miércoles, 23 de diciembre de 2009

capitulo 18 "Promesa"

**Los personajes e historia son obra y creación única de Stephenie Meyer -ya lo sabemos, gracias, continuen leyendo- la fuente mágica de los deseos es la única culpable de que yo reconstruya una historia alterna. FIN.**

Nota 18: La recomendación es una canción muy querida por todas las fans Twilight, sé que les encantará… Supermassive black hole de Muse.

¡QUÉ COMIENCE LA MAGIA!


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Emmet Cullen Pictures, Images and Photos
18. Promesa

"OH Baby dont you know I suffer,
OH Baby can´t you hear me moan,
you caught me under false pretences,
how long before you let me know"

Muse (Suppermassive black hole)

Edward POV

Literalmente corrí a la puerta principal, sin percatarme de quiénes pudieran estar en la planta baja, pues muy a pesar de mi tenacidad, al declararle a Bella que me iba y asimismo desdeñosamente abandonar aquella habitación, saber que sufría y como se hería tontamente por un pensamiento equívoco me torturaba el corazón. No era fácil lidiar con las emociones de un humano y con las de un vampiro estúpida y aferradamente enamorado.

Mi mente se encontraba confusa por doquier.

En un intento por justificarla pensé: A su edad es lógico que reaccionara así, al fin y al cabo sólo es una adolescente, aunque por veces aparentara ser mayor en su pensamiento, nunca dejará de tener una experiencia vivencial de diecinueve años, por eso, también, todavía no tenía claro cuán diferente era sentir cuando te aman a cuando están pasionalmente enamorados de ti… quizá necesité haber dialogado más con ella, tal vez no tuve el tacto correcto para abordar el tema… No sé, ¿y si regresaba a consolarla? Realmente lo medité y estuve a milímetros de claudicar, pero una idea me reforzó mi negativa: retroceder en este momento sería darle un triunfo que no se merecía, ella debía de darse cuenta del error que cometía y saber enfrentar sus decisiones con todo y las situaciones adversas. Le estamos haciendo un bien; camina.

Llamé, a través de mi paso, a los únicos que requería para salir de mi ensimismamiento.

--Emmett, Jasper

--Ya vamos.

Respondieron mis leales hermanos. No quería más compañía por el momento.

Al salir de la casa y toparme con la espesura de la noche, me contrarié doblemente, las emociones que ella me propiciaba eran en extremo fuertes y los sonidos que alcanzaba a apreciar brotando de la habitación me coartaban mi intención de dejar la residencia. ¿Por qué lloraba así?, ¿qué dije que la hubiera herido tanto? ¡Por qué era tan difícil entenderla!

Traté de jalar aire para acallar mi agonía interna, sin embargo extrañamente sentí, de la nada, un hueco en el pecho, un abismo de proporciones desmedidas, semejante a un vacio, no entendí por qué, pero inmediatamente me surgió la necesidad de cubrirlo con mis manos y sin razonarlo mucho lo llevé acabo. ¡Qué dolor tan intenso era éste!

Exhalé con dificultad el fresco aroma de la noche con un poco de la enloquecedora fragancia que había inhalado de mis poros, los cuales se hallaban contaminados de su dulce y embriagador aroma, de repente pareció que la noche perdió todos los bellos murmullos de su naturaleza y dejó sólo los que Mi Vida emanaba de su interior: Dolorosos gemidos y suspiros ahogados.

Tragué con verdadera penitencia el veneno que se acumuló en mi boca, el monstruo se hizo presente y exigió detener mi paso en seco, virar, regresar para extasiarse de cada pequeño espacio de su frágil y hechizante piel y de paso acabar con el cursi sufrimiento del hombre que lo atormentaba, del ser que pensaba en este instante en ella, que se flagelaba con cada paso y que deseaba irla a consolar. Ríndete hombrecillo, ella es más fuerte, ¿no me lo dijiste tú? ¡Regresa! El demonio dentro de mí habló con inteligencia, sin embrago…No, no lo haría, y no por orgullo sino porque era lo mejor. En unos días las pruebas a su convicción, a su confianza en mí, a nuestro futuro tenían que estar en su máximo nivel y si ahora retornaba al cuarto era perder no sólo esta batalla… era perderla a ella.

