idea de volver a soñar me angustió, tanto o más que ver a esa vampiresa retorciéndose.

--¡Bella lo que tiene Tanya es culpa tuya! –Acusó Emmett inmediatamente, antes de que Edward pudiera decir algo—Y la única forma de que ella salga de esta locura es que te calmes. Permite a Carlisle inyectarte –enfatizó en las situaciones de riesgo en que nos hallábamos.

--Bella, no te quedaras dormida, Edward se encargara de que no lo hagas, permíteme… –habló Carlisle desde el marco de la puerta. Su estado de ánimo estaba igual de descompuesto que el de todos ahí.

¿Yo estaba haciendo sufrir a Tanya? Pero ¿cómo?

Edward tomó uno mis brazos y se lo acercó a su padre, quien ya estaba a mi lado con una jeringa. El pinchazo me causó un tanto de molestia pues sabía que me condenaría a relajarme hasta perderme en mis sueños. Tenía miedo.

--No te alteres Bella, yo estaré cuidándote. No te dormirás –prometió Edward, encarcelándome nuevamente en sus brazos—Quizá te pongas muy risueña como en el hotel ¿recuerdas?—intentó distraerme con otros pensamientos más amenos y su voz de ángel.

Y sí… Sí lo había logrado. Ese recuerdo era el más hermoso de mi mente, así que funcionó a la maravilla.

Mis músculos comenzaron a sentirse tan relajados, mi mente se desprendió poco a poco de cualquier preocupación y como si hubiera una almohada de plumas en vez del pecho de Edward, me dejé ir, presa del narcótico y de la linda imagen que mi cabeza reproducía.

--Parece que está funcionando, miren –oí la voz de Alice y volteé a observar; Tanya se estaba aflojando y su mirada volvía a fijarse en la realidad.

--Tanya –dijo Carlisle—Tanya, ¿te encuentras bien?

--No…

--¿Quieres que llame a alguien de tu familia? ¿Necesitas algo? Pídelo –concluyó Carlisle.

--Sí, definitivamente… Llamen a Eleazar –dijo tan cuerda que pareció que jamás hubiera estado en trance—Él es el único facultado, entre nosotros, para describirme y descubrir al mismo tiempo, qué rallos me pasó. ¡Qué me hizo ella!

Cuando pronunció “ella”, se refería a mí y de una forma muy rencorosa. Otra vampiresa más en mi contra ¿¡Qué milagro!?

--De acuerdo, no te muevas.

Carlisle salió de la habitación y Rosalie y Esme entraron. Esme se acercó a nosotros propiciándonos caricias maternales y a Edward –seguramente—intercambiándole unos cuantos pensamientos. Rosalie le informó a Alice que Jasper estaba mejor, sin embargo que se hallaría todavía en el jardín de la casa.

--Edward ¿qué me pasó? ¿Por qué Jasper está en el jardín, Tanya en el suelo junto con Emmett y Alice? ¿¡Qué le hice a tu familia!? –pregunté muy avergonzada ante la mirada de todos los ahí presentes.

--Bella, hermosa, no te preocupes, no fue tu culpa –acarició mis oídos la dulce voz de Esme.

Entre Rosalie y Emmett ayudaron a Tanya a levantarse del suelo, mientras Alice corría a la puerta del cuarto; iba rumbo al encuentro con Jasper.

Me acongojé. Pobre Jasper, el calvario de dominar las emociones apestaba sin duda alguna.

Edward atrajo mi atención con su aterciopelada voz en el instante en que me vio más dispersa en mis cambiantes estados de ánimo.

Relató con detalle mi aventura: cómo me encontraron sus hermanos en ese horripilante transcurso entre la realidad y el limbo y cómo Tanya había intervenido para salvarme… Genial, le debía la vida… Sin embargo, ahora comprendía con mayor atino por qué salió de su boca el “ella” cargado de rencor.

