jueves, 31 de diciembre de 2009

capitulo 23 "Odio"

Nota 23: Cuando escribía este capítulo la única melodía que me acompaño fue Flowers we are de Yiruma, melancólica y hasta un poco depresiva.

¡Qué comience la magia!


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CLARO QUE ANTES DE EMPEZAR PS YA SABEN HOY ES DIA DE FIESTA Y MAÑANA DE DESCANSO JAJAJAJAJJAJAJAA POR ESO ES QUE LES DEJO DOBLE CAPITULO DISFRUTENLOS Y ES SU REGALITO DE AÑO NUEVO JAJAJAJAJAJJAJAJAJA DE NUEVO GRACIAS MIELI POR TU GRAN OBRA MAESTRA JAJAJAJJAA QUE HARIAMOS SIN TU HISTORIA JAJAJAJJAA BUENO MUCHAS FELICIDADES A TODAS DISFRUTEN EL INICIO DE UN NUEVO AÑO VAMPIRESCO!!!!! BYE BESITOS VAMPIRESCOSq!!

23. Odio

"Después del amor, lo más dulce es el odio"

Henry Longfellow Wadsworth

Carlisle Cullen Pictures, Images and Photos

Bella POV

El odio es un sentimiento tan feroz, tan descomunal, tan intenso… Se percibe en las venas, corriendo, tibio y natural; se huele como el aire que te permite estar viva; se mira hasta en la total oscuridad de tu mente; se saborea caliente, cuando la sangre hierve, o frío, si viene acompañado de venganza.

Cuando sufres y estás tan asustada por tanto tiempo, el miedo y el dolor se vuelven odio y el odio empieza a cambiar al mundo.

***

Bella despierta –susurró la voz tierna y aterciopelada de Edward—Se fuerte; hazlo por Renesmee.

Enseguida levanté los parpados tras el mandato, engañándome por el impulso de la inercia, pues Edward no estaría allí, lo sabía, o ¿de qué otra forma podría haber dicho el nombre de nuestra hija? Ésa había sido mi mente refugiándome de los abismos de la evasión, de la caída constante y en picada al olvido.

Una vez enteramente consciente, y con las imágenes nítidas, empecé a percibir la luz del día, los sonidos impersonales del hospital, mi postura en esa cama, el helado clima, el olor a medicamento, todo, sin embargo permaneciendo estática. Ni siquiera viré la mirada, para tratar de hallar a alguien –además ¿a quién buscaría?, si el fantasma que me llevó a despertar estaba a miles de kilómetros y sin menospreciarlo, no querría que hubiese mirando mi deplorable estado—, así que sólo… abrí los ojos.

Respiré una, dos y tres veces hasta que mi pensamiento me llevó a inhalar profundamente con sollozos de por medio. Lo que mi cabeza cavilaba era diez veces peor que el dolor de mi cuerpo. No, no, no. No quiero.

A mi alrededor un sonido se produjo con más constancia, era el monitor que controlaba mis signos vitales y me cantaba la vida que tenía a cuestas, vida que me servía exclusivamente para sostener a la bebé que llevaba en mis entrañas, para la lucecita que me mantendría feliz a partir de que saliera de este hospital. Ya que… –exhalé despacio— me alejaría definitivamente de Edward y esta vez sí sería para siempre. ¡No, no es justo!

Tuve que tragar saliva para deshacer el nudo insoportable de la garganta.

¡Sí Isabella! ¿Cómo vas a permitir que te vea así? No seas ridícula –intentaba convencerme aún cuando el corazón se me partía en mil pedacitos—. Deja que te recuerde tal cual se enamoró de ti.

Tenía razón mi Yo interno, aunque costará llevar acabo la acción; las horrendas cicatrices de mi cuerpo jamás me dejarían volver a estar a gusto con él, jamás. ¿Con qué seguridad me quitaría la ropa?, y más después de verlo desnudo, ¿qué le ofrecería cuando deseara hacer el amor? ¡Un adefesio! Un amorfo cuerpo. ¡NUNCA! Él no se merecía quedarse conmigo por la culpa que lo invadiría, no, ni siquiera por el compromiso que nos uniría. Gracias a lo anterior, me desaparecería del universo –si era posible—, me cambiaría de nombre y apellidos, me iría al lugar más soleado e inhóspito y llegaría hasta el punto de comer ajos a diario con tal de que mi sangre cambiara de olor.