Frustración. Exhaustiva frustración.

Escuché otro penetrante sollozo, hiriente en toda su complejidad.

Inservible don de mierda. ¡De qué me sirves! Deseé poder leerle la mente una vez más, y aunque sabía que eso jamás sucedería, me lastimé con aquella esperanza perdida. No pude resistir mis anhelos y mis ganas de terminar con esta amargura y grité sin importarme quién me oyera.

--¿¡DE QUÉ ME SIRVE!?

Me tumbé, al tiempo en que me desahogaba, al suelo mojado del bosque, mis rodillas amortiguaron la caída. Como respuesta a mi colérico infortunio me golpeé varias veces con la mano mi cabeza.

Dos ráfagas de viento chocaron, en ese instante, con los árboles y las rocas que estaban a mi alrededor. Sentí la presencia Jasper y Emmett; me habían alcanzado por fin.

--Tranquilo ¿Qué pasó hermano? –Preguntó Jasper poniendo una mano sobre mi espalda, instintivamente sentí su preocupación—Deja eso, así no solucionas nada. ¿Quieres que aminore lo que sientes?

Negué con un movimiento brusco de mi cabeza.

--Levántate Edward –pidió Emmett—. Bella te hace débil ¿o qué? Acabas de llegar y mírate ya estás llorando como niño nuevamente. ¿Qué carajos te pasa?

Apreciaba a Emmett por su indiferencia ante los problemas, su felicidad era casi comparable con la de Alice, y su protección con la de Carlisle. No podía enfurecerme con él a pesar de sus chistes fuera de lugar. Sólo respiré una ocasión y me dispuse a contestarle lo mejor posible.

--¿Emmett alguna vez has hecho sufrir a Rosalie? –Recapacité en fracción de segundos esa tonta pregunta… Rosalie no sufre—. Mejor dicho ¿Alguna vez te ha herido Rosalie?

--No jodas Edward; esas son estupideces. Párate.

Sin que me diera tiempo de nada me asió por los hombros y de un jalón me puso en pie. Me sentía títere en sus enormes manos y eso sí me disgustaba un poco, su actitud no era correcta, pero dejé que pasara, sinceramente en estos momentos eso no era muy relevante, sin embargo Jasper me defendió e hizo que Emmett se alejará unos metros de mí.

--No Emmett, no lo entiendes. Deja que Edward se calme, realmente le duele pelearse con Bella.

Quería explicarles que me dejaran solo, que necesitaba estar conmigo y mis demonios. Era vergonzoso que ellos me vieran una vez más así. Algo debió de ocurrir en esos instantes, una acción de más en Emmett, un gesto de Jasper, una idea en mi cabeza que reclamé aquello que me mataba la razón.

--¿POR QUÉ NO SE CALLA? –Llevé mis manos a apretar fuertemente mi cabeza— ¿POR QUÉ LLORA ASÍ? –Pregunté desconsolado al continuar oyendo su llanto.

Exigía la contestación más que a mis hermanos a la Nada, a la desgarradora eternidad, a mi insignificante, inservible y estúpido don. Respiré con la intención de deshacer mi emoción, Jasper estaba a mi lado y lo que acontecía en mi fuero interno lo lastimaría –como hace un año—. Cuando el aire cruzó mis pulmones me percaté que hasta inhalar dolía, si no era su dulce fragancia no me servía; lo expulsé con rapidez.

--Jasper – contestó con un sonido sordo—, hermano, tener tu don… es una mierda –jugué un poco con la situación, pero la realidad es que estaba afligido.

Jasper sonrió de oreja a oreja, debía sentirse superior por poder controlar mejor la realidad que yo, su hermano el sabelotodo. Observé como su declaración vendría cargada de doble intención.

--Sólo la parte que te tocó a ti, debilucho; la otra es muy divertida. Te lo aseguro.