Suspiréy me zafé lo suficiente de los brazos de Edward para agradecerle a Tanya, mas su respuesta no la esperaba de esa manera tan hostil.

--Ni agradezcas, pues no te voy a mentir… No lo hice por ti, lo hice por Edward.

¡Maldita cínica!, pensé tremendamente enfurecida y con los ojos saliéndoseme de las cuencas.

Emmett y Rosalie imitaron mi gesto, sólo con la adecuación de que ellos estaban sorprendidos. Edward iba a decir algo, sin embargo apreté su mano y sin darle otro minuto de reflexión arremetí contra la arpía, ya era momento de que conociera mi voz.

--¡Uf, qué alivio me das!—utilicé el tono de descaro más grande que haya salido de mi boca en mis diecinueve años—Me estaba constando t a n t o trabajo agradecer tus acciones. Y ya que podemos ser completamente sinceras… por mí, te hubieras quedado donde estabas –finalicé con una voz áspera y sin el menor propósito de quitarle la mirada de encima.

La sangre me hervía por la irritación que me causaba y mi estómago se retorcía del coraje de verla sentada, aún, en la cama de Edward. Ambas nos retamos a través de nuestros ojos y con muy poco gusto por seguir compartiendo la misma habitación.

Edward, por su parte, debió sentir mis negativas emociones y al absorberlas, como en ocasiones pasadas, ocasionó que su rostro se transformara en un gesto de enojo.

--¡Basta las dos! –Reclamó Edward—Isabella te suplico que te calmes; deja de sentir esa antipatía por Tanya ¡es absurda!, y lo único que me das a pensar es que no confías en mí –me soltó de su abrazo y se paró de la cama de un sólo movimiento—. Y tú, Tanya… –respiró con el fin de tranquilizarse, mas su ira no se lo permitió— Gracias… muchas gracias –arremetió con vil sarcasmo— Pero si no tienes nada mejor decir… ¡Cállate!

Agaché la mirada en cuanto terminó, la vergüenza que albergaba mi fuero interno era demasiada, no sólo había causado desperfectos sobrenaturales, sino que me había comportado pésimo frente a sus hermanos; la tonta humana y sus pretensiones.

Qué cómico debió de haberle parecido a Rosalie la escena: el estado de ánimo de su hermano, el cual era horrible; Tanya al borde del coraje, lo que inmediatamente la convertía en una aliada más para su club: “Anti–Bella”; y yo, sin suficiente valor para dirigirle la mirada a Edward.

Tanya y yo decidimos hacerle caso a Edward y nos quedamos en silencio, cada quien en su esquina de la cama. ¿A caso teníamos otra opción? ¿Cuánto demoraría Carlisle en traerle al tal Eleazar a Tanya?

A pocos minutos Rosalie y Emmett abandonaban el campo de batalla y Edward se fue a recargar sobre el marco de la puerta de la recamara con la mirada puesta, obviamente, en otra dirección.

Sabía que no era buena idea venir a Denali… ¡Rayos!, reflexioné mientras los minutos se me hacían eternos.

***

Conocer a toda la familia de Tanya acrecentó mi irritación; para empezar la vampiresa llamada Irina la consoló como si le hubiera hecho lo peor del universo a su compañera y la otra… Kate… se desvivía en mimos y atenciones. ¿En qué mundo vivía? Ahora resulta que: ¿la débil humana es más ruin que doce demonios juntos? ¡Qué ironía!

Si yo era una celosa y fatalista, Tanya, sin duda, ¡era una dramática!

Aquellas escenas me causaban nauseas y no podía ocultarlo, jamás he sido buena mintiendo y sólo bastaba ver mi cara para aseverar que no estaba nada feliz. Cierto, mi humor era espantoso e insoportable como para haber tomado otra actitud más madura; me recordó, sin querer, a otra persona que ese ponía del mismo estado de ánimo cuando algo no le parecía… Jake… Jacob… Bueno, al menos sé que si estuvieras aquí destrozarías a la estúpida vampiresa… a pesar de todo. Respiré para ahuyentarlo de mi pensamiento, lo que continuaba no era nada agradable: más melancolía, más resentimiento.