Nunca fui hermosa como para estar con él y ahora menos. Debo de alejarme; tener un poco de dignidad y no aferrarme a lo imposible –sollocé—. Él no se merece una persona repugnante a su lado… y menos eternamente. ¡Qué estúpida! ¿¡Cómo planeó convertirme en vampiro con tan desagradables cicatrices!? ¿Existir así para siempre? ¡No!

Debemos huir Reneesmee, irnos sin dejar rastro para que la familia de tu papá no nos encuentre –sentí una opresión en el corazón cuando vi la realidad de mi niña—. Lo siento nena, créeme, me duele separarte de él, deberías tener la oportunidad de conocerlo—tensé la mandíbula para contener el llanto—, es un excelente ser… es sólo que nadie puede saber a dónde vamos. Pero tranquila, mamá va cuidar muy bien de ti –paré en seco mi soliloquiocuando sentí que no resistiría el llanto.

Intenté pensar en algo agradable, pero ¿qué iba a pensar? Sólo Renesmee me podía dar fuerza para seguir adelante y pensar en ella era imaginarme a Edward. Intenté sentirla, para distraerme, mas no tuve éxito, pues al parecer en esos instantes mi cuerpo sufría el adormecimiento de los narcóticos, así que no la percibía en lo más mínimo, ni siquiera por estarle transmitiendo mis emociones más depresivas. Quise construirla en mi mente, tal cual me había descrito Alice que sería, sin embargo era una idea tan constante en mis pensamientos que no reaccionaba como necesitaba mi atormentado ser para olvidar la sensación del llanto. Creo que por analogía pensé rápidamente en Renée. Las madres casi siempre deberían de causar seguridad en sus hijos y eso era justamente lo que anhelaba: seguridad y con mucha más urgencia, antes de que me hundiera en el infierno.

Mi alocada madre también se había marchado del lado de Charlie cuando yo apenas era una bebé y si ella, con la inmadurez de su juventud, pudo conmigo, ¿por qué yo no?; además buscando más curiosidades en los esquemas inconscientes de la mente, ella también se había ido al otro extremo del país, a un lugar cuyas nubes no ensombrecieran su vida y la de su hija. Yo no me iría del lado de Edward por descontentos o peleas, como mis padres, sino para quitarle la carga de una atracción fingida y una culpa que destruiría nuestro amor. Debía de valer algo eso ¿no? De todos modos, algún día me encontraría, estoy segura, y entonces su hija conocería al maravilloso ser que es su padre. No se quedaría sola –si es que ella también heredaba algo de la naturaleza de Edward—.En mi cuenta de fondos para la universidad tenía ahorrado bastante dinero como para escapar del país y sobrevivir en cualquiera de los países latinoamericanos. ¡Rayos!, pensé al cruzar la imagen de una mujercita por mi mente: Alice, el único problema, sin duda. Suspiré contrariada, Alice me tenía acorralada. No podría dar un paso sin que ella supiera el siguiente y para mi mala suerte ya me habría visto tomar mi decisión, por lo cual los aeropuertos cercanos estarían rodeados de los Cullen. Ah… El suicidio no parece tan malo después de todo Edward, pensé irónica y cerré los ojos con el objetivo de desvanecer aquel pensamiento, porque mucho que yo lo deseara –o hasta su padre— esa no era la manera de transmitirle a nuestra amada hija la fragilidad de sus progenitores.

¿Por qué lo simple se complicaba tanto? Lo único que intentaba era hacerle la existencia más llevadera a su “hermano”.

Cálidas y a la vez devastadoras, dos lágrimas se escabulleron de mis ojos, una de cada lado y al rodar por mis mejillas mi corazón se incendió en miles de llamaradas, causando que el odio por el mundo se desatara sin censura y mi mente liberara a mi don del candado restrictivo.

¡Maldito Jacob, arruinaste mi vida!