No me vas a negar que Bella te prendió más de la cuenta hace rato… ¡Todos te oímos descarado! Y no es por consternarte más, pero ¡vaya que fue intenso lo de tu novia! –Pensó victorioso, Jasper, al darme jaque mate con los beneficios de su don.

Su comentario final, ciertamente, no era de buen gusto, aunque yo tenía que haberlo sabido. La casa se inundó con nuestro pequeño momento y los descorteses habíamos sido nosotros, no ellos.

--Lástima que Bella no sepa controlarla por completo –finalizó disfrazando a la perfección su pensamiento.

Retiré mis manos de la cabeza y le sonreí hipócritamente.

Sólo digo lo que sentí Edward. No te enfades. Tú empezaste. Asentí dos veces y miré a otro lado del bosque. Era cierto, yo me lo busqué.

--Escucha Edward –me llamó Emmett con cierto tono conocedor—, esto se resume en una palabra: Celos. Bella se siente inferior a Tanya.

Levantó sus hombros en representación de algo que fuera muy simple de deducir. Él lo creía como una verdad, más yo lo veía muy lejano, ya le había comentado a Bella lo insignificante que resultaba esa vampiresa en mi existencia.

--Si entendí bien –continuó Emmett—, el momento exacto en que te corrió de la cama fue cuando la nombraste, ¿no idiota?

Emití un sonido sordo en respuesta afirmativa. ¿Acaso todos estaban al pendiente de mi noche con Bella? ¡Qué desagradable! ¡Vampiros indiscretos! Lo que llega hacer la eternidad en los seres inmortales…

--No te culpo del todo, tu inexperiencia en el tema te hace cometer errores, pero por eso, aquí estoy yo para orientarte –se golpeó el pecho con una mano—. Para empezar, imbécil, jamás hables de otra mujer cuando termines de tener sexo con tu novia. Segundo, no te hagas estúpido, Tanya está riquísima, tiene unas curvas… –Emmett dibujó el cuerpo de Tanya con exacta peripecia e hizo gestos muy propios de él cuando hondaba en temas de sexualidad— y, ¡por todos los cielos!, Bella no es ciega como para no darse cuenta de eso–declaró como si tuviera la verdad del universo saliendo de su boca.

Su demostración me terminó de sacar de mis casillas. ¿Cómo se atrevía a decir tanta estupidez sin conocer mis sentimientos o los de Bella? ¡Al diablo si Tanya tenía el mejor cuerpo de toda nuestra especie! Emmett estaba cometiendo imprudencias al referirse de esa manera a una conversación de la cual no estaba siendo congruente, ni mucho menos centrado.

--Emmett que te quede claro esto: ¡A mí no me atrae Tanya! —Reclamé antes de que siguiera con sus malditas enseñanzas—Y eso es lo quiero que Bella entienda, ¿podrías centrarte en el tema?, ¡por favor! Por mí puede irse al carajo Tanya, o ¿eventualmente tú engañarías a Rosalie con ella? –cuestioné molesto.

Jasper notó mi falta de paciencia en esta discusión e intervino antes de que me escapara en busca de mi soledad… de mi reconfortante y silenciosa soledad.

--Tiene razón Edward. Emmett, ¿quién de nosotros se fija en alguien más? Al menos yo no y apostaría lo que quieras a que tú tampoco, a pesar de esa maldita representación gráfica refiriéndote al cuerpo de Tanya –trataba de centrar el debate, ¡qué alivió!—El problema es que Bella no lo ve objetivamente, o quizá no como nosotros lo percibimos. ¿Por qué no le hablas con la verdad hermano? Dile lo que pasó entre ustedes…

¡Maravilla! De menos Jasper no se había entrometido de lleno en mi plática con Bella; aunque no podía aseverar lo mismo con Emmett.

--Ya lo hice Jasper, creo que hasta fui demasiado indiscreto; por eso mismo es que no entiendo ¿qué hice mal?