¡Egoísta! ¿No te odias un poco por ser tan mezquina?, pensé ensimismada mientras veía rondar al tal Eleazar muy cerca de mí.

Ya era jueves, lo que invariablemente me gritaba que sólo me quedaban dos días para permanecer en la “fantasía”, antes de que Forks me arañara con crueldad y al mismo tiempo me enfrentara con las consecuencias de mis actos. Desagradable realidad… casi te encuentro.

Eran alrededor de las seis de la mañana y por el ventanal, de la estancia de la casa, se comenzaba a colar la luz del amanecer, lo único bello hasta el momento, pues la plática que sostenían los Cullen con las otras redundaba en lo sucedido esta madrugada con la amada Tanya. ¡Diablos! ¿A qué hora terminaría esta fiestecita?

--Te incomodaría si… –preguntó Eleazar señalando el asiento a mi lado.

Moví levemente mi rostro de izquierda a derecha y suspiré, regresé la mirada a la ventana. Extrañamente me dolía la cabeza de una forma peculiar, ¿sería la falta de sueño, las vivencias del día anterior, mi mala noche? No lo sé, mas ya no soportaba estar ahí dentro, percibía como si me enfermase más estando cerca de los vampiros de Denali; sentía mi cabeza a punto de reventar y para colmo la conversación taladraba mi paciencia.

--¡Es increíble! – Eleazar interrumpió cualquier conversación con su voz y hasta mis pensamientos— ¿Y todavía es humana, cierto?

Giré mi cara en su dirección, se refería a mí y algo le había parecido increíble, ¿de qué me estaba perdiendo?

--¿Disculpa? –pregunté como reacción inmediata a la exclamación del vampiro.

--Explícate con más claridad Eleazar –exigió Edward, desde el otro lado de la sala, con su habilidad psíquica él estaría enterado de qué hablaba el vampiro que se hallaba a mi lado.

Todos tomaron asiento y miraron a Eleazar, con la expectativa reluciendo por los ojos. Alice se acomodó al lado mío y tomó mi mano.

--Calma, Eleazar tiene la capacidad de reconocer los dones en los vampiros, o en el caso contrario, en los diamantes en bruto, tú me entiendes… –giñó un ojo, por lo regular a los Cullen jamás les gustaba hacer la distinción entre su especie y la nuestra—Antes él pertenecía a los Vulturi, te imaginarás porque. Ahora escuchemos con atención –finalizó con voz curiosa la pequeña Alice.

--Gracias Alice –susurré y recargué mi cabeza a su fría piel, eso supuse que aminoraría mi jaqueca.

Sentí la mirada de Edward posarse sobre mí y cuando lo miré, sus ojos irradiaron tristeza o quizá desaprobación.

--Bella está dotada efectivamente de un don, muy acertada tu deducción Tanya –volteó a ver a la interpelada-- Es peculiar que una humana resista semejante juego, otra en su lugar podría haber muerto por una imprudencia debido al don o bien estaría encerrada en el manicomio. Aún no sé que alcance tenga ni cómo funcione, porque ni ella misma lo controla, pero sin menoscabo de duda, Bella puede ocasionar el estado de locura en sus víctimas.

¿Qué? Escuche claro: ¿locura? Maldición, sabía que llevar a mi mente a recrear la voz de Edward y a permitirle configurar imágenes, como en el acantilado, aquel abril en que casi me muero, tenía una explicación… realmente no estaba loca, era mi don. ¡Genial!

--¿Qué tipo de locura? –cuestionó Carlisle interrumpiendo mi mar de pensamientos.