Abrí de golpe los ojos cuando su imagen quiso presentarse en mi mente. Una ira descomunal invadió mi sangre al recordarlo y, como si fuera magia o algo verdaderamente real, observé con rapidez como mi mente comenzaba a incendiar el cuarto, atrayendo las ráfagas de fuego desde el suelo y subiéndolas con movimientos serpenteantes al techo; por un momento me sentí acalorada con todos esos colores carmesí combinados con delirantes tonos anaranjados y negros; las cortinas blancas que rodeaban a la cama y las de la ventana se levantaron por el aire que propiciaba la combustión y se fueron consumieron lentamente.

¡Te odio Jacob Balck, TE ODIO!

--Bella –una voz preciosamente masculina me asustó y desencajó todas mis emociones—, no hagas eso, no estás sola.

Por el espanto, quise girar para verle, mas fue imposible, hasta el momento no me había percatado que mis muñecas y mis tobillos estaban amarrados a la cama, justo como en las películas cuando inmovilizan a los locos… qué casualidades. Rodé mis ojos en la dirección de donde provenía la voz y lo vi, postrado a un lado de mí, observando mi espectáculo ilusionista.

¡Qué vergüenza!

Al clavar mis ojos con los de él, sentí toda la compasión que me faltaba, toda la paz que mi alma requería para sosegar el naciente odio por Jacob.

--¡Carlisle! –apenas pude articular cuando el verdadero llanto salió a la luz.

--Sí, aquí estamos.

Se acercó y como si fuera Edward me abrazó con ternura y consuelo.

Yo sabía que él no era padre de ninguno de los Cullen, un creador sí pero a mi concepción eso era exageradamente diferente, sin embargo fungía muy bien el rol de padre con esa personalidad tan protectora y serenada que emanaba al universo.

Su frío contacto en mi piel me ocasionó bienestar, no ardía más y mi mente fue desmantelando la ilusión conforme me fui relajando. He de ser sincera, de entre todos los seres de este planeta, incluyendo a Edward, nadie habría sido mejor, para mí, en este instante que Carlisle.

--¡Eso es! Apaga las llamas del infierno Bella, aún no es tiempo de que las conozcas, no seas tramposa –susurró con un tono bromista y se incorporó para desatar las correas que me encarcelaban.

Traté de reírme con él, pero lo único que logré fue sonreír medianamente mientras mis manos eran liberadas, por obviedad mi molestia residía en su cercanía a mi repugnante piel, pues ¿qué tanto estaría enterado de mi estado como para actuar con exagerada naturalidad? En cuanto las sentí sueltas las escondí, me apenaba tanto que las evaluara con sus ojos de vampiro. Recordar mi cuerpo era tremendamente traumático como para dejar que alguien más se expusiera a tan desagradable sorpresa. Carlisle debió percibir mi vergüenza y sin incomodarme más se dirigió a desatar mis tobillos, fue hasta entonces cuando lo miré con más detenimiento, detectando una particularidad demasiado significativa: llevaba la bata de médico.

¿Estaría trabajando nuevamente en este hospital? Y si era así, ¿de qué me había perdido? Si Carlisle estaba aquí era seguro que ya sabían los Cullen qué me había sucedido, sabrían mejor que otros, o quizá que cualquiera, qué me había atacado. ¡Oh, no! ¿Carlisle conocería lo de mi embarazo?, reflexioné y mi corazón se agitó, ¿cómo le explicaría este milagro?

Ni hablar… era abordar uno u otro tema.

--¿Ya viste lo que hizo conmigo? ¡Soy horrible!

Carlisle se puso a un costado mío y cerró sus ojos al ritmo que movió su cabeza de derecha a izquierda.

--Te curarás –dijo vehemente y clavó su mirada en mí.

--Pero las cicatrices…

--Tus heridas están sanando extremadamente rápido. Al cabo de tres semanas volverás tener el tono natural de tu piel y las cicatrices que queden las iremos eliminaremos con cirugía, de eso no te preocupes; la ciencia ha avanzado tanto.