La frustración me atenazó de nueva cuenta a mi ser. Mi mente empezó a revolucionar en ideas pesimistas, como una película de terror saltó a mi pensamiento la imagen de una Bella destruida por los celos, insegura y con unas acciones guidas por sus miedos; con un siglo de por medio ya había aprendido bastante de la naturaleza de los humanos cuando se sienten traicionados, sus actos irreflexivos y sus decisiones basadas en el dolor… yo no deseaba en ningún momento ver a Bella fuera de sí, intentando hacernos daño, no, no, no. El malentendido de Tanya tenía que acabar ya… o si no… en unos días… Gruñí para retirar ese jodido pensamiento.

¿Por qué me sentía angustiado al visualizar a ese perro? ¿Por qué también tenía esta inseguridad en el fondo de mi corazón? ¿De dónde tanta desconfianza entre nosotros? ¿No nos sentíamos seguros? ¿Qué estaba fallando?

Me di la media vuelta y golpeé un árbol con toda mi fuerza; lo derribé sin ningún problema, pero aún así no concluyó mi dolor.

-- ¡No la quiero perder! –apreté los puños, para contener la furia y no desaparecer el bosque en menos de cinco minutos.

La respuesta a una de mis preguntas fue contestada por mi demonio: Bella duda de ti, ¡no te das cuenta!, la relación no va resistir, no te ciegues… El perro está esperando que te marches… Gruñí, gruñí al percatarme de la realidad, el estúpido perro sí aprovecharía cualquier hueco o desconfianza de Bella para colarse nuevamente, y ella…

Bueno, Bella no es mala persona, sólo demasiado insegura y noble para creer que alguien puede ser un desgraciado y maldito abusivo, el ejemplo vivo de esa teoría era Jessica y ahora parecía que el perro quería pertenecer a ella eternamente. Ella lo pensaba perdonar de todas maneras... y…

--¡Edward! –llamó Jasper.

--Ella tiene novio –musité con ironía y desesperanza cortando el silencio. Ya no aguantaba más con mi mente deambulando en ese tema—, ¿saben lo que eso significa? –mi voz salió con ira al volver a recordar sus vivencias.

--¡Carajo Edward! Sí que has cambiado: bebes sangre humana, tienes sexo y a parte tu intachable moral te dejó existir por fin, ¡Bien hermano, ya era hora!

Emmett comenzó a dar unos saltos por la emoción, ¿qué demonios le pasaba?, ¿qué no veía como me encontraba? ¡Estaba loco! Rodé los ojos al escucharle lo que le continuaba a su declaración, sabía que lo hacía con la mejor intención, pero no me hallaba de humor para seguirle el jodido sarcasmo.

--¿Qué sigue? ¿La transformación de Bella? – remató con el último tema que le faltaba por escupir, mas yo lo saqué de su ignorancia y de su juego.

--Sí –susurré.

¿Cómo si no lo supieran ya? ¡Qué imbéciles al querer esconder lo evidente!

--¡Qué!

¡Más idiota!

--A ver Edward, vamos por partes –mesuró la plática Jasper y dio una media vuelta—, ¿cómo que Bella tiene novio?... ¿Eres su amante?... ¡Pero si se van a casar!

Si algo poseía a su favor Jasper era ser muy honesto, y en lo que llevaba de conocerle jamás me había demostrado ser falso, así que no me sorprendió que sus preguntas se encaminaran a otra dirección. Lo de la transformación de Bella era algo que los Cullen ya habían escuchado minutos atrás, yo no sé que se hacía idiota Emmett.

¡Diablos! Sabía yo que tantos años de abstinencia te iban a convertir en un maldito pervertido –pensó el imbécil de mi hermano y en respuesta a su estúpido comentario puse mis ojos en blanco. Ya había aguantado varias de él.

--No soy su amante idiotas. Ella obviamente ha decidido dejarlo, pero él se obstinó en lo contrario –mi rostro se deformó al revivir la llamada de la mañana—Digamos que las cosas no son nada fáciles y por eso tiene novio… aún –repuse con velocidad.

Un tema nos había llevado a otro y tal vez los acontecimientos eran de esa forma por una razón… Mis leales y queridos hermanos de condena, Jasper y Emmett, eran los únicos en lo que podía confiar en este momento tan angustiante de mi existencia. ¿Por qué no pedírselos?...