--Eso no lo sé con precisión, Carlisle, supongo que Tanya sufrió de alucinaciones, pero no sé si eso sea todo; además recuerden que siendo humanos no es posible desarrollar al máximo el don; sin embargo, me deja perplejo que esto le ocurriera a partir de un sueño.

--No, es muy lógico –discrepó Carlisle—si lo analizamos desde la vertiente científica. Está comprobado que el sueño es la vía privilegiada de acceso al inconsciente, no hay reparo para las represiones del estado consciente. El aparato psíquico reacciona a toda estimulación lo que tiende a producir una alucinación, es decir, el sueño disminuye la censura y permite evitar la resistencia del llamado “Yo” o consciente.

--Por ende, fue más fácil la aparición de su don; no había barreras para que traspasara a la realidad –afirmó Edward—. Y con el veneno corriendo por sus venas, la salida se hizo inminente.

--Creo que sí –concluyó Eleazar.

A mí me parecía muy coherente la explicación de los dos –y por lo visto la familia Denali ya estaba al tanto de mi situación de hibrida—, sin embargo lo que ellos no sabían es que mi don lo ponía a prueba desde hace varios meses atrás y sin necesidad de ningún veneno ni de estar dormida… simplemente era cuestión de ponerme en riesgo y ¡voilà! El bálsamo para mis heridas.

--Por lo que percibo, Jasper y Alice no pudieron usar su don con Bella, porque digamos que su mente es como un hoyo negro, si ella absorbe a alguien dentro de su mente, mejor dicho, dentro de su locura nada se regirá bajo las leyes de la normalidad. Es un hoyo negro. Los locos, no me dejaran mentir Carlisle y Edward, son humanos que simplemente no se dictan por nuestro mundo, por la realidad, trabajan a parte. Y ahora que lo reflexiono desde este ángulo, tal vez esa sea la razón por la que tú, Edward, no puedes leerle la mente.

¿Cuándo ocurrió la conversación “Bella es rara”? ¿Cómo era posible que los vampiros de Denali conocieran los pormenores de mi condición y de la de los demás conmigo? Según yo no habían hablado de ese tema… ¡Qué raro!

--Un momento, si Jasper puede lograr que Bella cambie de emociones, entonces –discutía Kate desde el sofá, donde estaba con Tanya— ¿cualquier otro don que sea basado en sensaciones puede dañarla?

--Ni se te ocurra Kate –amenazó Edward con voz grave desde su sitio y Kate sólo me miró, ignorando por completo lo que le había pedido.

¿Otro vampiro con don? Y uno malo por la expresión de Edward, ¡Demonios!, pensé y escabullí la mirada, tenía miedo, ella era hermana de Tanya y estoy segura de que le urgía la venganza y de paso poner a prueba su teoría. Quise deshacerme del pavor y comencé a rememorar la noche con Edward, si ya me había funcionado una vez para calmarme esta tenía que funcionar. Vamos, vamos mente: cama, luna, Edward… sentí la brisa del mar en mis mejillas y el olor salino en mi nariz.

--¡Nooooo! –gritó Edward y se posó enfrente de mí a la velocidad de un rayo, lo que hizo que me sobresaltara.

Alice me sujetó con fuerza para que no me cayera al suelo.

--¡Sorprendente! –Exclamó Kate—Demasiado tarde Edward, ya lo había hecho, pero al parecer a tu novia no le hizo ni cosquillas.

--¡Extraordinario! –Se levantó Eleazar del sillón—Los Vulturi pagarían lo que fuera por este hallazgo. Definitivamente es como un hoyo negro, mientras ella ponga su don a trabajar nadie puede hacerle daño y estoy seguro que absorbiendo a otros los puede proteger o de igual forma desarmarlos para hacerlos presa fácil. Analicen lo que sucedió con Tanya.

--Los Vulturi no sabrán de ella, nunca, ¿¡de acuerdo!? –Edward observó a todos los presentes.