Hablaba con tanta precisión, con demasiada tenacidad, me sentí esperanzada de sólo oírlo. ¿Si eso era verdad, mi horrendo aspecto se mejoraría? No lo podía creer… Lo cierto es que mi único referente había sido Emily y su espantosa cicatriz en la cara. Ella era humana por completo, yo ahora suponía ser un híbrido con capacidades de sanación mucho más potentes que las del humano promedio, quizá mis marcas no serían tan brutales entonces. Además Carlisle tenía razón, la cirugía me ayudaría a quitar aquellos rastros que el veneno vampírico no cubriera, el dilema era: ¿tendría el suficiente dinero para pagar esas intervenciones? Conté veloz cuánto invertiría… ¡Bah!

Me cansé de hacer cuentas… ¡a quién trataba de engañar! La mirada de Carlisle me dijo todo: ellos lo solventarían desde el momento en que dijo “las iremos eliminando con cirugía”. Respiré profundamente, jamás me había sentido a gusto con este tipo de situaciones, me prometí a mí misma algún día devolverles cada centavo, así me llevará la eternidad.

Rogué desde lo más profundo de mi alma por sanar completamente para el regreso de Edward.

--Carlisle –musité insegura—, ¿cómo están las cosas allá afuera? ¿Qué se les dijo a mis padres o a Edward?

--Tus padres tienen la idea de una agresión por parte de un oso, eso informaron al hospital tus verdaderos agresores cuando ingresaste –lo interrumpí.

--¿Agresores? No, no fueron varios, fue uno.

--Lo supongo, pero aquí llegó él y uno más –dijo sin despegar sus ojos de mi cara.

--¿Y ustedes se cruzaron cuando llegaron?

--Sí, aunque en realidad sólo vine yo, has de recordar que los demás no son muy tolerantes al olor de la sangre y este lugar es sin duda un buffet para ellos. Esme, Alice, Jasper, Emmett y Rosalie se quedaron afuera del hospital, esperando noticias y, por supuesto, cuidando que los lobos no se pusieran hostiles.

--Y luego…

--Entré y fui con mi colega y amigo, el doctor Bach, director del hospital, para que me fuera concedido el atenderte, me debía algunos favores… no pudo negarse –sonrió discretamente—. Alice me enteró previamente del asunto del embarazo, por ello has de entender que desde ese momento no había motivo más grande que lograr atenderte personalmente. Si ya era preocupante que otros médicos supervisaran tu curación inhumana, el embarazo pudo ser igual de impresionante –lo escuché atenta aunque me distrajo la conjugación del verbo en tiempo pretérito—. Subí hasta el piso indicado y cuando iba hacia la sala de cirugía en donde estabas… los hallé. El causante de tu infortunio se veía muy alterado y el otro joven, que lo acompañaba, intentaba reflexionar con él. No pudieron hacer más cuando por fin me percibieron, pues un pie lo tenía dentro del quirófano.

--Perdón por la interrupción Carlisle, ¿él sigue aquí? –pregunté con hastío en la voz.

--A veces… tus padres mandan llamarlo.

--¡Por qué! –me alteré, sólo eso faltaba: ¡mis padres necesitando el apoyo del verdugo de su hija!

--Bella…

Enunció despacio Carlisle mientras mi mente revolucionó en otra desagradable idea: ver a Edward sentado en un avión, en camino a América, con un odio peor que el mío y con esas ganas de pelearse a muerte con Jacob. Eso no lo permitiría. No le condescendería a Jacob Black tocar a Edward aunque fuera la punta de sus cabellos. ¡No!

--Carlisle ¿y Edward? ¿Donde está Edward? –cuestioné al borde de la histeria.

El interpelado contestó como si él también pudiera leer mentes y la mía no hubiera sido su excepción.

--Tranquila, no te alteres, él sigue en Italia, ignorando cuanto ha ocurrido aquí –tocó mi hombro con el propósito de sosegar mi angustia.

“Como imaginarás, Alice fue quien nos dio la terrible noticia que estabas gravemente herida y que nos necesitabas en Forks, sin embargo sólo lo hizo una vez que pudo volver a verte, es decir cuando fuiste internada y separada de esos seres; de otra forma nunca hubiera pasado, te lo puedo apostar. Pero ¿quién iba a saberlo? Las condiciones fueron adversas por donde hemos intentado analizarlas. Sabes… Alice sufre de extraños huecos en sus visiones cada que un licántropo está cerca, ¡vaya! ni siquiera me pudo ver a mí cuando estuvimos compartiendo el mismo espacio dentro del hospital. Y por si eso fuera poco, este joven no tenía la intención de dañarte, o al menos eso me dijo después –mis ojos se desorbitaron al comprender el significado de las palabras de Carlisle, ¡él ya había cruzado palabras con Jacob!