Jasper sintió mi inquietud y con sumo cuidado se acercó a mí y puso una de sus manos en mi hombro para darme confianza.

--Hay algo más ¿no es así?… Algo que quieres pedirnos, siento tu ansiedad.

--Sí, así es… A los dos –volteé a verlos directamente, esta iba a ser la promesa más importante que les pediría—. Los Vulturi me demandan regresar a Italia; como ustedes sabían, esta visita era sólo de una semana, pero cuando vi a Bella, bueno… –respiré hondo, no quise ahondar en eso.

Jasper llamó discretamente mi atención con una alegría visible.

Regresaras a pedirles que te retiren la sentencia de muerte ¿no es así?

Asentí una vez con mi cabeza y él sonrió.

Bienvenido a la eternidad hermano. ¡Amo a Bella!

Sonreí, pero no dejé que pasara más el tiempo, lo que tenía que pedirles era muy importante.

--Me veo atado de manos con ellos, cualquier indicio o descuido es fatal, más porque Bella es humana y Aro puede leer mis pensamientos, ¿entienden la gravedad del asunto? Por mi culpa estamos violando las leyes –los dos asintieron al percibir mi temor—. Necesito que estén cerca de Bella en lo que yo regreso para protegerla, no puedo irme con este desazón, ¿podrían regresar una temporada a Forks?

Ninguno de los pareció descifrar mi miedo, claro, desconocían que Bella tenía por novio a un licántropo enloquecido de celos.

--¿Protegerla de qué? ¿De los rastreadores de los Vulturi? –cuestionó Jasper.

--No, de ellos no. No creo que sean un punto de desconfianza. Me consideran el hijo prodigo de Aro.

--¿Entonces? Maldición ya dinos Edward –exigió Emmett, siempre tan desesperado.

--Su novio es un licántropo –solté y los dos mostraron un gesto de horror.

--¡Diablos! Eso es muy peligroso, Edward. Espera, ¿No nos habíamos ido para que ella estuviera a salvo? Espera otra vez… tú eres un maldito cazador de perros con los Vulturi ¿no? –Lo reflexionó dos segundos y comenzó a saltar eufórico— ¡Genial! Así que, si el cachorro se pone inestable con Bella, nosotros lo descuartizamos.

--No Emmett, no es así de fácil, escucha por un momento a Edward –interrumpió Jasper – Los Cullen tienen el tratado de por medio y seguramente este licántropo forma parte de esa manda ¿no Edward?

--Sí, efectivamente Jasper, es descendiente de Ephraim Black.

--¡Oh rayos! –dijo Emmett desilusionado de perder un poco de acción en su tarea.

--Además las cosas entre ese perro y yo las arreglaremos cara a cara –enuncié con odio mirando a Emmett—, ésa es mi batalla y no quiero que ustedes se metan. Sólo les pido –ablandé mi voz—que la protejan hasta que yo pueda deshacerme de los Vulturi. Mi temor radica en que una vez el chico se salió de control y no me cabe la menor duda que está muy alterado en estos momentos. ¿Podrán ayudarme?

--Por supuesto—respondió Emmett.

--Claro Edward, no tendrás de qué preocuparte, nosotros haremos que ese perro se mantenga alejado de nuestra futura hermana –contestó Jasper.

Me sentí más reconfortado al saber que la promesa estaba hecha, sin embargo Emmett no podía quedarse atrás con sus comentarios desatinados.

--No quiero ser aguafiestas Edward, pero ¿qué pasa si como buena humana Bella se confunde en tu ausencia? –Su pregunta me golpeó peor que un puñetazo de su mano, convertí en ese momento mi cara en un conflicto—Lo siento no pretendía arruinar los planes, pero ¿qué hacemos en ese caso?

--No, no te disculpes, tienes motivos para hacerlo Emmett, y les pido, a los dos, que si eso llegara a pasar: no le digan, ni hagan nada, déjenla –dictaminé con un agudo dolor en el pecho.