--Edward, no vamos a delatar esto, pero piénsalo… si Aro te llega a sorprender pensando en Bella, puedes adjudicarle la razón a que has encontrado que cuenta con habilidades sobrenaturales y que pretendes transformarla –declaró Tanya sin el menor rencor en su voz. ¡Dios! ¿Acaso era bipolar?

Ah… claro, estaba hablando con Edward, por eso era la personificación de la cortesía. Mustia.

--Si me permiten hablar y dar mi opinión –intervino Alice—. Aro no tiene por qué preocuparnos, Edward va a ser lo suficientemente cuidadoso en Volterra, sus pensamientos no lo delataran, lo he visto. Sé que mis visiones pueden cambiar, pero creo que hay que tener un poco de confianza en él –enfatizó las tres últimas palabras, dirigiéndolas para mí más que para la audiencia—. Edward pagaría cualquier tortura por Bella.

--Alice, querida no dudo de tu don y es obvio que Edward da la existencia por Bella, mas hay que tener un plan bajo la manga si las cosas no salen como las ves en tu cabeza. ¿No creen? –cuestionó abiertamente Tanya.

--¡Ey! Yo confió ciegamente en ti hermano –declaró Emmett muy entusiasta mirando a Edward.

--Sí, yo también –afirmó Jasper, defendiendo a capa y espada la postura de su familia.

--Muy bien, al menos los Cullen pensamos lo mismo. ¿Les parece que quede concluido ahora mismo este tema? –Dijo Esme, siempre tan conciliadora.

—Me parece lo más apropiado –apoyó Carlisle a su amada esposa—. A nombre de todos los Cullen, te agradecemos infinitamente el haber ayudado a nuestra nueva hija, Tanya.

¡Carlisle me había llamado hija! Me estaba aceptando implícitamente y eso me llenaba de júbilo.

--Nos retiramos –enunció Carmen, la compañera de Eleazar, al levantarse se la silla donde había permanecido todo ese tiempo—. Edward, sabes que cualquier cosa que necesites de nosotros puedes pedirla sin pena alguna. Suerte con los Vulturi –se acercó a él y lo abrazó—Cuídate.

Las invitadas se levantaron al finalizar Carmen con su declaración e inmediatamente se estrecharon las manos unos con otros, incluyendo la mía. Cuando nos despedirnos, Tanya y yo, las cosas fueron muy diferentes, de parte de ella; me abrazó y me murmuró al oído con un tono amigable.

--Sin rencores Bella –sonrió al separarse de mí— Anhelo pronto verte convertida en uno de nosotros.

--De acuerdo –musité con cierto grado de inseguridad, ¿cómo pretendía que reaccionara a sus cambios de ánimo? ¿O era muy mustia o estaba más loca que yo?

--Edward –llamó la vampiresa— tenemos un trato ¡eh! --¿cómo que un trato? ¿En qué momento habían hecho un trato?

Bufé por lo bajo y mi coraje regresó.

Volteé a mirar la reacción de Edward, sin embargo parecía inescrutable, su cara no decía nada, así que sólo asintió, para después decirle:

--Gracias por sacrificarte “por mí”; aunque en realidad a quien salvaste fue a Bella.

Tanya le sonrió maliciosamente.

--Lo sé, ella es tu eterna felicidad, ¿había algo mejor por qué sacrificarse? –dejó la pregunta al aire e instantáneamente la muy descarada me observó, ¡cierto!, de seguro habían hablado a través de su mente.

¿Cómo aguantar esas acciones? ¿Cómo confiar si el don de Edward era desquiciante? Al diablo con los dos… rodé mis ojos y sigilosa me di la media vuelta.

Encaminé mis pasos a la puerta de salida, quería respirar aire puro, congelarme si era preciso, nada importaba, sólo deseaba estar lejos de ese despliegue de hipocresía.

Los integrantes de la familia Cullen estaban tan entretenidos despidiéndose que no notaron mi huida, pero los afectados sí.