Esto te lo estoy contando porque tiene que ver con Edward –asentí y liberé mis emociones al escuchar el nombre del padre de Renesmee. Los vampiros eran tan perceptivos aun no teniendo dones—. En cuanto Alice me llamó, no dudé en comunicarme con Edward, estuviera o no en su casa a esas horas, en algún momento escucharía el mensaje. Me faltaron cuestión de segundos para decirle a Alice que colgáramos cuando literalmente me gritó –cerró los ojos y movió su cabeza en un signo de “no”— las razones por las que sería un error mi plan. De antemano imaginaba que los Vulturis lo acusarían de traición si se enteraban que tú conocías nuestro secreto, es decir salir abruptamente por la fragilidad tu familia inmortal es completamente incoherente. Sin embargo continuaba sin comprender la trascendencia ¡cómo para no avisarle!, de todos modos, tengo entendido que ya llegaron a un acuerdo para lograr transformarte en uno de nosotros, ¿no es así? –Respondí con un leve sonido de afirmación— A Aro le bastaría esa explicación para perdonarlo, estoy seguro.

Como sea, Alice no pudo sobrellevar mis preguntas y terminó soltando la terrible decisión que tomó Edward hace un tiempo, el trato por el cual se unió a los Vulturis… del que tú, ella y Jasper ya estaban enterados –dijo amedrentador y me otorgó una mirada acusadora, semejante a la de un amigo cuando te ha caído en una mentira piadosa—. No los culpo, quiero que quede claro, entiendo que Edward es exageradamente reservado, yo mejor que ustedes lo sé, y si Alice lo supo fue gracias a su don, Jasper porque no le queda de otra que seguir a su alocada pareja hasta el fin del mundo y a ti porque lo has de haber acorralado hasta el punto de no tener otra opción, ¿verdad? –le sonreí en respuesta mientras por mi cabeza pasaron las imágenes del momento tan tenso en que me dijo su acuerdo con la realeza vampírica para su suicidio.

Bella, siendo sincero contigo, conozco muy bien a los Vulturis, ellos no te harán nada, porque serás una de los nuestros. Edward está a salvo, además está haciendo un buen trabajo al disfrazar su cambio de parecer. Pero cuando Alice me recordó a qué se dedicaba con ellos, no pude más, me retracté de mi acción. Edward haría cualquier cosa por ti; se nubla su razón cuando tú vas por delante y no es que no lo valgas, no pretendo ser descortés, sólo que el mejor ejemplo de esto es llegar al punto de acabar con su existencia. Imaginemos que viene y se topa con Jacob…” –lo interrumpí ipso facto.

--¡NO! NO IMAGINEMOS NADA CARLISLE. ¡No quiero que le avisen, ni que se diga nada de mi accidente en caso de haber sanado para cuando él vuelva! Se los prohíbo –finalicé tajante y grosera a la vez—Ustedes creen conocer mejor que yo a Edward porque han permanecido casi un siglo con él, pero no lo conocen, él ha cambiado mucho y estoy segura de sus futuras acciones. No quiero una guerra mítica. Jacob también es muy fuerte –me desesperé— ¡Protege a tu hijo! ¡Protejan a su amigo! No le digan nada, ¡por favor! –mi voz ya era un tono apremiante de suplica.

--Bien, no temas, eso era justamente a lo que quería llegar. Es mejor que no esté enterado. Te doy mi palabra de que ninguno de los Cullen abrirá la boca… o su mente. Además olvidar el pasado será lo mejor para ti.

Un momento, ¿por qué había hecho énfasis en esas dos palabras? Ése “para ti” resonó de una forma muy peculiar, casi con un doble sentido. Imaginé de primera instancia que se referiría a mi apariencia, mas no quedé satisfecha con esa simpleza y en lo que intentaba encontrarle el sentido oculto a sus palabras, Carlisle dio el último touchè.

--Bella… hay algo más –musitó y tomó mi hombro. Mal augurio si me necesitaba dar seguridad con ese ademán.