No sólo el monstruo en mis adentros conocía esa posibilidad, sino mi propia familia también lo veía venir. Mi fuero interno se oprimió con dureza y regresé a poner una inescrutable máscara ante ellos, aunque no contaba con que Jasper fuera testigo de mi agonía.

--¡Vaya que la amas! –recalcó Jasper al sentirme tan a la deriva.

--Sí –musité.

Miré al cielo oscuro y cerrado por los nubarrones, me sentí tan insignificante al no poder ser el triunfador inminente de esta guerra.

--Quiero que sea feliz ¿de acuerdo? –susurré altivo con lo que quedaba de aire en mis pulmones.

--¡Ey! No comiences de mártir hermano, basta de sacrificios, ¡LUCHA, NO SEAS COBARDE! A ella se le nota enamorada de ti, como cuando la conocimos. ¡Deja de llorar niña! –Aventó una piedra en mi dirección, la cual esquivé con astucia—Ves, no porque algo te intente golpear dejarás que lo haga, aprende del pasado torpe… Por mi parte te prometo protegerla; convencer a Rose va a costarme, así que dudo estar desde el domingo en Forks… lo más pronto que puedo ofrecerte es el miércoles, pero ahí estaré, no hay duda.

--Alice no se opondrá, ama a Bella, ya lo viste en la tarde. La cuidaremos bien –palmeó mi espalda.

Esas palabras me transmitieron la confianza que necesitaba, mis hermanos eran lo más preciado de mi existencia, después de Bella, y una vez más me lo demostraban.

Un pensamiento de Jasper llegó a mi cabeza, finalizando con ello la seguridad que anhelaba obtener esta noche de ellos.

Ella también te ama de la misma forma ilógica con que tú lo haces, tranquilo, confía en mí... lo siento mejor que tú ¿o no debilucho?

Me reí con a penas una pequeña parte de la alegría que comenzaba a inundar mi ser.

-- Y continuando con los temas escabrosos Edward: ¿ya es un hecho convertir a Bella? Y si es así ¿Cuándo lo tienes planeado? –cuestionó Jasper.

--Tanya me transmitió su experiencia con Issac, hoy, en la entrada y mi maldita mente comenzó a cavilar en la posibilidad de hacerlo realidad. Soy un egoísta, lo sé –miré como Emmett rodaba los ojos y negaba mi idea—De todas formas, Bella ya lleva en sus venas el veneno, ahora lo sé y no es algo con lo que exista tranquilo –suspiré—. Y el único plan hasta hoy es: después de la boda.

--¡Qué cursi eres Edward! –se burló Emmett de mi idea, ya estaba de humor para atacarlo.

--Y tú un imbécil Emmett –declaré con el mismo tono burlón—. ¿En qué momento quieres que lo lleve acabo si me voy a ir a Italia? Es un cambio muy fuerte y ustedes lo saben, a ver Emmett –reclamé su atención y él volteó con una sonrisa estúpida en sus labios—, ¿cómo pretendes que explique una ausencia, de por lo menos, un año a sus padres?

Su risa estruendosa ahuyentó a miles de aves que estaban dormidas en la copa de los árboles aledaños.

--¡Eres un maldito calculador! –Dijo mientras se seguía riendo –Jasper tenemos que pensar en la despedida de este histérico Maquiavelo.

--Sí, una cacería a lo grande—dijo entusiasmado Jasper.

Y en eso, los dos se me aventaron encima y comenzamos una infantil pelea, que duró lo suficiente como para ponernos de mejor humor a los tres. Cuando paramos aquel juego tonto, Jasper continuó la plática.

-- Bien pensado Edward. Ya era tiempo de que sentaras cabeza. Para finalizar tu martirio, ¿nos contarás que rayos pasó exactamente? ¿Por qué Bella lloraba como si le hubieras roto un brazo?

--Ya lo supe, y sin necesidad de tener don, bola de estúpidos –declaró Emmett.

--¿A si Emmett?… ilústrame, ¡Oh sabio hermano! –dije burlándome de su seguridad.