Con la ligera ropa que llevaba encima, el frío de Denali caló mis huesos, sin embargo continúe caminando hacía el jardín. Mi estómago era un revoltijo y tenía unas inmensas ganas de vomitar, sin contar que la jaqueca era otro mal que dominaba mi cuerpo. Estúpida vampiresa y tonto Edward, pensé mientras cruzaba los brazos para cubrir mi cuerpo.

--Bella, espera, por favor –rogó Edward.

Pero para mi mala fortuna, en vez de detenerme, tuve que correr, pues las nauseas llegaron a cubrir mi garganta. Corrí veloz por el mero impulso de no hacer un desperfecto en ese espacio de ensueño que era el jardín de Esme.

Como me fue posible, llegué hasta un árbol y justo ahí, con la vergüenza de que Edward me viera en tan embarazosa actividad: vomité.

No sé qué habré regresado, pues no había comido nada bien el día anterior, pero escupí hasta el último alimento que guardaba mi estómago. Fue asqueroso, sumamente repugnante, desde niña odiaba la desagradable sensación que dejaban los bocados al subir por el esófago o bien los jugos gástricos.

En cuanto no tuve más fuerza en mi abdomen y mi vomito se convirtió en saliva, comencé a intentar recuperar la respiración, mas el oxigeno me raspaba la faringe, los ácidos eran los culpables. Carraspeé algunas ocasiones para intentar recuperar la voz y de paso quitar la mala sensación de la faringe.

Edward se acercó cauteloso a sobarme mi espalda repetidas veces, puesto que mi posición estaba completamente encorvada. La fatigada por el esfuerzo terminó por vencerme, ya ni tocia de lo adolorida que me sentía. Me erguí despacio y quise dar unos cuantos pasos, cuando Edward me cargó, con la enorme intención de llevarme en dirección a su hogar.

--¿Qué haces? ¡Bájame! No quiero ir a la casa –emití con mi voz pastosa.

--Te sientes mal. Necesitas enjuagarte y descansar.

--Bájame, te lo ordeno –a pesar de que mi voz era horrenda mi mandato sonó decisivo.

Edward me colocó en el suelo en ese preciso instante. Temblé por el frío y tambalearon mis piernas, sin embargo le di la espalda y continué caminando por mi cuenta, aún y con la extenuación.

--¿A dónde vas? –cuestionó enojado.

--No te importa, déjame. No quiero verte… Vete hablar con Tanya.

--Bella no empieces.

--Entonces vete.

--Ya, ¡contrólate! –Exigió—Hace unas horas te permití ser grosera conmigo, pero no dejaré que sigas siendo infantil respecto a ese tema. Te estás congelando y acabas de vomitar, no estás bien Bella, ¡no seas terca!, después reclamas lo que quieras; necesitas entrar a la casa –pretendió negociar conmigo en el estado en que menos escuchaba, iluso.

--¿Tú que sabes qué necesito? –Cuestioné irritada, sin voltear ni dejar de caminar— ¡Acaso lo supiste hace un año! ¡Acaso lo supiste hace diez minutos! Si ahora me siento mal es por tu culpa, así que: ¿por qué no dejas de jugar conmigo? Y haces lo que te dije.

--¿Jugar? ¿Piensas que estoy jugando? La que está jugando con mis sentimientos eres tú. ¡No le estoy hablando al aire, Isabella, voltea a verme! –reprochó y con desganó detuve mi caminar y me giré para observarlo—Gracias, qué amabilidad…

--Jamás debí de haber venido a Denali –declaré por fin en voz alta.

Soltó una risa sarcástica.