--¿Qué pasa Carlisle? Es algo malo ¿no es así? –respondí sin mirar mi brazo, sólo dirigiendo mi mirada a sus hermosos ojos ámbar.

--Bella, tus padres también están molestos con Jacob –esperó a ver mi respuesta, la nada en mi rostro es buena explicación para el gesto que nunca apareció— y no porque sepan que él es el causante de tus heridas; si lo mandan llamar no es para verlo o para compartir su dolor con él...

Entendí porque Edward y él se llevaban tan bien… los dos les encantaba ponerse a filosofar en los peores momentos. ¡Vamos Carlisle, al grano!, pensé y después mi voz interior se hizo realidad.

--Carlisle, me estás asustando, quieres llegar al punto, te lo ruego –mi corazón se aceleró y esa mala sensación en el pecho me comenzó a quemar—Por favor, dímelo.

--Los golpes y las incisiones de las garras te lastimaron mucho. Te lo juro, traté por todos los medios de salvarla – ¿Había dicho “salvarla”? ¡No! no, no. Carlisle no se refería a mi lucecita, No, no, no a mí amada Renesmee— La bebé se aferró a ti cuanto pudo, pero el daño fue más… Ella no aguantó. Perdiste a la bebé de Edward.

“Ella se aferró a ti cuanto pudo… perdiste a la bebé” retumbaron las frases incesantes en el calor de ese sudor frío que recorre tu cuerpo cuando la peor noticia de tu vida llega sin previo aviso. ¿Quién nos prepara para esto? ¡Quién se atrevió a inventar la muerte para seres inocentes! ¡Era un angelito! ¡Mi angelito! Solté a un descontrolado berrido seguido de un llanto jamás saboreado, un llanto que cortaba los impulsos naturales como respirar o moverse.

Carlisle apretó mi hombro para que no me desvaneciera mientras yo me perdía en esos huecos sonidos.

--Fue necesario practicarte un aborto de emergencia. La placenta con la que la bebé sobrevivía era muy dura y romperla casi nos cuesta tu vida; fue entonces cuando se tuvo que informar a tus padres de la gravedad de tu estado, necesitaban firmar la responsiva en caso de que “fallecieras” en la intervención. Lo malo es que ahora piensan que el padre era Jacob, por lo avanzado del embarazo, la bebé parecía de tres meses. Él no ha dicho nada para desmentir… –lo interrumpí nuevamente para dilapidar esa mentira.

--No es cierto –negué vehemente.

--Bella, no te hagas más daño—rogó.

--No Carlisle, la bebé está viva, la siento dentro, efectivamente ella es fuerte… como Edward –se me cortó la voz al irme percatando de la soledad de mi vientre.

¡Por eso no la había sentido estremecerse! Nunca fueron los narcóticos. ¡Por eso no sufría más en mis entrañas! Mi bebé… Ni siquiera había podido despedirme de ella, de mi amada hija, de mi pedacito de Edward.

Deslicé mis manos entre las sábanas y alcancé mi vientre, lo toqué sin importarme las cicatrices existentes ahí, las manos me temblaban.

--Ya no hay nada –musité despacito—La maté por mis malas decisiones. Debí haberme callado –me regañé al recordar cómo le había escupido a Jacob que no lo amaba.

--No te culpes Bella, tú no la mataste –dijo seguro de sí mismo.

--Era mi deber cuidarla, ¡por Dios! ¿¡Qué hice!? –por primera vez saqué mis manos y cubrí con ellas mi cara.

¡Cómo no me había percatado de su ausencia!

Estabas inconsciente. Tienes que ser fuerte, susurró la aterciopelada voz de Edward, procurando consolarme, mas lo único que logró fue agudizar la culpa.

Sollocé por fin y Carlisle me abrazó sin premeditarlo.

--¿Le habrán dolido los golpes Carlisle? ¿Los arañazos? ¿Cuánto habrá sufrido mi bebé? Era una niña Carlisle, una hermosa niña… ¡Me lo dijo Alice! –solté todo lo que venía a mi mente sin prejuicio.