--¡Son unos insensibles! –Lloriqueó como si fuera una niña e hizo el ademán adecuado para enfatizar que estábamos perdidos en teorías vanas— Bella te pedía desesperada que la transformaras, según recuerdo, cuando vivíamos en Forks, tú te negaste todas las ocasiones y de buenas a primeras le comentas que tu ex novia te dijo algo al respecto ¡y tu accedes! –aventó los brazos al frente, señalándome—Eso le hirió su ego, ¿es tan difícil de comprender eso?, y parte ha de haber pensado que la pusiste en el papel de estúpida, cosa que le haces al resto de la gente con singular maestría. Conclusión: Siente que la opinión de la vampiresa sexy la sobrepasa.

--Eso tiene sentido Edward –comentó Jasper.

Reflexioné con meticuloso cuidado el argumento de Emmett. Bella había escuchado con atención mi confesión y no se comportó infantil sino hasta que le dije que Tanya me había transmitido sus experiencias.

Muy lógico.

¿Cómo no se me ocurrió a mí?

--Ves Edward, haces sentir a los que te rodean como estúpidos… ¡Acéptalo, carajo! Tengo razón –enunció orgulloso y me sujetó el cuello entre uno de sus brazos, para después despeinarme con su puño.

--Sí Emmett, me ganaste—vociferé— ¡Ahora suéltame! –demandé y me desprendí de su abrazo.

--¡Ése es mi hermano! Ves, no cuesta nada ser humilde de vez en cuando...–dijo contento con al haberme vencido.

Se irguió y sacudió un poco su ropa, en seguida imité su movimiento. Ya estaba con todo mi mundo en su debido lugar y con las respuestas que anhelaba tener entre mis manos.

--Bien vampiros, es momento de la cacería que este Don Juan –me señaló con la mirada—tiene que regresar antes del amanecer a en contentar a su futura mujer… sin mencionar que te urge meterte en su cama ¿o no, insensible? –volvió a chillar como si fuera una señorita.

--Creo que por fin Lucifer se apiadó de ti Emmett y te otorgó un don que realmente valiera la pena–ironicé.

Los tres nos echamos a reír.

--¡Adelante!, el que cace menos de diez animales es un licántropo –retó Emmett y yo lo vi con una mirada asesina— ¡Qué! ¿Ya tan rápido quieres ser unos de ellos Edward? –Se rió estruendosamente— ¡A cazar, vampiros!

***

Eran alrededor de las cuatro de la madrugada e íbamos corriendo camino a casa. Pensar en la carita angelical de Bella me mantenía con una velocidad constante; la ráfaga de viento nunca se me había hecho una barrera con la cual luchar hasta el día de hoy, justo cuando mi necesidad era mayor: mis manos realmente ansiaban tocar su suave piel, mi nariz volverla a oler, mis labios a besarla, ¡Diablos! ¿Cómo una pequeña, de a penas diecinueve años, me esclavizaba así?

¿De verdad eres un vampiro?, pensé irónico refiriéndome al demonio que de vez en cuando ansiaba sangre humana.

Mis hermanos me parecían muy lentos, más de lo normal, ¿quizá estaban probando mi paciencia a mis espaldas?, lástima para ellos porque sólo disminuí mi paso cuando nos cercamos a la casa y me detuve en seco sólo cuando estuve en la entrada al jardín de Esme; al poco tiempo aparecieron golpeándose uno al otro, en son de juego.

A unos cuantos metros para cruzar la puerta de la residencia, escuché un pensamiento femenino llamarme.

Espera, no entres aún… Vamos a hablar querido Edward; es la única oportunidad que tendré para conversar contigo en privado… Por favor, no me rechaces. Estoy en el jardín.

Era Tanya… torcí la boca. ¡Inoportuna como siempre!

Jasper y Emmett percibieron casi al instante a la entidad que me pedía quedarme.

--En unos minutos entro –dije seco y desganado.

--Bella va a enfurecer más… hazle caso a mi don –comentó sarcástico Emmett.

--No tardaré –musité y les di la espalda.

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