--Denali no es el problema, Bella, el problema es que desconfías de mí sin razón alguna, te molestas como si Tanya valiera la pena, cómo si ella importara más que tú. Te aferras a creer en un absurdo –arremetió con la poca cortesía que le quedaba, sin embargo sus palabras y sus ojos declaraban lo colérico de su sentimiento—. Piensa: ¿a qué me he dedicado estos cuatro días? ¡A nada!, sólo ver por ti. ¡He luchado hasta con mi propia naturaleza! –Exclamó— Y para ti parece no pesar en absoluto eso. Sólo estás creando castillos en el aire.

“Claro, a final de cuentas, ¿qué es inseguridad para ti? Una vampiresa que no forma parte de mi existencia. Inseguridad, Bella, es irte a otro continente conociendo que la persona que más amas puede ser arrebatada de tu lado. Inseguridad es tener la competencia latente… –sostuvo la mirada, sin embargo el dolor le cubrió sus pupilas.

¿Intentaba echarme en cara la relación con Jacob? Increíble.

Rodé los ojos y mordí mi labio para no contestarle como lo hubiera hecho de ser otra persona menos educada, sin embargo por mi mente transcurrían unas cuantas maldiciones al respecto que callé para no sonar soez ante su “atinado” comentario.

--Ni me reproches eso Edward Cullen, porque si yo estuve con otra persona fue enteramente tu culpa. Si no querías que pasara…

¡Oh no! Estaban a dos pensamientos de dejar escaparse aquello que nos lastimaría a los dos. Demonios…

--¡NUNCA ME HUBIERAS ABANDONADO! –Grité todo cuanto mis pulmones me lo permitiron y las lágrimas salieron en millones; el puro lenguaje del alma… y del resentimiento— Más bien, ¿tú qué sabes de inseguridad y de desconfianza? ¿Tú qué sabes del dolor que causa el escuchar de tu viva voz: “No te amo”? ¿Qué sabes de sentirte tan inferior que ni una maldita explicación coherente merezcas? ¿Qué sabes de pasar medio año en pleno estado catatónico porque ya no tiene sentido la vida?¿Tú qué sabes de volverte loco porque tu anhelo de ver o escuchar a la persona que amas te sobrepasa? ¡Respóndeme! ¿¡Por qué me dejaste en realidad!? ¿Te aburrió lidiar con la humana? NO TE ENTIENDO, ¿En qué cambia el que ahora quieras intentarlo a hace un año? ¡NADA! –Pasé la manga de la blusa por mi cara, con el propósito de limpiar el llanto— Y todavía tienes la insolencia de cuestionarme ¿¡por qué diablos no confío en ti!? ¡¿Cómo se confía en alguien que te abandona cuando más le amas?! ¡Cómo! A ver, dime cuál es tu plan esta vez… ¡DIMELO! ¿¡CUÁNTO TIEMPO TE VAS!? ¿CUÁNTO? –Chillé en plena agonía, pero con toda mi fuerza le jaloneé su camisa varias veces.

Lloraba cual Magdalena. Recordar todo el desastroso año me estaba destrozando totalmente. Edward debió de sentirse pésimo con tantas emociones lidiando en su interior, pues si yo no podía con esto, él menos.

--Tres meses—musitó y mi fuerza sucumbió al acabarse el sonido de sus palabras; estaba desbaratándome por dentro—, y no podremos comunicarnos.

...

Tenía por bien sabido que me mataría, por lo cual apenas sonorizo en un susurro eso último.

--Por favor, tranquilízate. Déjame explicate.

¿Tranquilizarme? Sólo sentía como se abría en dos mi pecho y el hueco que rasgaba la cicatriz pretérita. Me petrifiqué al escuchar en mi mente que mi tortura duraría noventa días con sus dos mil ciento sesenta horas, con sus eternos y lacerantes minutos y segundos.

--Tres meses sin saber de ti… ¿Me piensas dejar sola tres meses? –Susurré mortificada; mi estado de animo no me permitió esperar a que contestara y continué—Sabes qué… déjame sola; la estúpida humana necesita estar sola –finalicé y le di completamente la espalda.

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