Como si fuera arte de magia, mi cabeza reprodujo ahora la voz de Alice tan nítida como la de Edward en su momento: “…te aseguro que esa linda niña es de Edward, tiene su cara y tus enormes ojos achocolatados”. La locura se empezaba adueñar de mí y la sentía cada vez más natural. Parecían inagotables los sonidos de esas palabras, repitiéndose una, dos y hasta cien veces, queriendo perdurar el tiempo para encontrarle algún sentido a mi oscura realidad.

--Tienes que irlo aceptando Bella. Tu mente es muy poderosa, no dejes que juegue contigo.

¿Cómo me pedía Carlisle asimilarlo, aceptarlo? ¡Cómo! La sola idea era cruel, era despiadado “aceptarlo”. ¿Cómo aceptas la muerte de alguien a quien amas? Aceptarlo era, para mí, como olvidarla y no deseaba hacerlo nunca, así mi existencia abarcara la misma eternidad.

Jamás te olvidaré nena. Discúlpame, no pude protegerte… discúlpame, pensé y elevé una plegaria al cielo, esperando no fuera demasiado tarde para que su alma la recibiera.

Te amaré eternamente Renesmee.

--¿La viste Carlisle? –dije llorando—¿Él la lastimo?

--Sí la vi y no, no la alcanzó a lastimar.

--Apenas tenía cuatro días con ella y ya la amaba más que mi vida misma Carlisle, ¡la sentía, por todos los cielos!, había percibido sus pequeños pataleos, su alegría y su tristeza… ¡Vaya, hasta su culpa! Porque sabes… mi bebé se apiadó del sufrimiento del bastardo de Jacob –se me fue el aire y con él el habla al pensar en esas últimas sensaciones de Renesmee en mi vientre—Era Edward y yo, en una sola persona, ¿me entiendes? ¡ERA NUESTRA HIJA!

De repente el odio que sentía por el mundo, aquel que desapareció cuando Carlisle me miró, regresó a mí tan rápido como un bumerán.

--Bella, llora cuanto necesites, pero no ensucies a tu corazón y a tu alma con odio.

--No puedo Carlisle, no puedo. Siento que me falta algo con que funcionar.

--Aún eres joven y podrás concebir otra criatura en cuanto lo desees–dijo muy solemne, mas eso me pareció irritante desde todos los sentidos posibles.

Me separé del abrazo y lo miré con incredulidad y furia.

--¡NO CARLISLE, NO! No quiero otro bebé cualquiera, ¡quiero uno de Edward!

¡Maldito Jacob Black! ¡Maldito el día en que te permití entrar en mi vida!, pensé con el rencor inundando mi corazón y oscureciéndolo con el odio.

--Bella, lo sé, pero te está matando en este momento esa idea; además nadie sabe, ni se imagina cómo pasó este suceso, puede que haya otro milagro. No pierdas la fe.

--Quiero morirme Carlisle y ¿tú me pedís que no pierda la fe? Odio al mundo, a los licántropos, a mí misma. Destruyo todo cuanto toco, ¿no te das cuenta? ¡Yo debí morir, no ella! –grité mientras las lágrimas saldas entraban a mi boca, para amargar más el momento.

--Bella te estás alterando excesivamente. Voy a tener que sedarte –se acercó y con un rápido movimiento vampírico me inyectó—No te perderemos a ti Bella.

Lo escuché huecamente mientras las imágenes se iban achicando en un pequeño círculo, escapándose con éste la última de mis nobles emociones, alrededor la oscuridad, el infierno.

Dicen que del amor al odio sólo hay un paso… y sí, es cierto, sólo uno e insignificantemente pequeño.

Si yo sufría, Jacob Black también lo haría.

Y así el odio empezó a cambiar el mundo… Mi mundo.


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Primero que nada... NO ME QUIERAN MATAR POR ASESINAR A NESSIE. El personaje estaba destinado en fic a morir desde que se me ocurrió la idea y para hacerlo todavía más dramático a manos de su perro. jajajajajaja. ¡Odien al perro!

1 comentario:

esme cullen dijo...

wow pues pobre bella como perdio a su nessie
pero ni modo
esta genial la historia
ke hara edward cuando lo sepa todo hahahaha
ojala y la otra semana llegue rapidisimo
por ke no puedo creer
ke falta toda una semana para leer la historia de nuevo

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